Síndrome del dolor regional complejo

Andrea Flores 17 abril, 2018
En algunas ocasiones, el único remedio eficaz para paliar los síntomas de esta enfermedad implica una intervención quirúrgica de la médula espinal.

El síndrome del dolor regional complejo es un trastorno asociado a una sensación de dolor intenso y crónico. Por tanto, se trata de una molestia que aparece durante un periodo de tiempo extenso (semanas, meses e incluso años).

Síntomas del dolor regional complejo

Por norma general el paciente padece una serie de alteraciones que son asociadas a esta enfermedad:

  • Dolor o molestia que varía en intensidad y suele presentarse en las extremidades del sujeto (sobre todo en los pies y en las manos). Asimismo, constituye el síntoma más característico.
  • Inflamación o hinchazón en las regiones afectadas.
  • Alteraciones en la piel en cuanto al color puesto que puede presentar tonalidades rojas, azules o blancas. Esta región también puede volverse sensible al frío o al tacto y estar sudorosa durante ciertos momentos al día.
  • Problemas en el crecimiento del cabello y de las uñas en las extremidades alteradas.
  • Dificultad para realizar movimientos que impliquen a las regiones afectadas. También pueden experimentar espasmos y una disminución del tono muscular en la zona.

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Causas del dolor regional complejo

Dolor regional.

 

Esta alteración se presenta como una respuesta anormal o exagerada ante un daño en nuestro cuerpo. Por tanto podemos distinguir numerosas causas o desencadenantes que pueden producir este trastorno:

  • Lesiones o traumatismos en las extremidades. Por ejemplo, esguinces, fracturas etc.
  • Intervenciones quirúrgicas o cirugías.
  • Alteraciones o anomalías en los nervios que forman el Sistema Nervioso o SN.
  • Todavía no se ha comprobado si el trastorno presenta un componente genético.

Diagnóstico del dolor regional complejo

Por otra parte, todavía no se ha desarrollado un prueba específica que demuestre la presencia de este problema. Sin embargo, el equipo médico puede poner en práctica una serie de procedimientos para detectar esta patología y descartar otras con características similares. Por ejemplo:

  • Examen físico. En él los especialistas pueden comprobar los síntomas que pueda experimentar el sujeto. Asimismo, se comprobará la historia clínica y los antecedentes (parientes que hayan padecido la misma alteración).
  • Obtención de imágenes internas. Por ejemplo, incluimos la Resonancia Magnética (o RM), el uso de radiografías y de gammagrafías óseas de las articulaciones afectadas. Por norma general la enfermedad produce problemas en los huesos que se pueden detectar mediante la última prueba.
  • Pruebas para detectar trastornos en el Sistema Nervioso Simpático. En ellas se comprueban la temperatura, el flujo sanguíneo, la transpiración, etc. de las regiones problemáticas.

Tratamiento del dolor regional complejo

Tratamiento para el dolor regional.

 

El objetivo final del tratamiento será calmar los síntomas que puedan surgir y recuperar la calidad de vida del paciente. Entre los más comunes podemos destacar:

  • El uso de fármacos o medicamentos. Pueden ser compuestos analgésicos (para calmar el dolor), anticonvulsivos, antiinflamatorios y para mantener la masa ósea de los huesos dañados. Asimismo, el equipo médico puede recomendar la aplicación de cremas o parches en la zona problemática (tratamiento local).
  • Fisioterapia y biorretroalimentación. Se realizan ejercicios suaves para recuperar la movilidad de la articulación. También se le enseña al paciente técnicas de relajación para aliviar la molestia que pueda sentir.
  • Aplicación de calor o frío para regular los cambios de temperatura y reducir la hinchazón.
  • Estimulación nerviosa que puede aplicarse tanto en las extremidades lesionadas como en la médula espinal. En el caso de la médula espinal se insertan pequeños electrodos y se aplica una corriente eléctrica de intensidad controlada. Así, se calma el dolor crónico aunque sea de forma temporal.

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Prevención del dolor regional complejo

Dieta equilibrada.

 

Por otra parte, todavía no se han identificado todos los factores de riesgo que aumentan las probabilidades de desarrollar esta enfermedad. Sin embargo, podemos seguir una serie de pautas recomendadas para conservar nuestra salud y mejorar nuestra calidad de vida.

Por ejemplo, seguir una dieta equilibrada y adecuada junto con la realización de actividades físicas moderadas. También se aconseja evitar hábitos insalubres como el tabaquismo, el alcoholismo o el consumo de otras sustancias tóxicas (como por ejemplo las drogas).

Si usted padece alguno de los signos o síntomas mencionados anteriormente, le recomendamos que consulte lo antes posible su equipo médico a fin de descartar la existencia de patología. De cualquier modo, un estilo de vida sano disminuye el riesgo de padecer dolencias y aumenta la supervivencia en la población general.

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