Y tú… ¿eres “demasiado” sensible? 4 claves que te ayudarán a descubrirlo

Valeria Sabater 8 febrero, 2017
Las personas que son excesivamente sensibles corren el riesgo de sufrir más de lo necesario, ya que su personalidad hace que, en ocasiones, esperen demasiado de los que las rodean

Ser una persona “sensible” no es malo ni es síntoma de ningún problema mental.

Sin embargo, ser muy sensible supone experimentar nuestra realidad cotidiana con una intensidad fuera de lo común y que, a la vez, nos separa de los demás.

Hay quien define a las personas sensibles como a los eternos salvadores.

Son ellos quienes siempre se quedan más cerca para ser ese hombro amigo sobre el que llorar, ellos los primeros que se preocupan por todo y por todos, y ellos quienes más sufren el impacto de la decepción, la mentira o el engaño.

“Es que te tomas las cosas a la tremenda”, les dicen a menudo.

Expresiones, verbalizaciones cargadas siempre de escepticismo y extrañeza ante ese perfil de personalidad que parece haber nacido para sufrir o para vivir con mayor intensidad el aspecto emocional de sus entornos más cercanos.

No es fácil vivir con este tipo de rasgos psicológicos. Por ello, te proponemos profundizar un poco más en sus características para obtener un mayor conocimiento y alguna que otra estrategia de afrontamiento.

1. La codependencia emocional

arbol representando la inteligencia emocional

Entendemos codependencia emocional como esa sujeción, anclaje o vinculación emocional hacia las personas que nos rodean.

Lo entenderemos mejor a través de los siguientes ejemplos:

  • Son personas que se sienten felices cuando quienes les rodean también lo son.
  • Esa vinculación hace que vivan en una auténtica noria de emociones.

Cuando la pareja, por ejemplo, está de mal humor, la persona sensible puede sentirse responsable o experimentar infelicidad al sentir esas emociones negativas en el cónyuge.

  • A su vez, es común que pasen largos periodos de tiempo pensando en si han hecho algo mal, en qué puede haber ocurrido para que esa persona esté así, qué desencadenante lo ha producido y cómo podría haberlo evitado.

Estrategia de afrontamiento

  • Debemos dejar de focalizar el mundo emocional más allá de nuestra propia persona.
  • No somos responsables de todo lo que otros sienten.
  • Debemos dejar de visualizarnos como un satélite que orbita alrededor de un planeta: somos planetas bailando en un mismo universo y debemos ser capaces de cuidar de nuestras propias emociones.

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2. La impulsividad emocional

emocionalmente-inteligentes

Las emociones, en ocasiones, son como detonadores incontrolables que nos hacen perder el control.

  • Algo así supone que la persona sensible sea más propensa a sufrir por lo que los demás hacen o dejan de hacer.
  • Si alguien no hace, dice, o actúa como nosotros creemos que debe hacerse, experimentamos malestar.
  • Tanto las emociones negativas como las positivas se viven con una intensidad a veces desmesurada.
  • Ello supone que, en ocasiones, nos ilusionemos demasiado por cosas o personas que luego nos fallan.

Estrategias de afrontamiento

Ser sensible implica ser mucho más vulnerable a todo lo que nos rodea. Es pues necesario desarrollar adecuadas fronteras donde cuidar en todo momento de la salud de nuestra autoestima.

  • Entiende que las personas son falibles. A veces decepcionan; a veces, no cumplen lo que dicen ni son un ejemplo de esa convivencia ideal que todos tenemos en mente.
  • Sin embargo, tampoco nosotros lo somos. Debemos saber aceptar que quienes nos rodean tienen derecho a ser de otro modo a como nos gustaría.

No obstante, no por ello, no por equivocarse o por decepcionarnos alguna vez, nos quieren menos.

  • Aplica una adecuada gestión emocional en el día a día. No dejes que las cosas te afecten tanto como para caer en la indefensión o en ese estado en el que perder la esperanza respecto a todo.

3. La persona sensible tiene su “talón de Aquiles”

memoria

Toda persona sensible cuenta en su historia personal con varios hechos que la han definido como tal.

  • Una infancia basada en el desapego, una relación afectiva traumática o incluso el propio perfil de personalidad marcado a veces por una baja autoestima hace que sienta siempre sus emociones “a flor de piel”.
  • A su vez, esos hechos que actúan como su talón de Aquiles, amplifican su malestar o infelicidad hacia otros aspectos.
  • Por ejemplo, si en el pasado tuve una relación afectiva muy dolorosa, ahora soy algo desconfiado, cauto y muy susceptible frente a ciertos comportamientos.

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Estrategias de afrontamiento

Deberemos iniciar un adecuado viaje interior para hallar la raíz de esa huella emocional que, en realidad, es una herida.

  • Desmenuza esos hechos y analiza de qué forma impactan en tu presente.
  • Entiende que ese talón de Aquiles lo que te hace es avanzar por un presente donde hay más dolor que felicidad, donde esa huella te hace vulnerable.

Te convierte en una víctima que no logra sentirse realizada ni orgullosa de sí misma.

  • Deja de ser prisionero del ayer para ser el héroe de tu presente. Que tu “sensibilidad” te permita ser fuerte y vivir con plenitud tus instantes felices.

4. Las persona sensibles quieren salvar el mundo olvidándose de ellas mismas

Si alguien sufre, la persona sensible le dará consuelo.

Si alguien tienen un problema, a quien acudirá primero es a la persona sensible, esa que siempre es tan cercana, que escucha como nadie y que lo da todo a cambio de nada.

Salvar el mundo y a todos sus inquilinos es algo muy noble. Sin embargo, si al hacerlo ponemos en riesgo nuestra salud física, mental y emocional, lo perdemos todo.

Debemos tener cuidado.

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Estrategias de afrontamiento

Aunque nos duela, aunque nos cueste y aunque alguna vez nos llamen egoístas por ello, es necesario poner límites y saber decir “no”.

Hacer de héroe trae secuelas. Decir siempre que sí conlleva muchas consecuencias, como que los demás se vuelvan exigentes y nos pidan más de lo que podemos ofrecer.

No lo dudes, aprende a aplicar la asertividad en tu día a día y prioriza tu mundo emocional. Porque si tú no estás bien, no darás lo mejor de tu persona a los demás.

 

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