Síndrome de las piernas inquietas: síntomas y tratamiento

Elena Vuelta 23 agosto, 2018
El síndrome de las piernas inquietas es un trastorno neurológico que provoca un deseo irrefrenable de mover las piernas, debido a sensaciones desagradables en las mismas. Dicho síndrome puede afectar a la calidad de vida de las personas afectadas, privándolas incluso de las horas de sueño.

El síndrome de las piernas inquietas es un trastorno neurológico en el cual se tiene una necesidad incontrolable de estirar y mover las piernas.

En qué consiste

El síndrome de las piernas inquietas, conocido también como enfermedad de Willis-Ekbom, es un trastorno sensitivo y motor caracterizado por una sensación de malestar o dolor en las extremidades, normalmente en las piernas.

Esta sensación desagradable en las piernas hace que las personas afectadas sientan el deseo incontrolable de moverlas. Cuando dichas personas se levantan y caminan, el malestar y las sensaciones desagradables desaparecen.

Sin embargo, la sensación de dolor o incomodidad en las piernas reaparece en situaciones de reposo. La sintomatología suele acentuarse por la tarde y por la noche y cuando se está tumbado o recostado.

El síndrome de las piernas inquietas puede aparecer a cualquier edad y una vez lo hace, suele acentuarse con el tiempo. Tiene una alta prevalencia, afectando a entre un 1 y 5 % de la población, y normalmente su existencia se asocia con otro tipo de afecciones como anemia o insuficiencia renal. Así mismo, la toma de ciertos fármacos puede favorecer la aparición del trastorno.

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Cuadro clínico

Las personas que padecen el síndrome de las piernas inquietas tienen una necesidad compulsiva de mover las piernas. El movimiento es similar a un tic nervioso y puede controlarse momentáneamente, pero al final pueden acabar experimentándose sacudidas o espasmos involuntarios.

La sensación de incomodidad en las piernas es variable y difícil de definir. Algunas personas hablan de una quemazón, pero también se puede experimentar un hormigueo o una sensación de tirantez o presión.

Cuando experimentan estas sensaciones desagradables, los sujetos afectados tienden inicialmente a frotarse las piernas o a mojárselas con agua fría. La sensación de malestar suele persistir y no se alivia hasta que la persona se mueve o camina.

Además, el trastorno tiene un marcado ritmo circadiano, por el cual las sensaciones más acentuadas y molestas se dan a la noche, después de cenar. Es muy común que las personas con síndrome de piernas inquietas desarrollen otro tipo de trastornos del sueño, incapaces de dormir y necesitando levantarse o mover las piernas repetidas veces.

La severidad de los síntomas es variable y puede ir desde cuadros intermitentes de incomodidad en las piernas hasta sensaciones de dolor profundo y crónico que pueden acarrear problemas psicológicos graves.

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Criterios diagnósticos

Normalmente, a la hora de diagnosticar el síndrome de las piernas inquietas se siguen fundamentalmente cuatro criterios diagnósticos:

  • Se siente una necesidad irrefrenable de mover las piernas, normalmente debida a sensaciones de malestar o incomodidad en dichas extremidades.
  • Los síntomas se agravan en momentos de inactividad o tras haber pasado un tiempo sentado o acostado.
  • Las sensaciones molestas desaparecen cuando se mueven las piernas, sin embargo, vuelven con mayor o menor rapidez una vez finaliza el movimiento.
  • Existencia de un ritmo circadiano, por el cual los síntomas empeoran al final del día y especialmente durante la noche.

La presencia simultánea de estos cuatro paramentos es necesaria para el diagnóstico del síndrome, sin embargo, en algunos casos la existencia de los mismos puede deberse a otras causas o afecciones. Por ello, es necesario tener en cuenta otra serie de factores y criterios diagnósticos de apoyo, como son la existencia de antecedentes familiares o la presencia  de otros trastornos del sueño.

Tratamiento

En primer lugar, se debe determinar si la existencia del síndrome es debida a otras condiciones médicas como son el embarazo o afecciones como déficit de hierro. En dichas situaciones, el tratamiento consistirá en primer lugar en controlar tales patologías o situaciones.

Sin embargo, en los casos en los que se diagnostica el síndrome de las piernas inquietas y este no está debido a otro tipo de complicaciones, el tratamiento se basará fundamentalmente en conseguir un cambio en los hábitos de vida, e incluso en la calidad del sueño.

Cuando este tipo de medidas no son suficientes, el tratamiento puede complementarse con determinados fármacos, entre ellos encontramos:

  • Medicamentos que aumentan los niveles de dopamina.
  • Medicamentos que afectan a los canales de calcio.
  • Opioides.
  • Relajantes musculares.
  • Fármacos que ayuden a conciliar el sueño.

En la mayoría de los casos se debe conseguir una combinación adecuada de dichos medicamentos para lograr los efectos deseados.

Bibliografía

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