Sanarnos a nosotras, sanar a nuestro mundo

Raquel Aldana 2 agosto, 2015
Eres mucho más de lo que crees ser. No eres solo una cara y un cuerpo. En tu interior se encierran dimensiones que no puedes llegar a imaginar

Yo quiero ser feliz siendo yo misma, sin máscaras, sin sentimientos de culpa, conforme a mi vocación, a mi misión y a mis sueños…

Yo quiero tener el coraje de ser y sentirme libre, para elegir mis caminos, vencer mis miedos y temores, y asumir las consecuencias de mis actos…

Yo quiero tener alegría para reír, para hacer y recorrer mi camino a la felicidad, para sentir la energía de vivir plena e intensamente…

Yo quiero sentir que soy una mujer completa, amarme, reconocer que soy única, irrepetible e irreemplazable; que valgo, porque en mí han instalado una luz divina, y porque en mi interior hay mucho para dar…

Yo quiero hacer conciencia de que nadie puede lastimarme a menos que yo lo permita; que nadie puede agredirme, porque no lo merezco…

En nuestro cuerpo no solo llevamos dolor como personas, sino también como mujeres que somos. Aunque lo transportemos de manera inconsciente, él está ahí, junto con el de nuestras madres, nuestras abuelas y el resto de mujeres del planeta.

Formamos una parte activa del legado cultural que nos dejaron y que dejaremos. Las mujeres de nuestra familia fueron educadas para desconfiar de su cuerpo y desconocer sus procesos corporales.

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Explícita o implícitamente, el dolor de las mujeres se hereda. Sin embargo, bajo las capas y capas de negación a partir de las que nos hemos moldeado, está el poder de la mujer.

Esa mujer valiente que es capaz de reconocer que necesita descansar en vez de exigirse más sacrificio, que sabe que se da en exceso y que no tiene que hacerlo.

No está bien para nosotras que nos traguemos nuestras lágrimas, que nos olvidemos de permanecer con nosotras mismas y que nos resistamos a sentir.

Somos merecedoras de amor como cualquier otra persona y no entregarnos en cuerpo y alma a los demás no implica fracasar como mujer.

¿Quieres conocer más? Lee: Infusiones equilibrantes para la mujer

4 pasos para la sanación de la mujer

Supera cualquier amargura que pueda venirte por no haber estado a la altura de la magnitud del dolor que se te confió.

A semejanza de la madre del mundo, que lleva el dolor del mundo en su corazón, cada uno de nosotros forma parte de su corazón y lleva en sí cierta medida del dolor cósmico. Tú participas de la totalidad de ese dolor.

Por eso no debes recibirlo con autocompasión. El secreto es ofrecer tu corazón como un vehículo para transformar en alegría ese sufrimiento.

Dicho sufí

Esto quiere decir que no es nuestro dolor, es EL DOLOR de vivir en una sociedad que durante años ha sometido la libertad de la mujer y ha envenenado su individualidad.

El trabajo que realizamos para aliviar nuestro sufrimiento disminuye el dolor del resto del mundo ya que, cuando tenemos espacio para el nuestro, lo tenemos también para atender al de los demás.

Lucy Campbell

El proceso requiere su espacio y su tiempo, nada que no podamos ganar con la determinación de quien quiere seguir creciendo y liberarse emocionalmente de las pesadas cargas que le someten.

Sin embargo, no es sencillo intuir cuáles son los pasos que debemos completar. Si bien es un proceso muy personal, en este artículo os acercamos cuatro pilares básicos para la sanación.

1. Ofrécele mensajes positivos a tu cuerpo

Tu bienestar se ve comprometido cuando huyes de mirarte, de explorarte y de reconocerte en tu propio cuerpo, en tu figura de mujer. No eres lo que una crema anticelulítica hace sobre ti, eres tú amando y conociendo cada rincón de tu cuerpo, comprendiendo la razón por la que ahí hay celulitis o tus ovarios están dándote guerra.

No estamos a salvo con nosotras mismas si cada vez que nos miramos al espejo nos regañamos por la grasa de los muslos, por la celulitis o por nuestras arrugas. Tenemos que crear un espacio interno seguro para nuestro cuerpo, en vez de castigarlo y humillarlo.

Somos mucho más de lo que creemos que somos. Nuestro interior encierra en sí mismo mucho más de lo que nuestro intelecto nos ayuda a comprender.

2. Explora cómo influye el vínculo emocional con tu madre en tu vida actual

Cualquier mujer, sea o no sea madre, lleva consigo las consecuencias de la relación que ha tenido con su progenitora. Si esta ha transmitido mensajes positivos acerca del cuerpo femenino y de la manera en la que hay que trabajarlo y cuidarlo, sus enseñanzas siempre formarán parte de una guía para su salud física y emocional.

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Sin embargo, la influencia de una madre también puede resultar problemática cuando el papel que ejerce resulta tóxico debido a una actitud descuidada, celosa, chantajista o controladora.

Cuando conseguimos comprender los efectos que la crianza ha tenido en nosotras, comenzamos a estar dispuestas a comprendernos, a sanarnos, a ser capaces de asimilar lo que creemos de nuestro cuerpo o a explorar lo que consideramos posible conseguir en la vida.

3. Reconócete en ti misma y en tu derecho a la igualdad

Las mujeres y los hombres podemos crecer conjuntamente como iguales. Si bien es cierto que esto ha estado vetado y castigado durante miles de años, una mujer sana debe romper el campo colectivo del miedo, de la vergüenza y del dolor.

Aquí está uno de los pilares más importantes de la sanación, darse permiso para expresar y sentir rabia y luchar contra la injusticia. Tal y como señala Northrup, “el verdadero perdón no puede llegar mientras la mujer no dé este paso”.

No olvides leer: Lo que tú me das, lo que yo te doy (desigualdad en la pareja)

4. Permítete vivir con lo que te ocurrió y “no es aceptable”

A pesar de que has sufrido, debes permitirte experimental los horribles sentimientos que afloran con tus recuerdos. Nuestra historia personal está tejida en nuestra conciencia, lo que ocurre es que transformamos o cubrimos lo que nos sucedió y nos dañó por miedo a reexperimentarlo.

Cualquier mujer puede hacer seguro el mundo para las mujeres, solamente tenemos que comenzar por nosotras mismas

Fuente consultada: Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer de Christiane Northrup

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