El secreto de los padres: no confiarse - Mejor con Salud

El secreto de los padres: no confiarse

Aunque parezca que todo está en orden en la vida de nuestros hijos no conviene confiarse. Aunque no quieran contarnos sus problemas debemos hacerles saber que cuentan con nuestro apoyo incondicional
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El secreto de los padres radica en no confiarse nunca. Los hijos pueden aparentar estar bien, pueden fingir ser transparentes con nosotros, pero está en nuestras manos vigilar que esto sea verdaderamente así.

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¿Cuántas veces un progenitor se ha dicho “no sabía que mi hijo estaba tan mal” o “parecía que todo le iba bien”?

Esto pone de manifiesto un problema que está muy presente en las familias: no ver más allá de lo aparente.

Los secretos de los hijos

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Nunca llegamos a saberlo todo de los hijos, sobre todo cuando se encuentran en una etapa tan complicada como puede ser la adolescencia.

Muchas veces no es que no confíen en nosotros, sino que no se encuentran con la seguridad suficiente como para decir lo que en realidad les sucede.

Les parece más fácil hacerlo con sus amigos, quizás porque son de su misma edad y nosotros ya estamos un poco alejados de ella.

Por eso, no confiarse es algo esencial. No sabemos si ese “papá, estoy bien” guarda un “me están haciendo bullying en el colegio”.

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Tal vez que tu hijo te diga “mamá déjalo ya, todo va bien” es un grito silencioso de “me preocupa mi cuerpo y lo que me dicen los demás de él”.

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Los hijos tienen muchos secretos. Por eso, aunque parezcan ser muy transparentes con nosotros, nunca alejemos esa mosca que está detrás de nuestra oreja.

Nuestros hijos pueden necesitar nuestra ayuda, pero no saben expresarlo ni decirlo de forma correcta.

No confiarse es la madre de la seguridad

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Así lo dijo ya Aristófanes: “la desconfianza es la madre de la seguridad“. Esto no significa que tengamos que controlarlo todo, pero sí matener la guardia.

Es tan sencillo como no apagar esa intuición interna que nunca nos falla. No obstante, muchas veces desaparece, por preocupaciones, pensamientos y responsabilidades que creemos que son más importantes.

Muchos padres priorizan antes sus propios problemas antes que el hecho de hacer que sus hijos sean la principal preocupación de todas.

Por eso les dan la espalda y consideran “tontería” cualquier enfado, cambio de humor o aislamiento que estén manifestando.

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Esto se les pone mucho más fácil cuando la alarma es mucho más sutil.

Se quedan tranquilos con un simple “estoy bien”, cuando en realidad hay que desconfiar de que alguien esté bien siempre.

Somos guías y orientadores

La forma en la que hoy nos relacionemos con nuestros hijos determinará su propio futuro. No podemos ignorarlos hoy y esperar que ellos no hagan lo propio con sus hijos.

Tampoco podemos quejarnos de que nos guarden cierto resquemos porque en su día no quisimos escucharlos.

Un progenitor que ve como su hijo en pleno verano se pone camisetas de manga larga para tapar sus muñecas no puede cerrar los ojos ante lo que puede ser algo evidente.

Sin embargo, es una posición más cómoda. ¿Para qué más problemas, verdad? Es mejor seguir sumidos en nuestra ignorancia. No obstante, la salud de nuestro hijo puede estar en peligro.

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Esta situación se reproduce en muchos ámbitos de nuestra vida. No enfrentamos los miedos, consideramos cierta solo nuestra forma de ver el mundo, hacemos oídos sordos a lo que no queremos escuchar…

No obstante, este modo de actuar es una forma de autoengañarnos para que después digamos cosas tales como “no sabía que estaba tan mal”.

Los padres no son tontos. Saben perfectamente lo que les sucede a sus hijos. Otra cosa es que quieran verlo, indagar, interesarse o hacer todo lo contrario.

Aunque no quieran hablar, aunque ellos nos den la espalda, los hijos deben saber que estamos ahí para sostenerlos en el momento en el que se caen.

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Manifestarles que sabemos que nada va bien, procurar acceder a ellos sin enfados, recriminaciones ni obligaciones será un trabajo lento, arduo, pero que agradecerán.

No ignoremos ni menospreciemos sus problemas. No confiarse debería ser el secreto de todo padre.

Ilustraciones: Soosh