Rotura fibrilar del gemelo: síntomas, causas y tratamiento

Las roturas fibrilares son muy comunes en deportistas de élite, sin embargo, también se pueden sufrir fuera del ámbito deportivo.

La rotura fibrilar es una alteración que afecta a agrupaciones de fibras que forman a las estructuras musculares. En los músculos también encontramos otros tipos de tejido (vasos sanguíneos, tejido conjuntivo y conexiones nerviosas, entre otros).

Por norma general aparece con más frecuencia en las extremidades inferiores (en especial en la zona del muslo y en los gemelos) aunque pueden aparecer con menos frecuencia en otras regiones corporales.

Síntomas de la rotura fibrilar del gemelo

Rotura fibrilar del gemelo.

 

Por otra parte, el paciente suele presentar una serie de alteraciones o señales que pueden ser asociadas a este trastorno. En los primeros momentos de la rotura fibrilar es posible que el sujeto no sienta ninguna lesión pero a medida que avanza el tiempo se muestran los primeros síntomas.

La gravedad de los síntomas aumenta cuantas más fibras se hayan lesionado. Entre los más comunes podemos destacar:

  • Dolor o molestia intensa que comienza de forma espontánea que los pacientes pueden describir como una cuchillada, un pinchazo de aguja e incluso una pedrada. Esta aflicción es muy localizable, es decir, la persona es capaz de señalar con exactitud la zona de la rotura.
  • Dificultad para llevar a cabo ciertas actividades que impliquen el área dañada. Por tanto, se produce una una reducción de la movilidad de esa extremidad.
  • Sensación de resistencia o tensión en la zona lesionada.
  • Presencia de hematomas o moratones en el área afectada debido a la rotura de vasos sanguíneos en el músculo alterado. En las lesiones más leves no aparece con frecuencia (la estructura de tejido conjuntivo se lo impide). Sin embargo, en los casos clínicos más graves el paciente suele mostrar una serie de hematomas.
  • Mareos, dolor de cabeza y sensación de cansancio o debilidad debido a las molestias.

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Causas de la rotura fibrilar del gemelo

Normalmente la rotura fibrilar se debe a una actitud inadecuada al practicar deporte. Por ejemplo, aparece con más frecuencia en las siguientes situaciones:

  • No realizar el calentamiento previo adecuado o que sea insuficiente.
  • Llevar a cabo esfuerzos extremos sin una planificación adecuada o cuando la musculatura se encuentra sobrecargada. Un caso muy común es el de la realización de sprints o la práctica de deportes como el squash.

Sin embargo, existen otros factores de riesgo que aumentan las probabilidades de sufrir esta afección. Por ejemplo, el uso de un calzado inadecuado para la práctica o las malas condiciones que presente el entorno para realizar la actividad física.

Por otra parte, las deformidades en los pies (y otras alteraciones ortopédicas) junto con otras enfermedades que deterioren el estado de salud del paciente (por ejemplo, un resfriado o la gripe) también elevan el riesgo a desarrollar este trastorno.

Aunque en la mayoría de casos clínicos la afección aparece en deportistas también se puede dar fuera del ámbito deportivo. Determinadas condiciones como el sedentarismo, una dieta inadecuada y enfermedades metabólicas (como la diabetes) debilitan a la musculatura general.

Tratamiento de la rotura fibrilar del gemelo

Rotura fibrilar del gemelo.

 

En primer lugar se debe detener por completo la realización de la actividad deportiva y evitar los movimientos que impliquen a la zona dañada. También se debe utilizar un vendaje compresivo y la aplicación de frío local (si se usa hielo no se debe aplicar directamente sobre la piel). De esta manera se puede reducir la inflamación y el dolor intenso.

El equipo médico también puede recomendar la toma de compuestos antiinflamatorios no esteroideos y una rehabilitación progresiva. Este proceso incluye la realización de estiramientos suaves una vez la molestia intensa haya remitido.

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Diagnóstico de la rotura fibrilar del gemelo

Diagnóstico de la rotura fibrilar.

 

Finalmente, el equipo médico puede llevar a cabo una serie de pruebas para identificar esta alteración y descartar otras similares. De esta manera se realiza:

  • Un examen físico. En él se comprueban los síntomas que pueda sentir el paciente, la zona y se estudia el momento de la lesión.
  • Obtención de imágenes internas. Gracias a ellas también se puede comprobar la evolución de enfermedad. Las más utilizadas son las ecografías, la Tomografía Axial Computarizada (TAC) o la Resonancia Magnética (RM).

Para finalizar, si usted padece alguno de los síntomas mencionados anteriormente o sospecha que pueda tener una rotura fibrilar, le recomendamos que consulte su equipo médico.