¿Es recomendable operar las amígdalas?

En caso de extirpar las amígdalas, debemos saber que, si bien son una barrera contra los gérmenes, habrá otros órganos que se encarguen de esta función

Desde hace muchas décadas se ha venido cuestionando la necesidad de operar las amígdalas. En unos casos los especialistas lo recomiendan y, en otros, no.

Actualmente, la tendencia a operarlas ya no está tan extendida, y se procede sólo en casos muy concretos.

Amígdalas y amigdalitis

Amígdalas y amigdalitis

Las amígdalas son tejidos pequeños y redondos situados en la cavidad bucal, a ambos lados de la garganta. Entre otras funciones, son útiles a la hora de combatir infecciones, produciendo anticuerpos.

Por otra parte, la conocida amigdalitis (o “anginas”) tiene lugar cuando las amígdalas se infectan y se inflaman.

Los síntomas de esta patología son muy diversos. Dependen de las causas de la infección. Además, se pueden producir progresivamente o de forma súbita.

Entre estas señales están:

  • Dolores de garganta
  • Pérdida del apetito
  • Malestar general
  • Fiebre
  • Náuseas y vómitos
  • Malestar en el estómago
  • Dolor al tragar

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Amigdalectomía, operar las amígdalas

Las causas que aconsejan operar las amígdalas no están totalmente definidas. De hecho, cirujanos y especialistas no se ponen de acuerdo.

En general, entre las razones más aceptadas para que exista la necesidad de operar las amígdalas, están:

  • Sueño con apnea.
  • Dificultades graves para tragar.
  • Hemorragias en las amígdalas de difícil detención.
  • Obstrucción de las fosas nasales.
  • Además, incluso tumores en las fosas nasales o en la garganta.

¿Cómo es la operación de las amígdalas?

Lo más habitual para operar las amígdalas es que el niño o joven sea anestesiado y el cirujano extirpe las amígdalas y las adenoides a través de la boca.

Esto significa que no se realizará ninguna incisión cutánea.

La operación puede realizarse de dos formas diferentes:

  • En una, se puede extirpar toda la amígdala cuando las infecciones de garganta se repiten.
  • En otra, se extirpan únicamente las partes protuberantes que bloquean las vías respiratorias.

Heridas y riesgos

Amigdalitis

El otorrinolaringólogo que va a operar decidirá qué operación es la más apropiada.

La herida que queda al extirpar las amígdalas suele quedar abierta. Por eso, es habitual una pequeña pérdida de sangre. Tras la operación, el niño queda muy cansado y necesita dormir.

En cuanto a los posibles riesgos, cualquier tipo de cirugía tiene añadido algún riesgo.

  • En torno al 5% de estas operaciones presentan hemorragias en los primeros cinco u ocho días posteriores a la intervención. Incluso pueden requerir transfusiones o cirugía adicional en algunos casos.
  • Otro efecto secundario que podría producirse, aunque en muy pocos casos, es un leve cambio en la voz a causa de la intervención.
  • Como cualquier cirugía, en algunos casos podrían ocasionarse infecciones postoperatorias, hemorragias internas o dificultades para respirar.

Cada caso particular

En general, el caso de cada paciente será diferente. Por esta razón, el médico habrá que valorar los riesgos particulares.

Asimismo, es recomendable tener más de una opinión de facultativos especialistas.

Una primera barrera

Se dice que las amígdalas constituyen una primera barrera de protección inmunitaria de nuestro organismo, especialmente de la garganta.

En efecto, la realidad es que las amígdalas son tejidos linfáticos y en su interior existen células de inmunidad.

No obstante, si se procede a operarlas, existen otros órganos que realizarán la función de defensa que se atribuye a las amígdalas.

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El momento ideal para operar

El momento ideal para operar

Actualmente, la tendencia es que la cirujía se lleve a cabo únicamente cuando sea estrictamente necesaria.

En los niños, por ejemplo, solo se prescribe en aquellos casos en los que presentan más de seis episodios repetidos de amigdalitis aguda durante un año.

Además, también se considera necesario operar las amígdalas cuando se hayan sufrido más de cuatro episodios anuales durante los dos últimos años, o dos anginas anuales en los últimos tres.

Asimismo, es necesario comprobar que realmente la inflamación es de origen bacteriano y ha sido tratada correctamente con fármacos.

Para un diagnóstico correcto, es preciso que existan estos síntomas:

  • La fiebre superior a 38,3 ºC.
  • Aparición de ganglios en la zona de la faringe, con un mínimo de dos centímetros.
  • Presencia de estreptococo.

No es fácil que todas estas condiciones juntas se cumplan. Por ello, el número de operaciones de amígdalas ha ido disminuyendo.

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