El razonamiento emocional transforma tu mundo en un caos

Debemos saber reconocer el razonamiento emocional y saber que este no está regido por hechos objetivos, sino por una serie de sentimientos que posteriormente pueden cambiar

Todo el mundo piensa que el razonamiento es puramente lógico. Sin embargo, hoy vamos a descubrir que el razonamiento emocional también existe.

¿A qué nos referimos con razonamiento emocional? A ese discurrir que hacemos en función de lo que sentimos, lo que nos hace caer, en la mayoría de las ocasiones, en graves errores.

Por ejemplo, imaginemos que nos despiden del trabajo y razonamos el motivo desde nuestra perspectiva emocional.

Entonces, puede que pensemos, de forma errónea, que esta circunstancia se ha dado porque somos unos fracasados.

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Esto puede minar nuestra autoestima y provocarnos una visión errada de lo que en realidad ha sucedido.

Es posible que el jefe no pueda mantener a más trabajadores, que tenga que reducir la plantilla y que, en nada de esto, haya tenido que ver tu calidad de trabajo.

El razonamiento emocional y la autoestima

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Como bien hemos mencionado, es importante tener especial cuidado con el razonamiento emocional, pues este puede hacer mella en nuestra querida autoestima.

Si ya padecemos de una baja autoestima, esta puede ser una forma de autosabotaje muy efectiva; sin embargo, no es lo que queremos para nosotros.

¿Alguna vez te has sentido solo? Seguramente, sí. En la sociedad en la que vivimos esto está muy mal visto y, quien más o quien menos, no termina por aceptar del todo este hecho.

Por eso, cuando el razonamiento emocional se hace presente en una situación en la que estás solo, puede que llegues a creer cierto que te lo mereces, que nadie te quiere y que jamás dejarás de estar en una situación así.

Además, todo esto empeorará aún más la situación. Puede que llegues a aislarte, que te veas poco valioso y que visualices un futuro donde se vislumbra una soledad muy poco alentadora.

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Sin embargo, las emociones vienen y van, algo que debemos de entender. Seguro que te ha pasado, que te has sentido muy triste y mal y, una hora después, ya estabas mejor, ¿verdad?

Por eso, no hay que apresurarse a hacer razonamientos erróneos que nos sumirán en la miseria y que pueden instalar en nuestra mente una falsa creencia que nos llevará a dar pasos por senderos que no queríamos transitar.

El razonamiento emocional es una ilusión

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Las emociones no son negativas, pues nos permiten conocernos mejor, tomar decisiones, nos ayudan a entablar relaciones con otras personas, etcétera.

Sin embargo, cuando razonamos emocionalmente estamos cayendo en un engaño. Y es que estamos analizando una situación en función de cómo nos sentimos y no de la forma en la que verdaderamente se está produciendo.

Seguro que en muchas ocasiones te has percatado de que ver una circunstancia con perspectiva la cambia completamente.

Esto sucede porque nos alejamos un poco de esas emociones que nublan la vista e impiden ver con objetividad lo que en verdad está ocurriendo.

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Las emociones pueden ser grandes aliadas, pero también nuestras peores enemigas. Esas que nos jugarán malas pasadas si no sabemos gestionarlas de la manera correcta.

Un gran ejemplo es aquella persona que cuando la relación va mal considera que no va a poder sobrevivir, seguir adelante o encontrar a otra con quien compartir su vida.

Esta es una ilusión, un razonamiento erróneo fruto de emociones muy negativas y destructivas que estás razonando.

A medida que pasa el tiempo y que te distancias emocionalmente de esta circunstancia, empiezas a ver las cosas más claras.

Seguro que te sientes estúpido por haber pensado que no encontrarías a nadie más, o que tu vida no tendría sentido sin esa persona.

¿Verdad que ahora no es así?

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El razonamiento emocional es algo que debemos saber gestionar. No nos apresuremos, no nos aferremos a él cuando nuestras emociones están a flor de piel.

Es importante tomar distancia y no correr en discurrir sobre lo que ocurre cuando nuestras emociones han tomado el mando.

Podemos dañar nuestra autoestima, podemos hacernos mucho daño para, al final, darnos cuenta de que todo lo que pensábamos no era para tanto…

Lo que sentimos no siempre define la realidad que estamos viviendo.