¿Por qué los psicólogos también van a terapia?

En lugar de verlo como un signo de debilidad, el que los psicólogos vayan a terapia debería ser considerado como una garantía de que confían en esa herramienta para cuidar de su bienestar

Cuando pensamos en que los psicólogos también van a terapia, podemos empezar a dudar de su profesionalidad. Si ellos necesitan ayuda, ¿cómo nos van a ayudar a nosotros? La respuesta está clara: ellos también son humanos.

Hay determinadas creencias que difuminan la verdadera imagen de los psicólogos. Creemos que son personas que no tienen problemas, que gestionan muy bien sus emociones, que nada les afecta. No obstante, estas son creencias erróneas.

Los psicólogos tratan cada día con pacientes que sufren traumas, trastornos, problemas de autoestima, dificultades en sus relaciones, depresiones, ansiedad… Todo esto puede afectarles.

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Los psicólogos también van a terapia porque saben que es necesario

Psicóloga atendiendo a una paciente

Los psicólogos también van a terapia no solo porque sea su profesión, sino porque saben los beneficios que esta les proporciona. Ya no solo a nivel personal, sino para que puedan desempeñar mucho mejor su trabajo.

Como bien hemos mencionado, los profesionales de la psicología pueden verse afectados a nivel emocional por todos los pacientes que acuden a su consulta. Esto no es nada negativo. Es una consecuencia totalmente natural.

No obstante, los psicólogos son conscientes de que necesitan depurar sus propias emociones y sacudirse de encima todas aquellas que otras personas sientan.

Los psicólogos suelen ser muy empáticos y la empatía, además de tener muchas ventajas, tiene también consecuencias. Esta es una de ellas.

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  • Las personas empáticas se ponen en el lugar del otro hasta el punto de sentir lo mismo o, al menos, estar muy cerca de ello.
  • Esto les permite comprender y aconsejar, pero también hace que absorban parte de esas emociones que no son suyas.

Por eso, el hecho de que los psicólogos también van a terapia no es algo que nos debería de causar reparo para acudir a ellos.

Esto les fortalece, les permite estar bien para desarrollar correctamente su trabajo y les ayuda a vivir la experiencia de asistir a un psicólogo, algo que les resultará muy enriquecedor y complementará su formación teórica.

Cuidar del bienestar emocional es importante

Psicóloga motivando a su paciente

¿Qué ocurre cuando no estamos bien emocionalmente? Que puede que no respondamos de la mejor manera, que no escuchemos o que, incluso, tengamos alguna reacción fruto de una emoción que no hemos sabido gestionar de manera adecuada.

Todo esto un psicólogo no se lo puede permitir. Sabe que ese es su trabajo. Tiene que ayudar a las personas, proporcionarles herramientas que les aseguren una mejora, un aumento de su autoestima y seguridad, un mejor concepto de sí mismas.

Si se muestran poco comprensivos y empáticos, si no están bien emocionalmente, no podrán desarrollar su labor de la manera adecuada. Por eso, los psicólogos también van a terapia, porque saben que su bienestar emocional marca la diferencia.

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Además, acudir a terapia, lidiar con sus emociones y depurarlas, les asegura una actitud más positiva y un mayor disfrute del trabajo que están realizando.

Seguro que tú también puedes empatizar con los psicólogos. ¿Alguna vez has tenido algún amigo que siempre te contaba todo lo malo que le pasaba? ¿Han existido muchas personas victimistas o pesimistas a tu alrededor?

Todo esto seguro que te hacía sentir falto de energía y, a veces, ¡incluso te contagiaban cómo se sentían! Pues lo mismo les ocurre a los psicólogos. Por eso acuden a terapia.

El prejuicio de acudir a terapia

Mujer diciendo no a ir al psicólogo

El hecho de que veamos con reticencia el que los psicólogos también van a terapia revela un prejuicio con respecto a esto que aún sigue presente.

¿Por qué aún hoy en día muchas personas no van a terapia? ¿Por qué hay personas que dicen “yo no” cuando se recomienda que todas lo hagan?

La respuesta está en que aún se considera el hecho de acudir a terapia psicológica como algo solo para personas que tienen problemas mentales. No obstante, esto no es verdad.

Personas con ansiedad o estrés, que no saben comunicarse adecuadamente con su pareja, que tienen dificultades para lidiar con un aborto… Todo esto supone un motivo de peso para acudir a terapia psicológica.

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Todos nosotros tenemos problemas, aunque muchos de ellos los consideremos poco importantes. Sin embargo, al menos una vez al año (como el dentista) ir a terapia puede hacernos mucho bien.

Poner a punto nuestra salud mental es algo que tendría que ser prioritario. Lejos de ser así, aún seguimos menospreciando su importancia.