Qué influye al crecimiento de nuestro deseo sexual

Nuestro deseo sexual puede verse alterado por diferentes factores, tanto internos como externos. Por ello una misma persona no tiene la libido igual toda su vida... ¡O en el mismo día!

Al inicio de una relación, el deseo sexual parece estar ‘por las nubes’ pero esas ganas disminuyen cuando atravesamos a etapa de enamoramiento de los primeros tiempos.

Si bien es verdad que nunca nos olvidamos cómo es tener sexo -como tampoco de montar en bicicleta- la frecuencia de los encuentros íntimos pueden estar influidos, por ejemplo, por las hormonas. Entérate más en este artículo.

El deseo sexual y la libido

Hablas durante el sexo.

Cuando conocemos a alguien y el sexo es bueno, probablemente continuemos viéndolo. Esto se debe al sistema de recompensa por el cual el organismo nos ‘pide’ hacer algo que le parece gratificante.

Por supuesto que sucede con muchas otras cosas, como por ejemplo una comida o una montaña rusa. Pero en el caso del deseo sexual, tiene mucho que ver con las hormonas involucradas: dopamina, endorfinas y serotonina.

 

Si bien es verdad que son las mismas sustancias que se liberan cuando disfrutamos de un buen trozo de chocolate, durante el sexo la producción es superior. Crean una sensación de bienestar, estimulan el sistema cerebral de recompensas y nos producen una especie de ‘adicción’ o necesidad de querer experimentar otra vez ese estímulo.

Eso no significa que siempre esté presente el deseo sexual, porque también implica otras cuestiones. La sensación que teníamos al inicios de la relación se irá amortiguando a medida que se espacien más los encuentros íntimos.

Nuestro cuerpo va ‘olvidando’ el clímax alcanzado previamente y quizás buscará otros estímulos para sentirse bien: hacer ejercicio, tomar un helado o escalar una montaña.

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El deseo sexual en ellas y ellos

Las mujeres son más propensas a disminuir el deseo sexual a lo largo que transcurren sus relaciones. Si además se tienen hijos, la libido parece ‘dormirse’ mientras se encarga de cuidarlos.

También esa reducción del apetito por el sexo puede deberse a que luego de la etapa de enamoramiento ya siente que ha conectado íntimamente con su pareja.

Por el contrario, los hombres suelen ser más constantes en lo referido a sus hormonas. A excepción de la andropausia, ellos no tienen ‘altibajos’ como las mujeres y por ello los cambios en la libido pueden deberse a otras cuestiones emocionales o psicológicas.

Ellas están condicionadas por los cambios hormonales del ciclo menstrual: en la primera mitad los niveles de estrógenos aumentan. Esto favorece el flujo sanguíneo hacia los órganos sexuales y por lo tanto, aumenta el deseo sexual.

Lo opuesto sucede en la segunda mitad del ciclo, cuando interviene la hormona progesterona (la responsable del síndrome premenstrual) que se relaciona con la apatía, la irritabilidad, la depresión, los cambios de humor, los dolores en el bajo vientre y por supuesto la inapetencia sexual.

Deseo sexual y factores externos e internos

La mejor hora del día para tener sexo.

 

La libido no es algo estable, que siempre se mantiene en los mismos niveles… ¡Es realmente fluctuante y depende de condiciones internas y externas! Ese impulso o motivación por tener relaciones sexuales varía de una persona a otra, e incluso a lo largo del día.

Los problemas laborales, el estrés, el tráfico, la falta de empleo e incluso la dieta que llevamos pueden condicionar al deseo sexual. Así es, ya que si por ejemplo he

 

mos tenido un día fatal en el trabajo, es probable que al llegar a casa lo último que queramos sea tener sexo.

Claro, hay excepciones y algunos ‘utilizan’ el encuentro para canalizar el enojo de la jornada. Pero, en la mayoría de los casos la respuesta de nuestro cuerpo ante tanto estrés será desear una ducha caliente y un buen descanso.

Por otra parte, la alimentación puede también influir en un aumento o una disminución del deseo sexual. Seguro conoces el refrán ‘somos lo que comemos’ y no puede ser más adecuado, ya que depende de cómo sea nuestra dieta podemos tener una libido más o menos activa.

Una gran parte de nuestras acciones está íntimamente relacionada con las reacciones químicas que suceden en nuestro interior. Sin embargo, dichas reacciones son el fruto también de cosas que pasan en nuestro alrededor.

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Si estamos haciendo una dieta muy estricta para bajar de peso, probablemente nuestro deseo sexual se reduzca. ¿Por qué? Porque el cuerpo está demasiado ocupado en quemar calorías o en buscar grasas para mantenerse activo. ¡No tiene tiempo para pensar en otras cosas!

Incluso, algunos tratamientos médicos (como tomar ansiolíticos para el insomnio), cirugías y enfermedades condicionan los niveles de hormonas y desencadenan una disminución en el apetito sexual. El organismo debe utilizar todos sus recursos para equilibrarse.

Si bien hombres y mujeres somos diferentes en cuanto a hormonas y biología, ambos tenemos la presión de gustar al otro en el sexo. La presión en ellos está basada en los cánones sociales y en las expectativas basadas en tener una ‘buena’ erección y no eyacular pronto. En ellas, reside la ‘obligación’ de alcanzar el orgasmo.

Por último, también podemos indicar otro factor que influye en el deseo sexual: la frecuencia con que tenemos sexo. A mayor cantidad de encuentros íntimos, más libido. Y lo opuesto sucede cuando pasamos cierto tiempo sin relaciones, quizás seamos reticentes a tener un nuevo encuentro.

Esto último tiene más que ver con algo psicológico que biológico u hormonal, ya que se experimenta miedo, ansiedad e inseguridad.

Cuando mantenemos relaciones sexuales periódicamente, dejamos de lado cualquier pensamiento y nos enfocamos solo en disfrutar. ¡No hay que perder nunca el entrenamiento!