Quiero una vida que se sienta bien por dentro, no que se vea bien por fuera

Al principio puede costarnos, pero debemos empezar a pensar en nosotros y no preocuparnos por lo que opinen los demás. Debemos ser nosotros mismos los que tomemos nuestras propias decisiones

He desperdiciado mucho tiempo de mi vida pensando en las apariencias.

¿Cómo me quedará lo que llevo puesto? ¿Se habrán dado cuenta los vecinos de que he discutido con mi pareja? ¿Qué pensará mi madre si le digo que me quiero divorciar?

En más ocasiones de las que pensamos, estamos pendientes de lo que los demás dirán sobre nuestra vida. Algo que puede resultar demasiado egocéntrico, pues ¿acaso las personas no tienen que ocuparse de la suya propia?

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Lo cierto es que sí, pero las normas sociales, caerle bien a todo el mundo y mantener una especie de apariencia intachable parecen ser los principales objetivos de algunas personas.

La vida tiene que sentirse bien por dentro

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De nada nos sirve preocuparnos tanto por las apariencias si al traspasar el umbral de nuestro hogar nos derrumbamos.

De repente, ya no somos una pareja perfecta, sino un matrimonio a punto de finalizar; ya no tenemos un trabajo del que alardear, sino un jefe del que siempre quejarnos porque no nos respeta ni nos paga lo que nos debe.

Sin embargo, a pesar de todo esto salimos a la calle con una sonrisa y, en ocasiones, mentimos afirmando cosas que no son más que lo que nos gustaría que en realidad pasase.

¿A qué tenemos miedo? ¿Al qué dirán? Esto es un gasto de energía enorme. Todo el mundo tiene sus problemas, ¡somos imperfectos! Cometemos errores y, para aprender de ellos, es necesario aceptarlos.

No obstante, si, en vez de eso, intentamos ocultarlos, estaremos viviendo una vida llena de frustración e infelicidad. ¿De verdad queremos sacrificar nuestro bienestar por mantener las apariencias?

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No importa si lo que nos preocupa es que nos juzgue un vecino o alguien de nuestra propia familia. Todas las personas tienden a criticar lo que no saben, tal vez porque en ello ven reflejadas partes suyas que desconocen.

Lo que importa realmente es buscar nuestra felicidad, hacer aquello con lo que sabemos nos sentiremos bien. Aunque eso implique enfrentarnos a diversos miedos, juicios de valor y críticas que nada nos tendrían que importar.

La creencia en “el qué dirán”

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Como muchas de las cosas en esta vida, estamos rodeados de creencias a las que nos aferramos tan fuerte que nos resistimos a separarnos de ellas.

Parece que creemos que somos nuestras creencias, que ellas nos definen y que, si las transgredimos, estamos cometiendo un terrible error.

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Para ello tenemos que empezar a priorizar lo que nosotros queremos, buscando nuestro bienestar, no el hecho de agradar a los demás. Pero, ¿cómo podemos hacer todo esto?

1. ¡Suelta las autoimposiciones!

Hay determinadas cosas que hemos aprendido desde pequeños y que nos han dejado una marca importante. Por ejemplo, si de pequeños nos reñían por hablar demasiado, probablemente ahora no lo hacemos tanto y optamos por escuchar.

¿Qué nos decían que debíamos hacer en nuestra infancia? ¿Cómo teníamos que mostrarnos? ¿Cómo teníamos que ser? No reír demasiado alto, no saltar de un lado para otro, mantener siempre la ropa limpia, ir a los sitios aunque no nos apeteciese…

¿Por qué tienes que seguir haciendo todo eso? Antes estabas bajo la responsabilidad de tus padres y tu vida la dirigían ellos, pero ahora no.

¡Puedes cambiar todo eso!

2. Acepta lo que haces tal y como te gustaría que te aceptasen

Mujer feliz

Antes de deprimirnos porque todo el mundo nos juzga o por intentar mantener una apariencia intachable, tendríamos que cuestionarnos si aceptamos lo que nos gustaría hacer o, por el contrario, nos estamos limitando.

Por ejemplo, quiero divorciarme pero no lo hago por el qué dirán. Sin embargo, ¡es lo que quiero! Pero, en mi interior me estoy limitando, no acepto mi propia decisión, no pongo en primer lugar lo que yo quiero.

Tenemos que empezar a priorizar nuestras decisiones. Así nos daremos cuenta de que las personas no nos juzgan tanto como creíamos y que, si así lo hacen, ¡nos da igual!

Antes de irte no te olvides de: No trates como prioridad a quienes te tratan como una opción

Empecemos a pensar en nosotros mismos. A darle prioridad a lo que queremos, no a lo que debemos hacer. Porque, al final, nosotros somos los que tenemos el timón de nuestra vida.

No podemos dejar que esta sea dirigida por nuestras creencias y miedos, y mucho menos por los demás.

Imágenes: Katharina Jung, Melania Brescia.