¿Qué es un hemograma? ¿Para qué sirve?

3 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el médico Nelton Abdon Ramos Rojas
El hemograma se ha convertido en una de las pruebas de diagnóstico de rutina más utilizadas. Su fácil obtención, a partir de una extracción de sangre, y su gran aporte de información sobre el estado general del organismo, hacen de esta sencilla prueba una de las más útiles.

¿Qué es un hemograma? Es un tipo de análisis médico mediante el cual se pueden conocer la cantidad, la proporción y la forma de las distintas células sanguíneas. Es una técnica habitual de diagnóstico para muchas enfermedades.

En este artículo te explicamos en qué consiste esta prueba y cuál es su utilidad. También detallamos los tres elementos celulares principales de la sangre que se distinguen en este análisis: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.

¿Qué es un hemograma?

El hemograma es una de las técnicas de diagnóstico más utilizadas en medicina. La razón de su amplia utilización radica en que con esta sencilla prueba, realizada sobre un pequeño volumen de sangre extraído del paciente, se puede obtener mucha información sobre el estado y funcionamiento del organismo.

Un hemograma consiste, sobre todo, en un conteo de los elementos sanguíneos. Su realización puede ser demandada por un médico, si se sospecha que existe algún trastorno o puede llevarse a cabo de forma rutinaria, para conocer el estado de salud de una persona.

Con esta simple prueba se pueden diagnosticar múltiples patologías que van desde una anemia (déficit de glóbulos rojos) a una leucemia (proliferación excesiva de leucocitos). Asimismo, con un hemograma se pueden diagnosticar diversas infecciones víricas o bacterianas.

El hemograma forma parte de la analítica de sangre y evalúa varios parámetros, incluyendo los factores de coagulación.

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¿Que se observa en un hemograma?

Tras la realización de un hemograma completo, a partir de una muestra de sangre periférica (venosa) de un paciente, podemos observar los niveles y la forma de los tres elementos celulares principales de la sangre: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.

Hematíes o glóbulos rojos

Los hematíes, eritrocitos o glóbulos rojos, son las células sanguíneas más abundantes. Poseen una forma aplanada, en forma de disco y se visualizan al microscopio como dos círculos concéntricos.

Los hematíes son las células encargadas de transportar el oxígeno a los diferentes tejidos del organismo. También de retirar el dióxido de carbono producido por las células de los mismos. En su interior se encuentra la hemoglobina, molécula capaz de captar el oxígeno y el dióxido de carbono.

Los niveles normales de hematíes en sangre varían entre 4 y 6 millones por mililitro. La existencia de niveles bajos de hematíes puede implicar la presencia de una hemorragia, causando anemia. También podemos encontrar valores bajos de glóbulos rojos durante la menstruación.

Por el contrario, los niveles altos de hematíes suelen reflejar un déficit en la captación de oxigeno por parte de los tejidos del organismo. No obstante, el cuerpo lo compensa mediante la generación de más glóbulos rojos.

En ocasiones, la causa de este aumento es desconocida o está asociada a un mal funcionamiento de la medula ósea. Este órgano está implicado en la formación de los glóbulos rojos.

Glóbulos rojos

Leucocitos o glóbulos blancos

Los leucocitos o glóbulos blancos conforman el sistema inmune del organismo. Están implicados en la defensa del cuerpo frente a infecciones o agentes externos. Existen varios tipos: linfocitos, neutrófilos, monocitos, eosinófilos y basófilos.

Los niveles normales de leucocitos en sangre van de 4000 a 10 000 por mililitro. Cuando los niveles de esta fracción celular son bajos (leucopenia), existe un problema en las defensas del organismo que pueden deberse a diversas razones.

Algunas infecciones como el sarampión, la gripe o el VIH, pueden causar una disminución de los glóbulos blancos en sangre. Del mismo modo, este fenómeno puede implicar un fallo en la médula ósea, o en última instancia puede deberse a la existencia de una leucemia.

Por otra parte, los valores altos de leucocitos (leucocitosis) pueden denotar la existencia de una infección vírica o bacteriana, que ha causado la proliferación de las células inmunes del cuerpo. Las alergias o inflamaciones también pueden causar un aumento en este grupo celular. Este está muy implicado en este tipo de procesos.

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Linfocitos B.

Plaquetas

Las plaquetas son los elementos sanguíneos más pequeños. En realidad son fragmentos celulares de forma desigual y que están implicadas en la coagulación sanguínea. Su función principal es por tanto el taponamiento y la coagulación cuando existe alguna herida que pueda provocar la pérdida de volumen sanguíneo.

Los niveles normales de plaquetas varían entre 150 000 y 400 000 por milímetro cuadrado. Cuando estos niveles descienden, se produce lo que se conoce como trombocitopenia. Este fenómeno puede deberse a un acumulo anormal de las mismas en el bazo, a un mal funcionamiento de la médula ósea o a la existencia de algún tipo de enfermedad autoinmune.

Por el contrario, el aumento en el número de plaquetas puede no tener una causa concreta. De nuevo, puede implicar ciertas afecciones medulares o la existencia de ciertas enfermedades o hemorragias.

Ahora ya sabemos qué es un hemograma, así como los diferentes tipos de células que se analizan. Sería conveniente realizarnos este tipo de análisis de manera periódica.

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