Cómo sentirnos felices con el cuerpo que tenemos

Si no podemos cambiar nuestro cuerpo, es mejor que, en lugar de deprimirnos y sentirnos mal, aprendamos a aceptarlo y ver que también nos puede hacer felices. Potencia tus partes positivas

Mirarnos al espejo y que no nos guste la imagen que el reflejo nos devuelve es más que habitual.

Estar pendientes de la imagen, hacer dietas “milagrosas” y pasar horas en el gimnasio para afinar el abdomen o las piernas no es para nada saludable.

Creer que si no somos delgados nadie se fijará en nosotros tiene más que ver con el autoestima que con la realidad.

¿Quieres saber cómo ser felices con el cuerpo que tenemos? En este artículo te lo contamos.

Amar y aceptar nuestro cuerpo

Amar y aceptar nuestro cuerpo

Es verdad que los seres humanos nos mostramos continuamente disconformes de aquello que tenemos (o que queremos tener):

  • Muy altos o muy bajos;
  • Estamos gordos o delgados;
  • Somos rubios o morenos;
  • Nuestro cabello es lacio u con rizos…

En cuestiones de estética, todo depende de cómo nos sintamos con nuestro cuerpo. En la mayoría de los casos, las mujeres se fijan más en el “envase” y en los defectos cuando se miran al espejo.

Esto lleva a decisiones drásticas que van desde una dieta demasiado estricta a una adicción por el ejercicio o, en casos más severos, operaciones estéticas y tratamientos dolorosos.

Más allá del vientre, las piernas o el rostro excedidos de peso o demasiado flácidos, la celulitis, la falta de busto o las arrugas, lo importante es cómo te veas tú.

Ese es el primer paso para aceptar y ser feliz con el cuerpo que tienes.

Uno de los motivos por los cuales no queremos la silueta que lucimos está relacionado con la baja autoestima o amor propio.

Creer que por ser gordo o no tener las piernas de cierta forma los demás no nos querrán es un error garrafal e infundado… Y si alguien no te acepta por el cuerpo que tienes, ¡entonces no merece la pena!

Tips para ser felices con nuestro cuerpo

La teoría es muy bonita pero, cuando nos miramos en el espejo, las pesadillas vuelven a aparecer.

Por ello te ofrecemos algunos consejos que te pueden servir para que aceptes y ames tu cuerpo como es, o bien que trabajes en tus errores de manera moderada:

1. Analiza qué puedes (y qué no) cambiar

Analiza qué puedes (y que no) cambiar

Algunos aspectos de nuestra figura se pueden modificar si hacemos dieta o ejercicio (incluso si mejoramos la postura de la espalda) pero hay otros detalles que no tienen “solución” como, por ejemplo, el largo de las piernas, el tamaño de los huesos y la altura.

Aceptar aquello que no se puede cambiar es el primer paso. El segundo es trabajar en todo lo que si puedes modificar.

Esto significa que si no te gusta el vientre que tienes o el tamaño de tus pechos… ¡Haz algo para que te veas mejor! Es muy fácil quejarse o deprimirse pero no tanto ponerse en acción.

2. Aprecia el poder de tu cuerpo

Elabora una lista con las actividades que tu cuerpo, así como está, te permite realizar: trabajar, cocinar, cuidar de tu familia, ir de paseo, conducir, limpiar, hacer ejercicio, dirigirte a cualquier sitio…

Son muchas las cosas que ese “envase” te permite en el día a día. Con esto en mente, no puedes pensar en rechazarle o tenerle aprensión.

Por otra parte, trata de buscar el lado positivo de tus “defectos”. Por ejemplo, puedes decir que, al tener caderas anchas, darás a luz sin problemas, o gracias a tus piernas o brazos gruesos tendrás más fuerza para levantar objetos pesados.

3. Ensalza lo que te gusta

Ensalza lo que te gusta

Por más que creas que no hay nada en tu cuerpo que te agrade, haz el esfuerzo por determinar qué aspectos te encantan de ti.

Por ejemplo, tus ojos, tu nariz, tus pies o tus manos… Esto no significa enfocarte solo en lo bueno y olvidarte de lo malo. La cuestión es sentirte mejor con lo bonito, sobre todo en aquellos días en que la depresión se apodera de ti.

4. Deja de lado los pensamientos negativos

Estar demasiado pendiente de cuántos gramos o centímetros reducen o pasarse horas y horas frente al espejo criticando las piernas, los glúteos o el vientre no es para nada saludable.

Los pensamientos o hábitos negativos no sirven para mejorar la situación sino para hacernos sentir mal.

Además, ¿qué crees que conseguirás poniéndote mal porque no adelgazas? ¡Solo depresión!

La próxima vez que acudan a tu mente esos pensamientos ruines, cámbialos por sensaciones bonitas.

¿Cómo? Puedes, por ejemplo, enfocarte en las zonas que te gustan, organizar tu agenda para ir al gimnasio, buscar recetas saludables para la cena…

Transforma esa energía negativa en algo productivo.

Te recomendamos leer: 5 bailes que te ayudarán a tonificar piernas, glúteos y muslos

5. No te dejes llevar por las modas

No te dejes llevar por la moda

Mirar la televisión o las publicidades muchas veces nos hacen sentir horribles, gordos y poco sensuales.

Por un lado, debes comprender que las imágenes de las modelos o actrices no son verdaderas… La mayoría de ellas deben cumplir dietas muy restrictivas y no gozan de buena salud. E incluso las fotografías son modificadas para verse “perfectas”.

Por otra parte, recuerda que el significado de belleza es muy arbitrario.

Hace 5 siglos atrás las mujeres con más curvas y kilos de más eran consideradas sensuales y bellas (puedes verlo en las pinturas y escultura de la época) y probablemente el sinónimo de “atractivo” cambie en un par de años.

No te dejes llevar por lo que dicta la moda, por la ropa de los escaparates ni por la apariencia de las celebridades.

 

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