Mientras yo sepa quien soy, no tengo nada que demostrar

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Bernardo Peña el 20 diciembre, 2018
Aquellos que nos quieren saben cómo somos, por lo que no tenemos necesidad de demostrar nada. Conocen nuestros límites, y que su libertad acaba donde empieza la nuestra.

La necesidad de demostrar a los demás determinadas cosas para conseguir aceptación o reconocimiento es una fuente de estrés poco saludable. En muchas ocasiones, para demostrar que queremos a alguien, acabamos haciendo cosas que no nos apetecen o que no deseamos.

Sin embargo, para convivir, muchas veces no tenemos más remedio que hacer cosas con las cuales fortalecemos el vínculo o, sencillamente, cumplimos socialmente. No obstante, siempre debemos tener un límite, que son nuestros valores y, sobre todo, la dignidad personal.

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Demostrar autenticidad es una forma de libertad y de bienestar

 

Demostrar autenticidad

Un “NO” supone en ocasiones temer hacer daño a alguien, o aún más, decepcionar a una persona que queremos. A pesar de ello, esta palabra es esa llave capaz de abrirnos infinitas puertas y oportunidades. Porque un “NO” a tiempo es un “SÍ” en el instante más adecuado.

Un “NO” en el momento justo, aunque nos cueste y sea algo muy duro, es darnos una oportunidad para empezar de nuevo y dejar de hacernos daño. Sin embargo, en caso de continuar con ello, lo que estaremos haciendo será alejarnos de nosotros mismos y caer prisioneros del sufrimiento inútil.

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La valentía de demostrar quiénes somos y lo que deseamos

Demostrar quién eres y lo que quieres es una técnica de supervivencia muy necesaria. Es como marcar un territorio, ahí donde los demás deben saber hasta donde pueden llegar y qué es lo que se van a encontrar en caso de sobrepasar esas líneas.

Si dejas muy claro desde el principio, cuáles son tus valores y qué es lo que estas dispuesto a soportar y qué no, es una información muy necesaria para quienes nos rodean. Facilita las cosas y, por supuesto, la convivencia.

Las personas que no llegan nunca a marcar límites, dejan paso para que los demás sobrepasen pidiendo un poco más, esperando que siempre estén a su disposición,  sin respetar sus derechos o necesidades.

mujer arreglándose feliz por no tener que demostrar nada

 

Lejos de ver este tema como un acto egoísta que nos aísle del mundo, hemos de verlo más bien como “una celebración de nosotros mismos”. Nadie debe sentirse obligado a aparentar algo que no es.

En el momento en que tenemos claro lo que somos, lo que queremos y lo que no estamos dispuestos a permitir, aparece una adecuada tranquilidad interior. De esta forma, seremos capaces de relacionarnos mucho mejor.

Además, somos plenamente conscientes de que también los demás tienen todo el derecho a ser auténticos, espontáneos y a mostrarse ante nosotros con sinceridad y sin falsedades.

Sé quien soy y me siento libre

La indecisión, la inseguridad y una baja autoestima nos aboca a una continua búsqueda de aceptación exterior con la cual sentirnos bien. No es saludable. Quien busca la aprobación de los demás cae en una espiral de infelicidad muy peligrosa. Son esas personas que buscan agradar o complacer siempre a sus parejas “porque solo así se sienten bien”.

Son personalidades incapaces de dar una negativa a la familia, aunque ello vaya en contra de sus principios. Esto es debido a que temen por encima de todo decepcionar o dar una imagen diferente de la que sus padres, por ejemplo, tienen de él.

Todo ello nos puede hacer caer en una falta de autoestima tan grave que dejemos de tener una imagen positiva, fuerte y auténtica de nosotros mismos. Nuestra mirada está tan puesta en el exterior, que dejamos de atendernos y, quien no se atiende, se descuida y se pierde.

No tener nada que demostrar

Podríamos decir que la vida es, ante todo, un reencuentro con nosotros mismos.  Una vez alcanzamos esa “conexión interior“, podemos ser capaces de establecer relaciones más satisfactorias con los demás.

Es entonces cuando nos encontramos los unos a los otros en libertad. Así, seremos conscientes de los derechos de cada uno y de la magia de construir proyectos en común sintiéndonos libres.

No es algo fácil de llevar a cabo, no hay duda. Por ello, vale la pena ir poco a poco. Por eso, es importante dejar de aparentar cosas que no somos o no sentimos. La valentía de decir “no” es siempre un acto de liberación que merece la pena practicar más a menudo.

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