Relación entre la obesidad y glándulas endocrinas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Alejandro Duarte el 12 febrero, 2019
María Vijande · 13 febrero, 2019
La obesidad es una enfermedad estrechamente ligada al funcionamiento de las glándulas endocrinas. Los pacientes obesos suelen tener resistencia a la insulina, aunque normalmente no desarrollan hiperglucemia.

La obesidad es una enfermedad que se asocia con importantes anomalías en las glándulas endocrinas. La hiperinsulinemia y la resistencia a la insulina son las dos alteraciones mejor conocidas, aunque sus mecanismos de acción y su significado clínico no están claros.

La obesidad se define como un exceso de grasa corporal. Su manejo clínico es complejo y, frecuentemente otorga pobres resultados. En tanto, la obesidad abdominal u obesidad central refleja la cantidad de grasa visceral y se relaciona de manera directa con la resistencia a la insulina y los eventos cardiovasculares.

Tanto la obesidad como el sobrepeso conllevan una serie de alteraciones endocrinas y metabólicas. La mayoría de los cambios se piensan que son secundarios a la obesidad, ya que se pueden inducir con la sobrealimentación y se eliminan con la pérdida de peso.

¿Qué son las glándulas endocrinas?

Médico palpando la tiroides de una mujer
El sistema endocrino está formado por glánulas endocrinas secretoras de hormonas.

Las glándulas principales del sistema endocrino son el hipotálamo, la hipófisis, la glándula tiroidea, las glándulas paratiroides, el páncreas, las glándulas suprarrenales y las gónadas (testículos en el hombre y ovarios en la mujer).

Estas glándulas endocrinas segregan unas sustancias químicas denominadas hormonas en las situaciones necesarias. Estas sustancias regulan una gran cantidad de actividades celulares, como las siguientes:

  • Crecimiento.
  • Metabolismo.
  • Desarrollo.
  • Función sexual.

La obesidad y el páncreas endocrino

representación anatómica del páncreas en manos de un médico
Al igual que en la diabetes, la obesidad manifiesta una respuesta inadecuada a la insulina.

La alteración endocrinológica más característica de la obesidad es el incremento en la secreción de insulina. Las personas obesas tienen concentraciones de insulina aumentadas. Concretamente, la secreción de insulina basal e integrada de 24 horas es tres o cuatro veces mayor en sujetos obesos que en individuos delgados.

Tanto la obesidad como la diabetes mellitus tipo 2 se asocian a la resistencia a la insulina. Sin embargo, la mayoría de los sujetos obesos insulinorresistentes no desarrollan hiperglucemia.

En definitiva, en la obesidad es común el hiperinsulinismo. La resistencia a la insulina es característica cuando existe una gran ganancia ponderal.

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La obesidad y la hipófisis

Como ya sabemos, la hipófisis es una de las glándulas endocrinas principales del organismo. En la obesidad, la alteración más clara del funcionamiento de esta glándula se relaciona con la hormona del crecimiento o GH.

La secreción de esta hormona depende, principalmente, de la interacción entre la somatocrinina (GHRH) y la somatostatina (GIH). En los casos de obesidad, hay una disminución en la secreción de GH.

Tanto en niños como en adultos, a mayor índice de masa caporal, menor respuesta de la hormona del crecimiento ante diferentes estímulos secretores. Se ha demostrado que, por cada unidad de índice de masa corporal —o IMC— a una determinada edad, la secreción de GH disminuye hasta en un 6 %.

La obesidad y las gónadas

Hombre con obesidad midiéndose la cintura
Tanto en hombres como en mujeres, la obesidad produce alteraciones en los niveles de las hormonas sexuales.

En primer lugar, debemos diferenciar entre las gónadas femeninas, que son los ovarios, y las gónadas masculinas, es decir, los testículos.

En cuanto a la relación entre la obesidad y las glándulas endocrinas, esta enfermedad se manifiesta en las mujeres como una serie de condiciones que preceden a anomalías metabólicas como la prediabetes, diabetes y enfermedad cardiovascular. Estas anomalías incluyen:

  • Menarquia temprana.
  • Infertilidad.
  • Síndrome de ovario poliquístico.

Por otro lado, al final de la vida reproductiva de la mujer, el cese de la función ovárica se asocia también con el desarrollo de obesidad. Esto se debe a que la menopausia precipita la ganancia de peso abdominal, que se asocia con numerosas consecuencias metabólicas adversas.

En cuanto al hombre, la obesidad se relaciona con una reducción en la testosterona total. Los factores patogénicos que intervienen son la disminución de la capacidad de unión de la globulina fijadora de hormonas sexuales, la reducción en la amplitud de los pulsos de LH u hormona “luteinizante” y la hiperestrogenemia.

La LH en el hombre es la hormona que regula la secreción de testosterona. Esta actúa sobre las células de los testículos y estimula la producción de testosterona.

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La obesidad y la glándula suprarrenal

Dada la relación entre la obesidad, distribución de grasa central e hipercortisolemia, muchos estudios han intentado determinar si el cortisol juega un papel relevante en el desarrollo de la obesidad en la población general.

En mujeres obesas con distribución abdominal de la grasa, los niveles de cortisol libre urinario se encuentran significativamente aumentados en comparación con las mujeres sin este problema. Estos resultados, por lo tanto, sugieren que estas mujeres tienen una hiperactividad en el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal.

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