¿Son las vacunas peligrosas para la salud?

Yamila Papa 18 diciembre, 2013
La mayoría de las vacunas que se ponen a los niños contienen la misma dosis para todos, sin tener en cuenta su altura ni su peso

Existen grandes controversias en relación a este punto y también mucha información tergiversada. Las investigaciones demuestran que las vacunas contienen, entre otros elementos, aluminio, que trae como consecuencia problemas de todo tipo. Conoce algunos datos sobre las vacunas y los mitos más frecuentes en torno a ella.

El aluminio, componente de las vacunas

Durante una Conferencia en Washington D.C. El Dr. David Ayoub explicó a los presentes que el hecho de que las vacunas contengan aluminio las hace mucho más tóxicas y peligrosas que varios medicamentos que se ingieren por vía oral o bien que las presentaciones anteriores, con mercurio. El experto relaciona este material con el autismo, por ejemplo.

Los padres de niños con esta enfermedad han confirmado que los estudios de toxicidad de sus pequeños mostraban grandes índices de mercurio en sangre. Al disminuir la cantidad de mercurio en las vacunas, han aumentado el de aluminio, para aumentar la respuesta inmune al antígeno. Esto es, a lo que el cuerpo responde, creando anticuerpos contra él.

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Las vacunas que contienen aluminio en su composición son: hepatitis A y B, Pneumococcal, HPV y DtaP (difteria, tétanos y pertussis). La cantidad de este metal puede variar y su toxicidad no depende únicamente de la dosis, sino de cómo se distribuye en el cuerpo. Se sabe que una aplicación pequeña que liberó aluminio fácilmente al organismo puede ser más tóxica que muchas aplicaciones grandes que permanezcan más tiempo en el tejido adiposo.

En el caso de los niños, ellos reciben muchas vacunas en un corto período, durante los primeros meses de vida y eso es sumamente peligroso para su salud, a diferencia de lo que nos hacen creer. En la actualidad, reciben más de 10 vacunas con aluminio antes del ingreso a la escuela, porque el calendario obligatorio de vacunación es más exigente que décadas atrás.

Presta atención porque no sólo el mercurio procede de las vacunas, sino que las otras dos fuentes principales de exposición son las amalgamas en las caries y el pescado.

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Mitos y verdades sobre las vacunas

Desde hace mucho tiempo, la vacunación parece ser el mayor avance de la medicina moderna. O al menos eso es lo que nos quieren hacer creer. No todos están de acuerdo en que es una prevención sanitaria eficaz y se duda mucho sobre los efectos nocivos que puede traer a la salud. Algunos mitos y verdades sobre las vacunas son:

  • “Las vacunas son seguras”. Sólo en Estados Unidos, un gran porcentaje de personas que han recibido una vacuna en el último año sufren reacciones adversas, como ser discapacidades permanentes o incluso, fallecen. Algunos estudios demuestran que hay una relación entre las vacunas y el síndrome de muerte infantil súbita. En Japón, por ejemplo, se ha retrasado el inicio de vacunación en los niños a partir de los dos años y los casos de fallecimiento por este síndrome descendieron notablemente.
  • “Las vacunas son eficaces”. Parece ser la verdad médica más difundida. Sin embargo, han habido epidemias de gripe, poliomelitis, viruela, paperas y sarampión entre las personas que fueron vacunadas en Japón, Omán o las Filipinas. En el caso de la vacuna de esta última, produce la supresión inmunitaria, ayudando a contraer otras infecciones. Por otra parte, el hecho de “inmunizar” a toda una población es contraproducente.

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  • “Las bajas tasas de enfermedad se atribuyen a las vacunas”. Esto fue mucho antes de crear los programas de vacunación obligatoria en los países. En Inglaterra entre 1850 y 1940 las enfermedades infantiles se redujeron en un 90% por las mejoras en el saneamiento y las prácticas de higiene. Tras las campañas de vacunación de viruela o sarampión, hubo un aumento significativo de pacientes con ambas enfermedades.
  • “La inmunización es la razón por la que las vacunas son eficaces”. Es cierto que la vacunación estimula la producción de anticuerpos, pero no hay evidencia que garanticen la inmunidad total hacia un patógeno. La inmunidad natural es un mecanismo complejo y no sólo se debe a un factor como ser las vacunas. También la alimentación, el estado de ánimo, la vida sana, etc. Nunca se ha demostrado clínicamente que una vacuna previene una enfermedad. Por otro lado, todos los niños reciben la misma dosis sin tener en cuenta su peso y altura ni tampoco su sistema inmunológico, que no puede estar completamente maduro todavía.

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  • “Las enfermedades infantiles son muy peligrosas”. Las infecciones en la infancia son en su mayoría benignas y limitadas. Atravesarlas es bueno para el cuerpo del niño porque lo ayudan a inmunizarse por sus propios medios. Todo indica que al contrario de lo que se piensa, las vacunas aumentan la vulnerabilidad de contraer enfermedades o de aplazar su contagio a edad adulta, cuando se vuelven más peligrosas.
  • “Si no hay reacción adversa inicial, la vacuna es segura”. Hay problemas de salud que se experimentan con el correr del tiempo y son más graves de lo que se supone. Artritis, autismo, anemia, esclerosis, lesiones en la piel, entre otras. Esto se debe a los materiales que componen las vacunas, muchos de ellos tóxicos y cancerígenos, como ser el mercurio o el aluminio, por sólo nombrar los dos más conocidos. En química estas sustancias se consideran peligrosas, aún en dosis mínimas. Antes de las campañas obligatorias de vacunación (en los años 40) los niños con autismo eran casos muy raros. Hoy en día ya es una pandemia. Muchos científicos lo relacionan a los componentes de las vacunas.

Imágenes cortesía de U.S. Army Corps, DFID UK Department, Daniel Paquet, Noodles and Beef, Cambodia4kids.org

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