Síndrome del profesor quemado, qué es y cómo evitarlo

Raquel Lemos · 3 agosto, 2018
El síndrome del profesor quemado, también conocido como síndrome burnout, es más común de lo que parece. Además de afectar al profesor también puede tener consecuencias en el alumnado.

Si tenemos hijos en el colegio o en el instituto, incluso si somos profesores, podremos encontrar varios ejemplos del síndrome del profesor quemado. Este síndrome, también conocido por el nombre de burnout, tiene graves consecuencias no solo para el maestro, sino también para el alumnado.

Un profesor debe dar una media de 20 horas a la semana a alumnos de diferentes edades. Además, tiene que lidiar con clases donde el alumnado puede ser más problemático que en otras. Esto, sumado a la responsabilidad de cumplir con la programación didáctica, genera mucho estrés y ansiedad.

Las características del síndrome del profesor quemado

Síndrome del profesor quemado

Cuando una persona sufre el síndrome del profesor quemado no disfruta con su trabajo. Un trabajo, además, que es vocacional. Está de mal humor casi todo el tiempo y solo piensa en las vacaciones o en salir de clase para irse a su casa. No obstante, vamos a ver qué otras características presenta un docente así:

  • Ignora a sus alumnos: El profesor entra en clase y empieza a dar el temario como si no hubiese alumnos. No los manda callar, no les hace caso. Él da la materia sin importarle si le están escuchando o no. Cuando finaliza la clase, se va.
  • Castiga poniendo deberes: Como es incapaz de gestionar todo el estrés que tiene encima y está muy enfadado, si los alumnos no se callan, interrumpen, no le hacen caso o se dedican a otra asignatura en su clase, les castigará poniéndoles una cantidad excesiva de deberes.
  • Se va de clase: El exceso de ansiedad y estrés puede hacer que el profesor se vaya de clase en cualquier momento incapaz de gestionar lo que está sintiendo. La mayoría de las veces acompaña esto de un portazo.
  • Grita a los alumnos: La desesperación que siente hace que grite y que muestre, claramente, que se encuentra desbordado por las circunstancias. Esto puede hacer que el alumnado le pierda el respeto.

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¿Qué consecuencias tiene para el alumnado?

La principal consecuencia que sufre el alumnado es que no es capaz de seguir el ritmo de la clase y, menos aún, de resolver las dudas que puedan surgirle. El profesor estará ausente, distante y los alumnos sentirán que no realiza su trabajo, que es enseñar y preocuparse por que entiendan la materia.

En ocasiones, suele ocurrir que el síndrome del profesor quemado hace que el docente solo le preste atención a los “mejores” alumnos. Aquellos que tienen calificaciones deseables y a los que no les supone una gran dificultad memorizar conceptos tendrán toda la atención del docente, ya que su trabajo es “fácil” en este caso y le ahorrará un gran estrés.

El problema es que aquellos a los que les cuesta más aprender o entender la asignatura se encontrarán en desventaja. Si suelen sacar malas notas, estas no mejorarán debido a la actitud que muestra el profesor.

Maneras de evitar el síndrome de burnout

El síndrome del profesor quemado se puede evitar o reducir en el caso de que ya haya aparecido. Pero, para ello, es necesario que el docente sea consciente de lo que le está ocurriendo y tenga interés en cambiarlo.

Debe quedar claro que la culpa no es del alumnado. Un cambio de perspectiva y nuevas formas de actitud pueden prevenir el síndrome de burnout.

Más práctica, menos teoría

Profesora con grupo de trabajo

El alumnado puede leer la teoría en su casa. Lo que necesita es que en clase se realicen ejercicios y no dormirse con las explicaciones del profesor o la lectura de la materia. Por lo tanto, hay que enfocar la asignatura de una manera práctica.

De esta forma, los alumnos estarán más entretenidos haciendo los ejercicios, se distraerán menos y si están hablando entre ellos es para hacer algo productivo, no para perder el tiempo. Esto también ayuda al profesor, que tendrá mucho menos estrés encima y se sentirá mejor.

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Enfocarse en que los alumnos aprendan

Es normal que no se dé todo el temario. Por eso, antes de intentar condensarlo y darlo rápido, probemos a hacer lo anterior y ser más prácticos. Nos daremos cuenta de que la teoría transformada en práctica fluye y se entiende mucho mejor.

Asimismo, el profesor debe enfocarse en los alumnos, atendiendo a sus necesidades, resolviendo sus dudas… Sería positivo que pudiese realizar tutorías por si hay preguntas que necesitan más tiempo para ser resueltas. Así no se consumen las horas de clase.

Estos consejos pueden ayudar a un profesor a recuperar ese placer por su trabajo que creía haber perdido. De manera irremediable, esto también aumentará su autoestima, le ayudará a sentirse mucho mejor y más realizado.