Rubéola

Andrea Flores · 16 noviembre, 2017
Gracias a la enorme proliferación de anticuerpos, una vez pasada la infección estos se acumulan en los tejidos linfáticos y otorgan la inmunidad.

La rubéola es una enfermedad aguda y de carácter contagioso que afecta fundamentalmente a la población infantil. Se trata de una infección leve y de corta duración, salvo en el caso de las pacientes embarazadas.

Causas y forma de contagio

La rubéola es una enfermedad infecciosa producida por un virus que pertenece a la familia Togavirus del género Ruvivirus. Se encuentra presente en todo el mundo y el único huésped conocido es el ser humano. Esto significa que, una vez superada la enfermedad, se producen anticuerpos que otorgan inmunidad para el resto de la vida.

El contagio se produce por medio de las gotículas en el aire (gotitas de Flügge) al hablar, toser, estornudar o realizar cualquier otra forma de expulsión. De este modo, el virus viaja por las partículas y se hospeda en un nuevo organismo. En el caso de las embarazadas, el contagio se produce a través de la placenta, de esta forma, el feto resulta infectado. Esto es lo que se conoce como rubéola congénita.

Una vez que el virus consigue llegar hasta el torrente sanguíneo, este pasa a formar parte de la circulación linfática. En el tejido linfático se reproduce lo suficiente como para volver al torrente sanguíneo y hacer frente a los anticuerpos que intentan destruirlo.

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Tipos de rubeola y síntomas

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Existen dos tipos de rubéola, la más común es la postnatal (también se conoce como genérica) y el segundo tipo sería la congénita, que es aquella en que se transmite de madres a hijos a través de la placenta. En este sentido, cabe destacar que se diferencian varios estados evolutivos de la enfermedad:

  • Período de incubación. En la rubéola genérica existe un período de incubación de dos a tres semanas pudiendo presentarse como un cuadro catarral.
  • Período prodromático. La rubéola suele aparecer en niños. No obstante, los adultos que la padecen sufren una enfermedad más agresiva y hay síntomas que indican el comienzo de la misma (pródromo). Es característico que este período aparezca en adultos. El paciente debuta con malestar general y síntomas inespecíficos (catarro, fiebre, falta de apetito, etc.) durante dos días.
  • Período exantemático. Esta etapa es la que hace posible el diagnóstico de rubéola con la exploración. Se trata de síntomas que permiten identificar la enfermedad. Entre ellos destaca la presencia de fiebre, exantema y manchas de Forschheimer (coloración punteada en el paladar de color rosáceo). El exantema de la rubéola es una erupción cutánea que se basa en la aparición de manchas rojizas que se van extendiendo desde la cabeza hasta cubrir todo el cuerpo del paciente.

En los casos de rubeola es frecuente que los ganglios linfáticos aumenten de tamaño debido a la sobrecarga del sistema inmune frente al aumento de carga viral

También pueden aparecer otros síntomas pero no se asocian al desarrollo normal de la enfermedad; es decir, son propios de casos graves en los que ocurre alguna complicación debido a la situación previa del paciente. Dichos síntomas pueden ser los siguientes:

  • Artritis.
  • Hemorragias.
  • Encefalitis.
  • Hepatitis leve.

La rubéola en la gestación

En el caso de la rubéola congénita, la mujer embazarada puede presentar los síntomas citados. No obstante, hay un gran porcentaje de pacientes que se encuentran totalmente asintomáticas y que no sabían que tenían rubéola hasta que se les realizó un cribado en los controles a lo largo del embarazo.

Los trastornos más frecuentes en recién nacidos son las malformaciones. También puede darse glaucoma, sordera y microcefalia. No es raro que se acompañe de afectaciones cardíacas.

Es muy importante diagnosticarlo a tiempo puesto que las complicaciones son graves para la salud del feto. A medida que progresa el embarazo, disminuye el riesgo de infección fetal. Si la enfermedad ocurre en los primeros meses de embarazo, el riesgo de aborto de aborto espontáneo es elevado.

Las embarazadas no pueden vacunarse. Por lo que si pretenden vacunarse debe ser como mínimo tres meses antes de quedarse embarazadas. En todo momento deberán evitar estar en contacto con personas enfermas si no están inmunizadas.

Diagnóstico y tratamiento

Historia de la viruela

El diagnóstico suele realizarse mediante una exploración física del paciente. Dado que los síntomas pueden confundirse con otras enfermedades exantemáticas (como el sarampión), se procederá al estudio inmunológico de anticuerpos específicos contra la rubéola.

En lo que respecta al tratamiento, este suele ser exclusivamente sintomático; es decir, se establece un orden de toma de fármacos que están destinados a aliviar el malestar general del paciente (especialmente el dolor y la fiebre). De esta manera, si aparecen complicaciones, el tratamiento farmacológico se orientará a atacarlas, y dependiendo de la complicación, el medicamento que se administrará será específicamente para ello.

En otras palabras, no existe un tratamiento para esta enfermedad como tal, no obstante esto no impide que se busquen diversas alternativas para procurar la mejoría y el bienestar del paciente.

Por lo general, los casos de rubéola ameritan un reposo apropiado para que el paciente pueda reponer fuerzas. Asimismo, se recomienda que el paciente permanezca aislado durante un tiempo prudencial para evitar otras personas se contagien.

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Prevención de la rubéola

Prevención de la rubéola

La rubéola puede prevenirse mediante la administración de la vacuna triple vírica. Esta vacuna inmuniza frente al sarampión, las paperas y la rubéola. No suele presentar efectos secundarios.