Sé parte de la vida de quien te da luz, no oscuridad

Valeria Sabater 4 octubre, 2015
Para favorecer nuestro bienestar mental es muy importante que no nos dejemos influir por posibles actitudes derrotistas que nos impidan crecer y sentirnos bien. Procuraremos rodearnos de gente sana

Estamos seguros de que en tu día a día te relacionas con muchos tipos de personas. Nuestras relaciones sociales son parte de nuestra identidad, y establecemos con ellas un intercambio cotidiano de afectos, intereses, pensamientos y emociones.

Hay personalidades tan íntegras y positivas que decimos de ellas que “ofrecen luz”. No se trata de nada espiritual o sobrenatural, son personas tan auténticas a la vez que sencillas que siempre tienen una solución ante cada problema, una esperanza ante cada dificultad.

No obstante, si te detienes un momento a pensar en este tipo de personalidades, te darás cuenta de que hay muy pocas personas capaces de dar luz. Apenas necesitamos los dedos de una mano para contarlas, pero no importa: es a ellas a las que debes cuidar y tener cada día en tu corazón.

Hoy en nuestro espacio te invitamos reflexionar sobre el valor de dar lo mejor de nosotros mismos a los demás. De la importancia de protegernos de esos perfiles acostumbrados a vetar de distintos modos nuestro crecimiento personal.

La luz interior de las relaciones positivasamigas que nos ofrecen luz

Las relaciones positivas son las más enriquecedoras a nivel personal y afectivo. Tampoco te sorprenderá si te decimos que son un pilar para nuestra salud.

Las amistades, así como las relaciones de pareja, deberíamos cuidarlas cada día como el bien más preciado. Si son saludables y nos ayudan cada día a tener una vida plena y auténtica, no hay nada mejor. Son reserva cognitiva, fortaleza para nuestra autoestima y empuje para nuestro motor interno.

Ahora bien, todos tenemos claro quién nos aporta “esta luz” emocional, moral y afectiva en nuestra vida, pero hay unos rasgos básicos que siempre deberíamos poder reconocer:

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  • Las relaciones positivas son aquellas capaces de entendernos, de establecer una cercanía afectiva y sincera con nosotros.
  • No nos sentimos juzgados. Aceptamos y atendemos sus opiniones porque las valoramos. No nos sancionan ni actúan con falsedad.
  • Establecemos con estas personas un intercambio de experiencias, de opiniones, de informaciones a través de un cordial equilibrio. Nadie se prioriza por encima del otro “estableciendo sus problemas como prioritarios”. Hay un interés mutuo y compartido.
  • Se respetan tiempos y espacios. No hay ninguna obligación de estar en contacto a cada instante, de tener que informar de cada cosa que hacemos. Hay confianza, respeto y cordialidad.
  • Es habitual establecer una sutil complicidad con estas personas “que nos dan luz”. Sabemos que nos entienden y que sobran las palabras. Nos sentimos arropados y todo problema queda en otro plano gracias a su entereza, su optimismo, su comprensión.

Protégete de quien solo ve la oscuridad en los días nublados

Sé parte de la vida de quien te ofrezca luz, no oscuridad (2)

Seguro que tú también tienes esas amistades que ante cualquier problema, lejos de ver una solución, nos hunden más aún en el sufrimiento.

Hay personalidades que son incapaces de ver la luz al final del túnel, de confiar en que la mañana vencerá a la noche y que toda dificultad requiere de una fortaleza interior y de unos ánimos que mantener.

Este tipo de personas siempre han existido y siempre existirán. No obstante, lejos de separarnos de ellas y de romper todo vínculo, se trata solamente de saber manejarlas y gestionar de forma adecuada esa negatividad que suelen desprender.

Te indicamos cómo conseguirlo.

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No dejes que otras personas te atrapen con sus dramas y tormentas

Todos tenemos demonios propios y dificultades que superar. ¿Por qué debemos además añadir los de otros a nuestro día a día?

  • No se trata de ser egoístas. Se trata de establecer prioridades, ahí donde debe quedar siempre en primer lugar nuestro equilibrio interno, nuestra autoestima y nuestra salud.
  • Hay personas que nos envuelven con sus dramas personales, presionándonos o haciéndonos responsables de los mismos para que les demos una solución. Jamás asumas esta responsabilidad.
  • Ayuda, atiende, escucha, pero no busques salvar vidas ajenas sin antes cuidar de la tuya propia.

Que no te contagien “su oscuridad”, su negativismo

  • Para evitar que una persona negativa te trasmita sus argumentos derrotistas busca tu luz interior, tu arma de defensa: tu autoestima.
  • La gente negativa carece de estrategias personales para afrontar los problemas y, a su vez, intenta que los demás tampoco lo consigan. De ese modo se sienten seguros al ver que nadie accede a esa felicidad o bienestar interior del que él o ella carece.
  • La negatividad es un virus contagioso. Y lo más peligroso es que dichas palabras negativas vengan de alguien que nos es significativo: nuestra pareja, un familiar…
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Ten en cuenta que, cuanto más cercana sea la persona que nos trasmite su “oscuridad”, más vulnerables no sentiremos. De ahí, la necesidad de relacionarnos o de estar cerca de personalidades fuertes, seguras, positivas que aportan estrategias a nuestra vida y que no vetan libertades o crecimiento personal.

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Para encontrar la luz y la felicidad en nuestro camino del día a día, rodéate de personas que te aporten, que no te resten. Personas íntegras, sencillas y valientes que te hagan ser mejor.

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