Sufrimiento: ¿qué ocurre en nuestro cerebro cuando lo sentimos?

La vida es un aprendizaje continuo. Debemos aprender de nuestros errores para crecer como personas.

Como suele decirse, “las raíces de los árboles crecen más durante las tormentas”. Es decir, de algún modo, en ocasiones nos hace falta sufrir para aprender y crecer como personas que han obtenido algún tipo de sabiduría de sus errores o fracasos. Conozcamos hoy un poco más sobre esta dimensión.

1. El sufrimiento,  escultor de nuestro cerebro

Llorar es un acto natural y necesario para liberar tensiones y emociones.

Seguramente todos nosotros ya lo intuíamos. Pero experimentar a lo largo de nuestra vida un sufrimiento continuado, somete a nuestro cerebro a profundos cambios que afectarán, inevitablemente, a nuestra personalidad. Pensemos, por ejemplo, en los niños. En una criatura que haya experimentado abusos desde una edad muy temprana. No hay nada más destructivo que una infancia dolorosa con hechos como éste. Los médicos y psiquiatras nos dicen que el sufrimiento, en estos casos, es similar al de un soldado en combate.

Se experimenta un miedo continuo, estados de alerta, altas dosis de ansiedad y tristeza continuada. Ello se traduce en alteraciones a nivel cerebral y de liberación de ciertos neurotransmisores. Se estimulan zonas como la amígdala o la corteza insular, asociadas al miedo y al dolor. Esta estimulación genera a largo plazo, consecuencias a nivel de personalidad: desconfianza, rabia, posibilidad de sufrir depresiones e incluso ciertas dosis de violencia.

Obviamente no ocurrirá lo mismo en todo el mundo, pero las posibilidades son altas. Piensa, por ejemplo, en un matrimonio donde hayan existido malos tratos. Al final, ese exceso de sufrimiento a nivel cerebral, nos sumirá en una indefensión donde emergerá la depresión, la rabia, la frustración… es algo a tener en cuenta.

2. El sufrimiento, maestro de aprendizajes vitales

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La vida no es un sendero pacífico de felicidad garantizada. Un camino recto sin piedras. En absoluto. Debemos saber que la vida, tiene sus pinceladas de agradables emociones de las cuales aprender, pero sin lugar a dudas, también el sufrimiento es un gran maestro. Tal vez el mejor. Y el más despiadado.

Como suele decirse, quien no ha sufrido no ha vivido. Tal vez sea una expresión exagerada, pero vale la pena tenerla en cuenta. Todos hemos de aprender de nuestros fracasos, de nuestras pérdidas. Quien no aprende de los errores no entiende qué es la vida: un aprendizaje continuo. Quien no asume las pérdidas no será capaz de dar un paso adelante para vencerlas y ser más fuerte.

El sufrimiento no es agradable, lo sabemos, pero no debe ser ese muro que cerque tu vida y que te cierre todas tus puertas. Tu autoestima, tu fuerza interior y tu voluntad, deben ser esos motores que enciendan tu capacidad para vencer el sufrimiento. No lo olvides.

3. El sufrimiento busca liberarse

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No acumules tu sufrimiento de por vida sin hacerle frente. Vivir de modo continuado con ese dolor generará muchos problemas en tu cerebro: altos niveles de cortisol, alto nivel de estrés, dificultades para asentar aprendizajes nuevos, pérdida de memoria… nos va debilitando poco a poco, quitándonos salud y equilibrio emocional.

Si está en tu mano liberarte, sencillamente HAZLO. Si hay alguien que te hace daño, reacciona. Si hay algo que te oprime hasta dejarte sin respiración, escapa o hazle frente. Desahógate con lágrimas, grita si lo necesitas. Levanta tu voz y echa abajo esas paredes que te hieren y que sin duda, no mereces. Porque nadie merece el sufrimiento, y más si es de modo continuado.

Busca esa llave que ofrezca solución a tus problemas siempre que esté en tu mano conseguirlo. Todo esfuerzo merecerá la pena y tu salud, sin lugar a dudas lo merecerá.

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