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Somos mucho más que nuestras cicatrices

Nuestras cicatrices son las marcas que nos ha dejado el aprendizaje, pero nosotros somos mucho más que eso y no tienen por qué definirnos, ya que hemos aprendido de nuestros errores
Hombre con la mano levantada

Muchos de nosotros llevamos nuestras cicatrices como si de una carga pesada se tratara. Un peso que hace que nuestro pasado esté demasiado presente, agobiándonos, agotándonos, haciendo que la ansiedad se haga presente.

Nos olvidamos de que no somos nuestras cicatrices ni los errores del pasado ni la culpa que en su momento hemos podido sentir.

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Somos mucho más, pero no lo queremos admitir. Por eso, en nuestra negación sufrimos mientras cargamos con una culpa que ya ha dejado incluso de pertenecernos.

¿Qué son los errores?

Aprendizaje nuestras cicatrices

Tras la palabra “error” se esconden multitud de creencias que provocan que nos sintamos mal cuando los cometemos. Algunas de ellas son “fracaso”, “no eres válido” o “nadie te va a querer”.

En realidad, los errores que cometemos pueden hacer que aparezcan heridas que después se transformen en nuestras cicatrices.

Unas cicatrices que no debemos abrir, sino que deben ser una señal de que hemos aprendido de las equivocaciones cometidas.

Muchas más veces de las que creemos, regresamos una y otra vez a nuestro pasado para abrir viejas heridas que nunca nos hemos detenido a sanar.

Nos sentimos mal por lo que pasó tiempo atrás, cuando el ahora es lo que importa, no lo que ya muchos han olvidado y que nosotros deberíamos haber superado.

Pero, ¿cómo se supera una situación que nos marca tanto? Aprendiendo de ella, no negándola, no manteniendo esa herida abierta.

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Hemos de dejar que esa experiencia forme parte de nuestras cicatrices, esas que nunca se volverán abrir porque ya hemos aprendido la lección.

No obstante, en ocasiones esto no es así. El problema principal radica, entonces, en que nos sentimos culpables.

La culpabilidad que abre nuestras cicatrices

Hombre leyendo un libro bajo un árbol

La culpabilidad es un gran mal, pues las personas manipuladoras utilizan nuestra gran susceptibilidad a la culpa para así poder manejarnos a su antojo.

En realidad no tenemos que sentirnos culpables de nada. Pues todo lo llevado a cabo lo hicimos en su momento porque así lo sentimos, quisimos o porque de esa manera ocurrió.

Entonces, si algo sale mal ¿qué tenemos que hacer? Volviendo atrás, aprender. Siempre podemos aprender algo de lo que experimentamos.

Por muy malo que haya sido, por muy grande que haya sido el tropiezo que hemos dado.

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La culpa no nos deja pasar página y seguir avanzando. Impide que veamos lo que ocurrió en el pasado como una experiencia. En vez de eso, la trae al presente para hacerla vívida en un tiempo al que no pertenece.

De esta manera, nos identificamos con lo que no somos. Con algo que ya es pasado. ¿Hay alguna manera de erradicar esto?

1. ¿De dónde proviene esa culpa?

Para que nuestras cicatrices dejen de definirnos, es necesario que analicemos de dónde proviene la culpa que sentimos.

  • Lo más probable es que esta provenga de múltiples creencias que rodean a la situación vivida y que nos hacen verla desde una perspectiva muy negativa.
  • Puedes escribir la respuesta a esta pregunta en un papel, dándole rienda suelta a tu mano para que escriba todo sin atender a formato, letra bonita y demás.

Deja que tus sentimientos hablen a través de tus palabras.

2. Diferencia entre culpabilidad y responsabilidad

mujer-sola

  • La culpabilidad es el hecho de ser el causante de algo negativo. Por ejemplo, serle infiel a la pareja.

Sin embargo, esa culpa incita a tener pensamientos rumiantes, a fustigarnos y a lamentarnos, a desear poder dar marcha atrás para cambiar lo sucedido.

  • En cambio, la responsabilidad por lo sucedido es diferente. Deja ir a la culpa y abraza el hecho de enmendar lo que se ha hecho.

Por ejemplo, aceptando el error y las consecuencias que pueda haber (que la pareja quiera romper la relación).

Gracias a la responsabilidad aprendemos de un error cometido, pero con la culpa nos estancamos y no podemos salir de ahí. Así, nos lamentamos durante años por algo que deberíamos haber soltado.

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Ahora ya sabemos que nuestras cicatrices no nos definen, sino que más bien lo hace nuestra manera de actuar y de comportarnos ante las diferentes situaciones que vivimos.