¿Qué es el livor mortis?

Gracias a la distribución de las livideces cadavéricas, o livor mortis, se puede determinar si hay muerte cierta, a qué hora se produjo el deceso y si el cuerpo fue cambiado de posición.

El livor mortis es uno de los fenómenos que presentan los cadáveres a corto plazo. Todos sabemos que una vez se produce la muerte, el cuerpo humano comienza a experimentar una serie de transformaciones. A estas se les llama fenómenos cadavéricos.

Los fenómenos cadavéricos pueden ser de dos tipos: inmediatos o tardíos. Los primeros son los que tienen lugar en las primeras horas después de ocurrido el deceso. Dentro de ellos está el livor mortis, también llamado livideces cadavéricas.

El livor mortis corresponde a un conjunto de cambios en la coloración de la piel, que se producen en las siguientes horas posteriores a la muerte. Junto con el enfriamiento, la deshidratación, la rigidez y el espasmo cadavérico conforma los fenómenos cadavéricos tempranos.

El proceso del livor mortis

Al momento de la muerte se detiene la actividad cardíaca. Cuando esto ocurre se produce una contracción vascular. Esta avanza desde el ventrículo izquierdo hacia las zonas más alejadas del corazón. Al detenerse la circulación de la sangre, esta queda sometida a la fuerza de gravedad.

Debido a este fenómeno, la sangre tiende a concentrarse en las zonas inclinadas o pendientes del cuerpo. En esas zonas se produce una distensión de los capilares. Esto, a su vez, hace que en la piel aparezcan unas manchas de color rojo violáceo. A estas se les llama livor mortis.

El livor mortis se presenta en todos los cadáveres. Algunas veces este fenómeno comienza a vislumbrarse en el momento de la agonía. Sin embargo, lo usual es que aparezca unas tres horas después de la muerte clínica del paciente.

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Características del livor mortis

Las livideces cadavéricas tienen un color que siempre está en la gama que va del rojo al azul. En algunos cuerpos se ven como manchas de color rojo claro, mientras que en otros pueden llegar a tener una tonalidad azul oscura. Esto depende del color de la sangre al momento de la muerte.

Casi siempre las manchas tienen la forma de placas. Esto es, de superficies continuas del mismo color sin irregularidades. Sin embargo, también las livideces pueden tener un aspecto punteado, similar al que aparece con la escarlatina.

Lo usual es que el livor mortis se aprecie inicialmente como un conjunto de pequeñas manchas aisladas. Estas van confluyendo entre sí, hasta que abarcan un área mucho mayor y se vuelven claramente visibles.

El proceso de aparición de las livideces

Lo usual es que los primeros signos del livor mortis aparezcan entre 25 a 30 minutos después de la muerte, en el área del cuello, si la persona falleció estando acostada. De lo contrario podría tardar un poco más.

Aproximadamente después de 1 hora y 45 minutos después del deceso, las manchas comienzan a confluir, abarcando zonas más amplias del cuerpo. Entre las 3 a 5 horas siguientes, las manchas seguirán apareciendo en otras partes del cadáver. A las 12 horas, más o menos, dejarán de aparecer.

Una vez que han surgido las livideces cadavéricas, seguramente no van a cambiar de forma ni de coloración, hasta que se inicien los procesos de descomposición. Por contraste, el resto del cuerpo irá palideciendo y tomando el tono ceroso característico de los cadáveres.

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Distribución e importancia de las livideces

Las livideces no aparecen en las zonas en donde hay algún obstáculo a la circulación. Esto quiere decir que no surgen en las áreas que están comprimidas, bien sea por razones anatómicas, o bien por el ceñimiento de la ropa. El livor mortis tiene una gran importancia médico-legal por tres razones fundamentales:

  • Permite hacer el diagnóstico de muerte cierta. Las livideces son un signo importante de muerte cierta cuando tienen un color intenso y están en las localizaciones típicas. Esto ocurre de 12 a 15 horas después del deceso.
  • Hacen posible determinar la hora de la muerte. El proceso que sigue la formación de las livideces contribuye a determinar la hora en la que se produjo el deceso, de acuerdo con el progreso en la formación de las manchas.
  • Permiten establecer la posición del cadáver. La localización de las livideces permite inferir en qué posición ha estado el cuerpo, tras su muerte. También hace posible determinar si se produjeron cambios en dicha posición.
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