Somos mucho más que nuestras cicatrices

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 29 enero, 2019
Raquel Lemos Rodríguez · 5 octubre, 2017
Nuestras cicatrices son mucho más que el recuerdo de nuestros errores. No tienen por qué definirnos negativamente sino recordarnos que hemos vivido una situación y hemos conseguido aprender de ella.

Muchos de nosotros llevamos nuestras cicatrices como si de una carga pesada se tratara; esto hace que nuestro pasado esté demasiado presente, agobiándonos, agotándonos. También permite que la ansiedad tome cuerpo.

Entonces nos olvidamos de que no somos solo nuestras cicatrices o nuestros errores del pasado. Somos mucho más que todo eso, pero no lo queremos admitir. Por eso, sufrimos mientras cargamos con una culpa que ya ha dejado incluso de pertenecernos.

¿Qué son los errores?

Aprendizaje nuestras cicatrices

Tras la palabra error hay muchas creencias que provocan malestar. Algunas de ellas son: ”eres un fracaso”, “no eres válido” o “nadie te va a querer”. Y, con más frecuencia de la que pensamos, regresamos una y otra vez al pasado para abrir viejas heridas y sufrir por lo que pasó tiempo atrás, cuando el ahora es lo que importa.

Los errores cometidos se transformarán, con el tiempo, en nuestras cicatrices. Pero no por ello debemos sentirnos mal. Tampoco va a beneficiarnos negar la situación o intentar ocultar la cicatriz.

En otras palabras, darle vueltas a un pasado no es la mejor manera de seguir adelante. Hay que buscar la forma de trabajar la culpa para superar nuestras inquietudes y cerrar tanto ciclos como heridas. Una vez hayamos trabajado en esto, podremos ver que las cicatrices están allí para recordarnos que, a pesar del error cometido, aprendimos algo y seguimos avanzando.

No hay que dejar que una mala experiencia nos haga sufrir más allá del momento. No debemos dejar que la herida se mantenga abierta. Pero esto puede ser muy difícil de manejar en algunos casos. La culpa no es algo que se trabaje fácilmente.

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La culpabilidad que abre nuestras cicatrices

Hombre leyendo un libro bajo un árbol

No hay por qué vivir sintiendo culpa. Todo lo llevado a cabo lo hicimos en su momento porque así lo sentimos, quisimos o porque de esa manera ocurrió. Lo hecho, hecho está y no se puede volver el tiempo atrás para cambiarlo. Aunque sí se puede recordar la situación para aprender y actuar mejor la próxima vez.

La culpa no nos deja pasar página y seguir avanzando. Impide que veamos lo que ocurrió en el pasado como una experiencia capaz brindarnos una herramienta. Solo trae de vuelta el dolor, en un tiempo al que ya no pertenece.

Entonces, si algo sale mal ¿qué tenemos que hacer? Aprender, más allá del dolor, la vergüenza y la culpa. Por muy malo que haya sido, por muy grande que haya sido el tropiezo, siempre podemos aprender algo de lo que experimentamos.

En lugar de identificarnos con lo que no somos, con algo que ya es pasado, hay que buscar la forma de seguir adelante. No hay que olvidar que, parte de la importancia de gestionar adecuadamente la culpa es protegerse de las personas manipuladoras.

¿De dónde proviene esa culpa?

Para que nuestras cicatrices dejen de definirnos de forma negativa, es necesario que analicemos de dónde proviene la culpa que sentimos.

  • Lo más probable es que esta provenga de múltiples creencias que rodean la situación vivida y que nos hacen verla desde una perspectiva muy negativa.
  • Puedes escribir la respuesta a esta pregunta en un papel, dándole rienda suelta a tu mano para que cuente todo sin atender a formato, letra bonita y demás pormenores. Deja que tus sentimientos hablen a través de tus palabras.

Diferencia entre culpabilidad y responsabilidad

mujer-sola

  • La culpabilidad nos hace creer que somos los causantes de algo negativo. Y puede llevarnos a tener pensamientos rumiantes, fustigarnos y lamentarnos por algo que ya no vale la pena. También nos lleva a desear poder dar marcha atrás para cambiar lo sucedido y evitar ser responsables.
  • Deja ir a la culpa y abraza el hecho de que lo ocurrido ya pasó y que ahora es momento de tratar de aprender y enmendar lo que se ha hecho. Hay que aceptar el error y sus consecuencias.

Gracias a la responsabilidad aprendemos de un error cometido y nos fortalecemos. En cambio, con la culpa nos estancamos y no podemos salir de ahí. Así, podemos lamentarnos durante años por algo que deberíamos haber soltado.

Ahora ya sabemos que nuestras cicatrices no nos definen para mal, sino que permiten ayudarnos a ser mejores, manteniendo una coherencia entre pensamiento y acción.