Quien hace todo lo posible para que la relación funcione, puede marcharse sin remordimientos

Para que una relación funcione ambos miembros de la pareja deben poner de su parte. Si es uno solo el que lleva todo el peso del compromiso acabará cansándose

Quien hace todo lo posible para que una relación funcione y solo halla infelicidad, reproches y tardes de lágrimas, puede marcharse sin remordimientos.

Puede irse con la dignidad a salvo y el orgullo alto: el tiempo se encargará de sanar ese triste corazón.

Cuando iniciamos un vínculo afectivo con una persona casi siempre tenemos la plena seguridad de que esa va a ser la relación definitiva.

Más que una seguridad podríamos decir que es una esperanza. Y esto es así porque a nuestro cerebro no le agradan las incertidumbres.

De hecho, vivir con la idea de que algo pende de un hilo supone, ante todo, invertir energías, tiempo y emociones en algo que, a la mínima, puede venirse al suelo.

Necesitamos pensar que cuando empezamos un compromiso con alguien, los dos vamos a invertir por igual nuestros esfuerzos, y que va a valer la pena.

En materia de amor lo que más ansiamos es sentirnos seguros, y percibir que ese vínculo va a perdurar.

Nos va a permitir crecer como personas y construir un futuro en común para hacer vida, para ser dos en un mismo proyecto.

Ahora bien, esto, y por triste que nos parezca, no siempre se cumple. Las parejas, como los huesos, se rompen.

Es entonces cuando el amor, a veces aún estando presente, se convierte en un arma arrojadiza capaz de herir, capaz de destruir nuestra autoestima, nuestra integridad.

Hablemos sobre este tema. Profundicemos en estos finales tan complejos donde acabar bien una relación supone sanar antes el propio corazón para avanzar de nuevo con la vida.

Las claves de una relación sólida

abraza a tu pareja

¿Qué hace que una relación perdure? ¿Qué hace que una pareja acabe distanciada? Por curioso que parezca, y tal y como hemos señalado antes, el amor nunca es suficiente.

Existe muchos “pocos” que hacen un “mucho” y varios ingredientes capaces de hacer que ese amor sea dulce o amargo, aun estando presente el cariño.

A principios de los años 80 se enunció un modelo que aún sigue presente en el campo de la psicología relacional. Hablamos del “modelo de inversión”.

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Según este enfoque, una relación perdurará si confluyen estos 3 puntos:

  • Una pareja construirá un compromiso estable siempre y cuando se cubran cada una de las dimensiones básicas que conforman una relación, a saber: la intimidad, la comprensión, una buena comunicación, el respeto, la diversión, la seguridad, la sexualidad…
  • Los miembros de la pareja se sienten realizados en esa relación. Ninguno se siente frustrado o limitado por el trato del otro. Es decir, hay un respeto y, a su vez, un “enriquecimiento emocional” mutuo.
  • Asimismo, es necesario percibir que no hay ningún juego de fuerzas, que existe un equilibrio igualitario donde ambos invierten tiempo, emociones y recursos con eficiencia.

Si el vínculo se está rompiendo… ¡Lucha!

relación

Sabemos que son muchos los libros de autoayuda y de crecimiento personal que nos proponen aquello de que cuando algo falla, cuando algo no encaja en la relación, lo mejor es “dejar ir sin anestesia”.

No hay que llegar a estos extremos. Aún más, todos sabemos bien que cuando se ama, no es fácil desprendernos de ese alguien tan significativo, aun cuando somos conscientes de que las cosas no van como deben.

Cuando una pareja se está distanciando puede deberse a múltiples factores. No estamos hablando de hechos puntuales como una traición, una ofensa, un maltrato o un desprecio.

Hablamos, simplemente, de esa relación que se enfría sin que sepamos muy bien por qué.

  • Toda relación, todo vínculo donde el amor aún sigue presente merece ser cuidada como un tesoro preciado.
  • Quien lucha por mantenerla a flote, quien hace lo imposible por crear puentes, por avivar el fuego apagado o por hacer alguna que otra renuncia para que la relación se fortalezca, se sentirá mucho mejor en caso de que todo ello fracase.
  • Puede resultar contradictorio, pero no hay peor lamento que dejar ir un amor pensando que podríamos haber hecho algo más por esa relación.

Tomar plena conciencia de que hemos llegado al límite y de que cada ladrillo puesto ha sido derribado una y otra vez nos permitirá afrontar el duelo con más aplomo, con más resignación.

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Esos límites que nunca debes sobrepasar

Diferencias con la pareja

Cuidado: en el amor hay límites. En toda batalla personal por conservar a la pareja no todo vale y no todos los recursos son válidos con tal de mantener ese compromiso a flote.

  • En esa inversión personal por salvar la relación no vale que sea uno solo quien lo ofrezca todo hasta perder la dignidad, la autoestima y la propia identidad personal.
  • A su vez, ninguna lucha tendrá sentido cuando queda claro que el amor se ha terminado por parte de alguno de los dos.
  • Por otro lado, también deberemos valorar mucho si merece la pena dar una nueva oportunidad a alguien que nos ha fallado ya demasiadas veces.

Una relación merecerá cualquier esfuerzo siempre y cuando tengamos claro que esa persona lo vale, que hay respeto, que hay cariño.

Debemos ser conscientes de que existe ese amor por el cual hay que arriesgarse para no lamentar mañana lo que no nos hemos atrevido a hacer hoy.