Quien mucho traga, al final se ahoga: el peligro de silenciar los sentimientos

Es muy importante que expresemos nuestros sentimientos y nuestras opiniones, siempre desde el respeto, pero sin obsesionarnos con cómo puedan reaccionar los que nos rodean

“Quien mucho traga al final se ahoga”. Puede que hayas oído esta expresión alguna vez. Un antiguo dicho que, como la mayoría de estas viejas frases, encierra verdades universales de las que deberíamos aprender. Debes ir con cuidado y saber que el hecho de silenciar los sentimientos puede ser perjudicial para tu salud.

¿Cuántas cosas te callas en tu día a día? ¿Cuántos sentimientos y pensamientos guardas en tu interior intentando con ello no hacer daño u ofender a quien tienes cerca? Al final, puede que te estés haciendo daño a ti mismo.

Te explicamos por qué.

El peligro de silenciar los sentimientos

1. Quién calla otorga, pero todo tiene un límite

El silencio es sabio, de eso no nos cabe duda, y siempre es muy adecuado que ante unas palabras necias, ante un comentario fuera de lugar o ante una expresión poco adecuada, optemos siempre por cerrar la boca y actuar así con más inteligencia que quien habla sin pensar.

Ahora bien, hay que saber mantener un equilibrio entre guardar silencio y defender nuestras necesidades:

  • Silenciar los sentimientos o pensamientos provoca que quien tengamos enfrente no sepa nunca que nos está haciendo daño, o que se está excediendo en sus límites. Nadie es adivino, así que, si no ponemos en voz alta aquello que nos parece mal o que nos ofende, las otras personas no lo sabrán.
  • Hay silencios sabios y palabras sabias. Saber cuando callar y cuando hablar es, posiblemente, la habilidad más adecuada que podamos aprender a desarrollar. No se trata en absoluto de estar siempre callado o de decir todo aquello que tengamos en la mente, sin dejarnos nada en el tintero.

Los extremos nunca son buenos. Mantén el equilibrio, pero recuerda siempre que silenciar los sentimientos es también hacernos daño a nosotros mismos.

Con ello permites que otros vulneren tu espacio personal, que crucen los límites y que hablen por ti cuando tú callas, que elijan por ti cuando tú guardas silencio. Al final, serás poco más que una marioneta guiada por hilos ajenos.

2. Las palabras calladas se convierten en enfermedades psicosomáticas

No te sorprenderá saber que la mente y el cuerpo están íntimamente relacionados y conectados. Tanto es así, que una parte de la población sufre o ha sufrido en su vida alguna enfermedad psicosomática.

El nerviosismo, por ejemplo, altera nuestras digestiones, nos produce diarreas o el clásico dolor de cabeza. Muchos herpes labiales vienen originados por procesos de estrés elevado, de nervios y fiebre.

Del mismo modo, callar cada día lo que sentimos y lo que pensamos genera en nuestro organismo una gran ansiedad.

Piensa en todas esas palabras que no quieres decirles a tus padres o a tus amigos para no hacerles daño. Ellos hacen cosas por ti pensando que te ayudan, cuando en realidad no es así y te hacen sentir mal.

¿Por qué no te atreves a decir la verdad? Pensemos también en nuestras parejas, a quienes no queremos ofender, aunque hay momentos en que actúan de un modo que a ti te hace daño. Y, sin embargo, optas por silenciar los sentimientos.

Todo ello se va a traducir tarde o temprano en enfermedades psicosomáticas, en migrañas, en tensión elevada o en cansancio crónico.

3. Poner en voz alta tus palabras: la clave del desahogo emocional

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No debes tener miedo a escuchar tu voz, y aún menos a que los demás lo hagan también. Es algo tan necesario como respirar, comer o dormir. La comunicación emocional es necesaria en nuestro día a día para establecer relaciones más saludables con los demás y, por supuesto, con nosotros mismos.

Te damos unas claves básicas para conseguirlo:

  • Piensa que todo tiene un límite. Si no decimos todo aquello que pensamos y sentimos, no estaremos actuando con dignidad, perderemos nuestra autoestima y el control de nuestra vida. En primer lugar, toma conciencia de que decir lo que piensas y necesitas es un derecho.
  • Decir lo que uno piensa no es hacer daño a nadie. Es defenderte a ti mismo y, a su vez, informar a los demás de una realidad que deben conocer.
  • No te obsesiones en preguntarte cómo van a reaccionar los demás, no tengas miedo. Ahora bien, si te preocupa mucho lo que pueda suceder, puedes prepararte ante las posibles reacciones.

Un ejemplo: estás cansada de que tus padres vengan a casa todos los fines de semana y de no tener intimidad con tu pareja. Te has decidido a decirles que dejen de venir, al menos, con tanta frecuencia. ¿De qué modo crees que van a reaccionar?

Si crees que se van a enfadar, prepárate para razonarles que no hay necesidad de enfados. Si piensas que se van a sentir heridos, prepárate también el modo en que les vas a argumentar que tampoco deben sentirse así.

Piensa que decir en voz alta aquello que sentimos y pensamos es, en realidad, el mejor modo de liberación emocional que existe. Practícalo con sabiduría, cuídate a ti mismo.

  • Lloyd, G. (2006). Textbook of Psychosomatic Medicine. The British Journal of Psychiatry. https://doi.org/10.1192/bjp.188.1.97

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  • Wong, E., Tschan, F., Messerli, L., & Semmer, N. K. (2013). Expressing and amplifying positive emotions facilitate goal attainment in workplace interactions. Frontiers in Psychology. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2013.00188