Soy feliz contigo, pero también sin ti

Raquel Lemos 25 septiembre, 2017
Para poder disfrutar de una relación sana y sin dependencias es importante que aprendamos a ser felices solos para no poner nuestro bienestar en manos de los demás

Puede que si te digo que soy feliz contigo, pero también sin ti, te sientas poca cosa. Alguien a quien no considero especial porque no lo necesito.

Sin embargo, los años de experiencia en relaciones de pareja en las que dependía, necesitaba y también exigía esto de la otra persona me han enseñado que no es la base ideal para un amor sano.

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El amor sano se basa en la libertad, no en la necesidad; el amor sano no controla, ni exige. Por eso, aunque suene duro, soy feliz contigo, pero también sin ti.

Mi vida no se termina si tú no estás

Dependencia emocional

La concepción que tenemos del amor es tan dañina que frases del estilo “sin ti yo me muero”, “hasta que no te conocí mi vida no tenía sentido” pululan como si fueran verdades certeras.

Esto que consideramos amor, en realidad, se convierte en una dependencia hacia el otro sin el cual no podemos vivir, no podemos continuar existiendo pues dicha existencia nos la proporciona la otra persona.

Continuamos creyendo que nuestra vida depende de encontrar a esa media naranja que nos complete para así sentirnos enteros y ser, entonces, realmente felices.

No obstante, ¿por qué muchas veces las relaciones no funcionan? ¿Por qué en ocasiones el amor que gritamos a los cuatro vientos no es suficiente? Porque, en realidad, no estamos amando de una manera sana.

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El amor saludable, quizás el que podemos considerar el de verdad, no depende de si la otra persona está o no está a nuestro lado.

Muchas son las circunstancias que pueden darse y que pueden impedir que esto pueda llevarse a cabo.

Por ejemplo, podemos amar a alguien que está en otra relación o a alguien que está a kilómetros de nosotros.

En ocasiones, las parejas tienen que hablar sobre la posibilidad de que esa relación vaya adelante o no. Pero esto no implica que no haya amor. Es que estamos equivocados.

El amor por sí solo no basta

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Creemos que el amor lo puede todo y por eso caemos en la falsa creencia de que “sin ti yo no soy nada”. Sin embargo, no nos damos cuenta de una cosa.

A veces nos enamoramos de alguien que no nos conviene. Existe amor, sí, pero la relación no va a llegar a buen puerto.

Es en estas ocasiones en las que tenemos que pensar con la cabeza y tomar decisiones. Porque, aunque el amor nos haga vivir sensaciones únicas y muy intensas, por sí solo no basta.

Hay más cosas que tener en cuenta como, por ejemplo, las siguientes:

  • ¿La otra persona comparte los mismos valores que yo tengo?
  • Yo doy el 50 % en la relación, ¿pero qué porcentaje aporta mi pareja?
  • ¿Tengo que someterme y permitir que me haga daño alguien solo porque lo amo?

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El amor parece algo muy grande, el fin con el que alcanzar nuestra máxima felicidad. No obstante, no nos damos cuenta de que el amor se construye, y es trabajo de dos personas el que los cimientos se mantengan.

Puedo ser feliz sin ti

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¿A cuántas relaciones dañinas nos hemos aferrado porque creíamos que el fin de las mismas significaba el fin de nuestra felicidad? ¿Acaso no hay nadie más para nosotros?

No es necesario tener pareja para ser feliz. Creer lo contrario puede provocar que enganchemos relaciones, unas detrás de otras, solamente para evitar que suceda aquello que tanto tememos.

Es importante que alejemos la idea de que la otra persona nos va a hacer felices, porque los únicos que podemos hacerlo somos nosotros mismos.

Dejar esta responsabilidad en manos ajenas es como condenarnos a una vida llena de inseguridades e infelicidad.

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Si tu felicidad depende de otra persona, si crees que si abandonas una relación ya no puedes vivir, quizás sufras dependencia emocional o tengas una idea equívoca sobre lo que es el amor.

Es necesario que sepas ser feliz en soledad, es decir, sin tener pareja. Solo así podrás no depender de nadie y construir un amor sano que no supla necesidades insatisfechas.

 

 

 

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