¿Se pueden inventar los recuerdos?

Yamila Papa 5 febrero, 2018
Nuestra capacidad para recordar u olvidar información es, ciertamente, uno de los más asombrosos mecanismos de la mente.

Aquello que recordamos, ¿realmente ha sucedido? ¿Sabías que un mismo evento no es narrado de la misma manera por dos personas que estuvieron presentes? Esto se debe a que el cerebro toma nuestras percepciones, nuestras emociones y nuestras experiencias pasadas para formar una imagen “más o menos” aproximada a lo que sucedió en realidad.

Los recuerdos ¿son un invento?

Los recuerdos ¿son un invento?

El cerebro no sabe distinguir entre una situación ficticia y una verdadera. Las áreas de la mente usadas para percibir y para imaginar cosas se superponen. Por lo tanto, cuando queremos evocar algún recuerdo hay cosas que han sucedido realmente y otras que no.

La capacidad del cerebro para recordar solo algunos aspectos y olvidar otros es asombrosa. Pero también tiene la posibilidad de inventar algo para llenar un espacio que ha quedado vacío en la memoria. Incluso puede crear una situación o momento “de cero”, es decir, sin ningún dato vivido realmente sino entre los recursos que ha almacenado durante años.

La imaginación puede ser tan verosímil como los hechos verdaderos. Es posible que confundamos lo real con la ficción y no nos demos cuenta. Un objeto, persona o situación imaginado lo suficiente puede dejar la misma huella que si estuvimos ante ello fehacientemente.

Cuando la memoria almacena recuerdos estos pueden ser percibidos a través de los sentidos o bien imaginados o creados. Pasado cierto tiempo nos es imposible determinar qué cosas de esa anécdota han pasado y cuales no.

Si bien se sigue usando la técnica de recrear recuerdos en casos de traumas infantiles o en adultos este método podría no ser del todo eficaz. Básicamente porque no se puede saber qué recuerdos ocurrieron realmente de los relatados por el paciente.

Ver también: ¿Cómo borrar recuerdos dolorosos de la mente?

La mente es una fábrica de recuerdos ficticios

La mente es una fábrica de recuerdos ficticios

Nuestra memoria también se adapta como lo hacen los músculos o los órganos según la situación. El cerebro tiene la capacidad de amoldarse y de crear recuerdos falsos… incluso imposibles de comprobar o de llevar a cabo. Por ejemplo, cuando creemos que de pequeños hemos viajado a cierto lugar donde no estuvimos cuando la realidad fue muy diferente.

La imaginación nos puede jugar una mala pasada porque quizás nos puede “decir” que hemos hecho algo que no llevamos a cabo o viceversa. Una de las razones por las cuales los recuerdos son maleables es que la mente debe absorber demasiada información todo el tiempo.

Los datos que la mente no puede abarcar al cien por cien lo que perciben los sentidos (ni almacenar toda la información) tiene que “inventar” la información que le falta de alguna parte.

Es como si quisiésemos armar un rompecabezas donde nos faltan algunas piezas. Para que el cuadro quede terminado los espacios vacíos se deben rellenar de alguna manera.

Los recuerdos no son fieles por completo. Si bien muchos de los aspectos que narramos en una historia pueden ser verdaderos siempre habrá algunos falsos.

¿De dónde los toma la mente? De otras experiencias, de lo que vemos en la televisión, de lo que pensamos, de lo que nos dicen, de lo que leemos, etcétera. La buena noticia es que los recuerdos ficticios son una señal de que el cerebro está sano y que funciona como corresponde.

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El poder que tienen los recuerdos falsos

El poder que tienen los recuerdos falsos

Presta mucha atención la próxima vez que estés contando una historia propia o imaginando una situación del pasado. Algunos de los aspectos del relato pueden no ser verdaderos. La mente no solo nos permite evocar lo sucedido realmente sino también aquello que ha percibido o que pensamos que hemos experimentado.

Los recuerdos están llenos de emociones (positivas o negativas). Según nuestro punto de vista, una fiesta puede haber sido estupenda o aburrida, mientras que para otros puede que esto no haya sido así. Haz la prueba y pregúntale a dos o más personas cuál es su recuerdo de algún evento que hayan compartido. Por ejemplo, le puedes preguntar a tus padres sobre su boda, a tus amigas sobre la salida a la discoteca o a tus primos sobre el partido de fútbol.

El cerebro recibe información de los cinco sentidos y además a eso tenemos que sumarle nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestras opiniones y nuestras experiencias pasadas. Por ello los datos que llegan a la mente no son objetivos.

Además la mente selecciona qué “mensajes” serán usados para qué recuerdo. Incluso puede haber datos que se empleen para más de una anécdota. Como el cerebro es muy detallista y no quiere que queden algo quede al azar, cuando se da cuenta de que no tiene cierta información la pide prestada de otro recuerdo. Y si aún así no se siente satisfecho, se inclinará hacia la invención.

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