Quimiofobia, el temor excesivo a los químicos

Edith Sánchez · 12 diciembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el médico Leonardo Biolatto el 11 diciembre, 2019
La quimiofobia, el temor excesivo a los químicos, comenzó como una tendencia exagerada y se ha convertido en una obsesión para muchos. Por un lado, hay químicos en toda la naturaleza. Por otro lado, la civilización actual es posible, en gran medida, gracias a los desarrollos de la química.

Comenzó como un rumor, que luego se convirtió en moda, después en tendencia y luego en fobia. “Sin conservantes”, “sin químicos”, “sin colorantes artificiales” son algunos de los anuncios que desatan una reivindicación de “lo natural”, por un lado, y la quimiofobia, el temor excesivo a los químicos, por el otro.

Sin saber con exactitud cómo, ni por qué, de pronto la palabra “química” se convirtió en el antónimo de “natural”. Como si la química no fuera parte esencial de la naturaleza y, obviamente, del propio ser humano. Ese equívoco es el que ha llevado a muchos a desarrollar quimiofobia, el temor excesivo a los químicos.

Detrás de los fans de “lo natural” hay mucho de demagogia, más de información falsa y, de seguro, toda una estrategia de mercado. Esa histeria colectiva no favorece la salud, sino que, por el contrario, desata miedos y ansiedades, además de llevar a prácticas que no le hacen bien a nadie.

Quimiofobia, el temor excesivo a los químicos

La quimiofobia, el temor excesivo a los químicos, tuvo sus orígenes en los años 60. El precedente más visible para que se desatara ese miedo irracional fue la publicación de un libro llamado Primavera silenciosa, de Rachel Carson.

El libro habla básicamente sobre la contaminación producida por los pesticidas. Se considera uno de los libros de divulgación científica más importantes de todos los tiempos. Sin embargo, también dio pie para que otros comenzaran a alimentar un miedo irracional hacia todo tipo de productos químicos.

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La quimiofobia, el temor excesivo a los productos químicos, ha llevado a que proliferen hábitos que no son convenientes. Por ejemplo, muchas personas en la actualidad se abstienen de consumir pescados y mariscos, porque suponen que todos están contaminados con mercurio. Lo cierto es que si tienen mercurio, siempre es en una proporción inofensiva.

Pescado azul
Algunas personas con quimiofobia han prescindido del consumo de pescados por lo que se ha dicho sobre la contaminación con mercurio.

El mito de lo natural y “lo químico”

Hace un tiempo, en una población de Estados Unidos, se fijó un cartel al lado de un río. El cartel decía: “advertencia: el agua contiene grandes cantidades de Hidrógeno. Los bañistas que solían pasar mucho rato allí, dejaron de ir.

El cartel decía algo que es absolutamente cierto: el agua está compuesta por hidrógeno y oxígeno, el primero en doble de proporción frente al segundo. El anterior es un ejemplo perfecto de la quimiofobia, el temor excesivo a los químicos.

Lo cierto es que casi todo lo que vemos, probamos y tocamos tiene algún químico. Lo químico forma parte de la naturaleza, no se contrapone a ella.

Una buena parte de las sustancias químicas están en la naturaleza, mientras que otras son sintéticas. Es decir, que se producen mediante un procesamiento industrial. Tanto las sustancias químicas naturales como las sintéticas pueden hacer daño o bien al ser humano. Todo depende de la forma y la cantidad en que lleguen a nuestro cuerpo.

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Lo nocivo

Un científico que vivió hace casi cinco siglos lo dijo: “el veneno está en la dosis”. Ese científico era Paracelso y su afirmación es cierta. Si una persona toma agua sin parar, podría llegar a morir por ello. Si alguien consume más de 50 copas seguidas de vodka, también puede fallecer.

En cambio, una mínima cantidad de alguna sustancia dañina, difícilmente llega a afectar al organismo. Sumado a esto, nunca antes como ahora existieron tantas regulaciones para los productos procesados con químicos, sean medicinas, alimentos, cosméticos, etcétera.

Si hoy se prohibieran todos los químicos sintéticos, quizá entraríamos en un estado de colapso. En principio, sería imposible tener disponibilidad de alimentos para los habitantes del planeta. Tendríamos que renunciar a los medicamentos, a los plásticos y con ellos a toda la tecnología.

el prospecto de un medicamento
Los químicos están presentes en medicinas, alimentos, cosméticos y muchos otros productos. En su mayoría, se encuentran regulados y son seguros.

La quimiofobia y el marketing

Hay que decir que detrás de muchos productos que se anuncian como “naturales” lo que existe es demagogia y charlatanería. La sal “sin sal” que venden en algunos supermercados solo cambia el cloruro de sodio por el cloruro de potasio, que podría ser más nocivo.

Un pan natural en toda su composición no existe. ¿Crece acaso en los árboles? ¿Se elaboran con algo diferente a los vegetales y grasas que salen de alguna forma de procesamiento? Tampoco existen endulzantes naturales, ni cosméticos “sin químicos”, ni nada por el estilo. Es imposible que los haya.

Es muy importante que la comunidad esté atenta a los efectos nocivos que pueda causar una sustancia específica, como el asbesto, por ejemplo. Otra cosa muy diferente es hacer una generalización arbitraria y provocar alarmas falsas, solo para promover la quimiofobia, el temor excesivo a los químicos, como estrategia de marketing.

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