Quiero en mi vida personas que sumen, no personas que resten

Raquel Aldana · 3 marzo, 2016
Además de rodearnos de personas que nos ayuden a crecer y que nos aporten, también nosotros debemos esforzarnos por ser personas que sumen a los demás y no que resten

Es importante rodearnos de personas que sumen a nuestra vida aprendizajes y cualidades positivas a largo plazo. Esas son las personas que merecen la pena o, mejor dicho, las que merecen nuestra alegría y nuestras sonrisas.

Por eso es bueno que hagamos un buen repaso de nuestras relaciones y determinemos qué nos hace bien y qué nos hace mal con el objetivo de maximizar el beneficio que obtenemos de nuestros vínculos.

En este sentido, algo que debemos tener muy claro es que no todo es blanco o negro. Por esta simple razón habrá momentos en los que alguien descontará algún grado de nuestro bienestar y, en otros, esa misma persona sumará tanto que compense la pérdida anterior.

No obstante, hay personas o relaciones con las que atisbar al horizonte un futuro negro es inevitable. Es aquí donde más tenemos que esforzarnos por evitar que nos manipule emocionalmente lo negativo.

Mujeres unidas por su cabello

Cuando prima lo negativo en nuestras relaciones

Hay personas que provocan verdaderas catástrofes en nuestra vida y que revolucionan un momento vital con intenciones enmascaradas y sentimientos negativos cegados por egoísmos y desdén.

Al principio, y como consecuencia de casos extremos, no damos crédito a lo que estamos viendo, estorbando nuestra capacidad de “contemplar con otros ojos” a esa persona que nos resta. Es decir, es como si tuviésemos los ojos vendados ante la realidad.

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Lo que nos dificulta este caminar son las expectativas, las cuales entorpecen la acción de poner distancia emocional para liberarnos de personas con las que sufrimos y que merman nuestros sentimientos, pensamientos y metas.

mujer alimentando su dependencia

La distancia emocional, alejarnos del dolor que nos acerca a la infelicidad

En vez de dejarnos ahogar cuando nos encontramos con estos vampiros emocionales en nuestra vida, tenemos que ser conscientes de quién y cómo es capaz de hacer que se nos apague la mirada y que suframos dificultades emocionales.

Así, para tomar distancia emocional lo primero que debemos saber es que no hay nada ni nadie que merezca despojarnos de nuestra esencia.

Esta es una máxima que siempre debe acompañarnos en la vida, pues nuestros atributos no pueden ser dependientes de lo que los demás ansíen.

Si nos deshacemos de nuestros principios por complacer a los demás o dar gusto a sus egoísmos, nos estamos enviando el mensaje de que las circunstancias pueden hacerse dueñas de nuestra libertad emocional.

Mujeres caminando de espaldas

Los beneficios de la distancia emocional

Los beneficios de la distancia emocional están muy claros. Gracias a ella logramos alejarnos del miedo, del dolor, de la dependencia y de la toxicidad que fomentan las relaciones insanas.

En este sentido, debemos tener muy presente que una relación insana no es solo culpa de uno, sino que cada miembro realiza o permite que la negatividad reine en la sala.

Sea como sea, hay patrones negativos de comportamiento e interacción que se establecen y de los que hay que alejarse.

Solo liberándonos de esta carga psicológica lograremos que nuestra autoestima esté protegida y que las malas intenciones de otras personas no nos empequeñezcan. Solo entonces estaremos en disposición de ayudar a esas personas conflictivas.

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Porque es importante que, si aún nos quedan ganas y podemos hacer un esfuerzo, hagamos entender que llevan a cabo comportamientos tóxicos, que el verdadero conflicto está en su interior y que ,si de verdad les interesa, pueden cambiar su manera de relacionarse.

“No hay nada mejor que reencontrarse con uno mismo y perdonar a la otra persona, tenga razón o no, porque la gente, cuando hace cosas dolorosas, normalmente las hace porque en ese momento no podía hacerlo mejor, porque tenía miedo o por lo que fuera. Entonces, perdonar es algo maravilloso”

-Marwan-

Mujer con los ojos cerrados cultivando la paciencia

Sé una persona justa y no pierdas tu esencia

A todos nos gusta que las personas de las que nos rodeamos sumen cosas positivas a nuestra vida. Sin embargo, cuando algo injusto nos sucede o hay un punto de dolor en una relación, el sufrimiento puede precipitar que nuestros pensamientos se infecten de prejuicios y de victimismo.

Evitar esto requiere de una gran capacidad de trabajo interior que genere un diálogo interno saludable.

Ante el dolor repentino e intenso lo que debemos saber es que la rabia que genera es temporal y que el daño no tiene necesariamente que saldarse con un pago, aunque lo deseemos en un momento dado.

Sobre esta cuestión del rencor hay una historia muy bonita e ilustrativa que nos gustaría acercar en este texto:

Un buen día y de repente, una hija llega y le dice a su padre:

–¡Papá, ya no aguanto más a la vecina! Quiero matarla, pero tengo miedo de que me descubran. ¿Puedes ayudarme con eso?

Sin dudarlo, el padre le responde:

–Claro que sí mi amor, pero hay una condición… Tendrás que hacer las paces con ella para que después nadie desconfíe de ti cuando ella muera.

Tendrás que cuidarla muy bien, ser gentil, agradecida, paciente, cariñosa, menos egoísta, retribuir siempre, escucharla más… ¿Ves este polvito? Todos los días pondrás un poco en su comida. Así ella morirá de a poco.

Pasados 30 días, la hija vuelve a decir al padre:

–Ya no quiero que ella muera. La amo. ¿Y ahora? ¿Cómo hago para cortar el efecto del veneno?

El padre entonces le responde:
–¡No te preocupes! Lo que te di fue polvito de arroz. Ella no morirá, porque el veneno estaba en ti.

mujer sintíendose una persona entera

Como vemos, alimentando los rencores morimos poco a poco, pues cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Puede que las heridas de sus colmillos sean pequeñas, pero guardan en ella un potente veneno capaz de destruirnos en poco tiempo.

Los venenos más comunes en estos casos son la venganza, el victimismo, el ojo por ojo y la necesidad de justicia ciega.

Poco a poco se van haciendo con nuestros pensamientos, comportamientos y emociones, comiéndonos por dentro y haciendo que perdamos vitalidad y esperanza.

Esto tampoco debe asustarnos en exceso, porque guardar rencor es tan humano como perdonar o errar. De hecho, dicen que quien no ama, no perdona, y que el culpable del perdón es el amor hacia la vida, hacia el otro y hacia uno mismo.

Por eso perdonar, olvidar rencores e intentar hacerlo lo mejor posible es convertirnos en una de esas personas que suman tanto en la vida de los demás como en la nuestra, pues así aligeramos el peso de nuestra maleta y afianzamos nuestro recorrido por la senda de la madurez emocional.