SIDA

El síndrome de la inmunodeficiencia adquirida, mejor conocido por sus siglas: SIDA, es el resultado de la infección por el virus del VIH. Este es el responsable de una disfunción del sistema inmune, con lo cual, quien lo padece se queda sin defensas frente a otras infecciones y amenazas al organismo en general.

Breve historia del SIDA

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La primera vez que se oyó hablar del SIDA fue el 5 de junio de 1981. Ese día, el CDC (Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU) convocó a una rueda de prensa en la cual se expuso el caso de cinco varones con un cuadro de neumonía por Pneumocistis carinii, un tipo de hongo.

Estos varones presentaban un sistema inmune debilitado, lo cual era un caso inusual para aquel entonces. En muchos casos, tanto la neumonía como el sarcoma de Kaposi, un tipo de cáncer, se presentaban juntos, lo que resultaba desconcertante para los médicos. 

A medida que se conocían nuevos casos, los médicos observaban cada vez mayor número de pacientes con patologías raras.

Los análisis de sangre realizados revelaron que en dichos pacientes, el número de linfocitos T CD4, era mínimo, muy por debajo del nivel normal. 

Con el tiempo, se observó que el SIDA también la presentaban los heroinómanos y los receptores de transfusiones de sangre, así como un gran número de haitianos, por lo tanto, estos eran considerados como los principales grupos de riesgo. Entonces, la enfermedad pasó a llamarse “el club de las cuatro haches”.

Ver también: Los mitos y los hechos del VIH y el sida

¿Cómo se presenta el SIDA?

Formas de contagio

  1. Vía sexual (sin protección) con una persona infectada, independientemente de su género.
  2. Lactancia materna (una madre infectada, contagiará al bebé a través de la lactancia)
  3. Transfusión de sangre.
  4. Compartiendo o reciclando jeringuillas y/o material biosanitario. Esto aplica especialmente a los drogadictos que comparten drogas por vía parenteral.
  5. También puede contraerse compartiendo objetos de uso común de hiegiene personal como cuchillas.

Tras haberse contagiado, sólo la mitad de las personas experimenta síntomas.

Aproximadamente, tras unas 2 – 4 semanas después del contagio, se produce un cuadro pseudogripal que cursa con diversos síntomas, tales como: fiebre, malestar general, dolores articulares, fatiga o cansancio, pérdida de peso, entre otros.

Tras este periodo de tiempo, aparecen las primeras infecciones oportunistas. Las cuales se mencionan a continuación:

  • Infecciones por cualquier herpes virus incluyendo la reactivación de la varicela o la infección por el virus de Epstein Barr.
  • Diarreas por parásitos y por bacterias. 
  • Tuberculosis. En España, la presencia de esta patología alerta de la presencia de SIDA. Por esta razón, ante un caso de tuberculosis es obligatorio descartar una posible infección por VIH.
  • Meningitis por el hongo Cryptococcus.
  • Infecciones por el hongo de la cándida. La forma más frecuente es el muguet, la afectación de la mucosa oral. También puede producirse candidiasis vaginal. En estados avanzados puede aparecer candidiasis esofágica.
  • Neumonía por el hongo Pneumocistis jirovecii.
  • Infecciones del SNC por parásitos, como el Toxoplasma gondii. Este provoca síntomas como parálisis, sensación de acorchamiento, convulsiones, entre otros.

Además de infecciones, algunos tipos de cáncer también se asocian a la infección por el VIH, tal y como se mencionó anteriormente, uno de ellos es el sarcoma de Kaposi, y algunos linfomas.

El único método de prevención disponible para complicaciones, es necesario vacunar al individuo contra la gripe, tuberculosis, hepatitis A y B, y  el neumococo (Streptococcus pneumoniae).

Linfocitos T CD4

Linfocitos T CD4

 

Los linfocitos T CD4 son un tipo de glóbulos blancos encargados de maximizar la respuesta frente a patógenos. Cuando una persona se infecta por VIH, se produce un descenso de estas células. Este descenso se puede observar en las dos primeras semanas tras el contagio.

En los pacientes con VIH, se ha observado que existe una recuperación parcial de linfocitos T CD4, para después caer drásticamente por debajo de los 500. Adicionalmente, se producen otro tipo de daños en el sistema inmune del paciente.

Te recomendamos leer: ¿Qué destruye y debilita el sistema inmune?

Epidemiología

Para finales del año 2016, 36.7 millones de personas estaban infectadas. Se estima que ese año se produjeron 2 millones de contagios. Con lo cual, más de la mitad de las personas infectadas están en tratamiento de por vida.

Diagnóstico

Para emitir un diagnóstico, existen una serie de tests específicos que detectan componentes del VIH. Uno de ellos es  la antigenemia, que detecta la proteína más importante del virus, la p24.

Por otra parte, se recurre a la realización de pruebas serológicas al paciente, que se basan en detectar la presencia de anticuerpos contra el virus. Para ello se emplean dos técncias: ELISA y Western Blot.

No se realizan cultivos de células infectadas por el virus. Las técnicas de seguridad que se necesitan hace que esta prueba sea inviable de manera rutinaria.

Tratamiento y pronóstico

Aproximadamente más de 2 millones de personas padecen SIDA.

Con la aparición del famoso antirretroviral AZT, se produjo una revolución en el ámbito de la medicina al experimentar con este fármaco en el tratamiento del SIDA. Afortunadamente, el AZT resultó favorable, pues interfirió con el mecanismo de multiplicación del virus.

Actualmente existen 7 grupos de fármacos para tratar el SIDA. En su mayoría, se trata de distintos tipos de inhibidores de transcriptasa inversa, es decir, antirretrovirales. Estos pueden ser tanto análogos o no análogos, dependiendo del caso.

También se utilizan inhibidores de la proteasa (como el SVQ), inhibidores de la fusión (como el T-20), inhibidores de la integrasa (como el RAL), y antagonistas de CCR5.

Se precisa de un tratamiento farmacológico permanente para que el paciente pueda llevar una vida más o menos normal. De hecho, la esperanza de vida ha aumentado considerablemente gracias a estos fármacos; sin embargo, aún queda mucho por explorar respecto a esta patología tan común en el siglo XXI.

María José

Estudiante de 5º de Medicina y Alumna Interna del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Salamanca. Con la nariz siempre metida en averiguar cómo y por qué ocurren las cosas.

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