Saturación de los niños con las actividades

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Bernardo Peña el 15 enero, 2019
Aun cuando abundan estudios que valoran la importancia del juego para el desarrollo infantil, hoy en día no hay tiempo para jugar. Los niños del siglo XXI tienen una agenda sobrecargada por sus padres. La creatividad, las emociones y las relaciones las entrenan así: jugando.

Vivimos tiempos en los que llenamos la agenda de los hijos de actividades extraescolares. Mientras todos los padres pensamos que queremos darles lo mejor, no nos damos cuenta de que estamos promoviendo la saturación de los niños.

Una saturación de actividades que no siempre se corresponde con los intereses y preferencias del niño. Más bien tiene que ver con la imposibilidad de los padres de tener un horario que les permita compartir el tiempo libre una vez cumplida la jornada escolar.

En otros casos, se corresponde con el deseo casi obsesivo de los padres para que sus hijos sean “los mejores”. Con ello, se somete a los niños a un estrés y presión innecesarios, se les quita su derecho a jugar libremente, lo que prácticamente les roba su niñez. Suena duro, pero tiende a ser así.

La agenda apretada

Niños sonríen mientras realizan flexiones en una pista de atletismo.
Una sobresaturación del tiempo de los niños les roba tiempo para relacionarse y disfrutar su niñez.

La saturación de los niños comienza con las actividades extracurriculares. Los niños asisten a su escuela formal, hacen los deberes y luego deben cumplir una apretada agenda que incluye idiomas, prácticas deportivas, actividades artísticas e informática, por nombrar las más comunes.

Ni siquiera los fines de semana hay tiempo libre para compartir momentos de juego lúdico con otros niños. Generalmente, hay presentaciones o competencias a las cuales hay que asistir porque forman parte de las actividades extraescolares. Pero la agenda llena de actividades no solo es durante la época de clases.

Las vacaciones también están saturadas. Los niños asisten a campamentos de idiomas o de deportes, con una extensa programación de actividades. También participan en eventos o presentaciones culturales dedicados a los niños.

Los niños disfrutan lo que están haciendo, pero la rígida organización de actividades deja poco espacio para relacionarse espontáneamente con otros niños, menos aún para jugar con libertad.

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Sin juego no hay niñez

Niña sentada en una mesa del colegio se sujeta la cabeza con expresión triste o frustrada.
El juego les proporciona una inteligencia social y emocional que no aprenden de otra forma.

No se trata de desacreditar las actividades extracurriculares. El problema es que los niños no tienen tiempo para cada cosa. El juego, lúdico y libre, con niños de su misma edad o de otras edades, es vital para ellos. Pero el afán que tenemos los padres por ocupar el tiempo libre, deja cada vez menos espacio para jugar.

El juego libre, sin fines didácticos ni pedagógicos, donde las normas las definen los niños, no los adultos, es fundamental para el sano crecimiento de los niños. Es la fórmula perfecta para socializar, aprender a gestionar las emociones, estimular la creatividad, mejorar la autoestima y desestresarse.

Los niños necesitan jugar por el juego mismo, no por propósitos de aprendizaje. Eso viene por defecto. Pero esos minutos en los que el niño juega libremente con otros niños son cada vez menos frecuente en las ciudades, en barrios sin espacios para el esparcimiento o en hogares donde trabajan los dos padres.

Esta realidad que viven los niños de hoy, que seguramente no vivieron sus padres o abuelos, es lo que está afectando al desarrollo de las habilidades sociales. Los niños pequeños necesitan jugar con niños mayores, pues eso desarrolla su cerebro social. Necesitan jugar al aire libre, crear y compartir sin la marcada dirección de los adultos.

Cómo combatir la saturación de los niños

Los padres hemos programado el tiempo libre de nuestros hijos porque muy probablemente no tenemos otra opción. Sin embargo, aún así es posible evitar la saturación de los niños.

Aquí te dejamos algunas recomendaciones básicas al respecto:

  • Ten en cuenta los intereses y el temperamento del niño. Si vas a ocupar su tiempo libre tiene que ser con actividades que le gusten y con las que se pueda integrar con facilidad. ¡Huye de las actividades que refuerzan contenidos escolares que para eso está la escuela!
  • Evita la agenda sobrecargada. Los niños necesitan tiempo para hacer los deberes, descansar, compartir con los padres y conversar. También necesitan aburrirse. Sería perfecto que el niño tuviera por lo menos dos días sin actividades extraescolares.
  • Si no le gusta la actividad, no lo obligues a asistir. Tiene que haber un equilibrio entre animarlo a ser perseverante y saber cuándo es necesario desistir. Antes de inscribirlo en una actividad, procura que vaya dos o tres días de prueba. Es fundamental que el niño disfrute lo que está haciendo.
  • No te conviertas en fuente de estrés infantil. Si un niño muestra síntomas de cansancio, insomnio o decaimiento, quizás ya no pueda más. Hay que dejarle el espacio que necesita para descansar y estar tranquilo.
  • Organiza encuentros solo para jugar. Ayuda a tus niños a tener encuentros con otros niños solo para jugar. No necesitas una organización muy elaborada, se trata de propiciar el encuentro con otros niños y que ellos decidan libremente a qué jugar y cómo hacerlo.

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Jugar es como respirar y comer

Niños saltando en la piscina.
La saturación con actividades extraescolares reduce el tiempo de los niños para jugar con libertad.

El juego es para los niños tan importante como respirar y comer. El juego es la llave que abre la puerta de la relación con el mundo que les rodea. Los beneficios del juego para el desarrollo infantil nunca han sido tan estudiados como en el presente, cuando el niño tiene menos tiempo para jugar. ¿Paradójico, no?

La organización de actividades extraescolares que básicamente obedece a intereses y necesidades de los padres, tiene que dejar espacio para que el niño juegue simplemente por el placer de jugar. No torturemos a nuestros hijos. Evitemos la saturación de los niños con tantas actividades.

  • Acuña, Marciano, and María José Rodrigo. "La organización de las actividades cotidianas de los niños. Un análisis del currículum educativo familiar." Cultura y educación 8.4 (1996): 19-30.
  • Feldman, Jean RAutoestima para niños: juegos, actividades, recursos, experiencias creativas. Alfaomega, 2002.
  • Fernández, Isabel Castillo, and Isabel Balaguer Sola. "Patrones de actividades físicas en niños y adolescentes." Apunts. Educación física y deportes 4.54 (1998): 22-29.