Claves para superar el “Síndrome de Wendy” o la necesidad de satisfacer al otro

El problema del síndrome de Wendy aparece cuando nos vaciamos para darle todo al otro y no recibimos nada a cambio. Al igual que la otra persona, también nosotros merecemos estos cuidados

El “síndrome de Wendy” tiene su raíz en la psicología popular.

Ahora bien, a pesar de no ser un trastorno reconocido por los manuales de psicodiagnóstico, recoge ciertos aspectos que sí se traducen en dimensiones clínicas que requieren un tratamiento.

Centrar nuestra existencia en el cuidado ajeno provoca una paulatina autodestrucción. La bajada de la autoestima o el agotamiento físico y mental pueden derivar perfectamente en una depresión.

Las literatura clásica nos ha traído muy a menudo auténticos arquetipos capaces de describir comportamiento muy reales.

El “síndrome de Wendy”, el “síndrome de Peter Pan”, el “síndrome de de Otelo” o el  “síndrome de de Alicia en el País de las Maravillas” describen trastornos, problemas y comportamientos donde la ficción se transforma muchas veces en realidad.

Ahora bien, podríamos decir sin equivocarnos que el que da título a este artículo es el más común de todos.

De algún modo, muchas mujeres lo interiorizamos, no por imposición, sino porque así lo hemos visto en generaciones anteriores y porque así lo sentimos.

Porque quien cuida y atiende, ama. Porque darlo todo es, en apariencia, una forma excepcional de amar. Sin embargo, a veces se nos olvida algo: quien da también merece y debe recibir. 

Es ahí donde empieza el problema, la disonancia emocional, la tristeza. Te proponemos reflexionar sobre ello a través de las siguientes claves.

Síndrome de Wendy o la autorrenuncia progresiva

A pesar de que este síndrome, como hemos señalado, está relacionado con la psicología popular, la sintomatología que presenta es muy clara:

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  • Entendemos que amar es ,por encima de todo, atender al otro.
  • Durante mucho tiempo nos sentimos bien por establecer este tipo de relación. Es así como entendemos el amor.
  • No nos preocupa (al principio) que los demás no nos atiendan de igual modo. Nos basta con saber que nuestra pareja se siente amada por nosotras y que es feliz. Es así como nos sentimos bien.
  • Hacemos lo que sea para que quienes nos rodean no se enfaden, no se molesten. Luchamos por el equilibrio ajeno olvidando el nuestro.
  • Sin embargo, poco a poco percibimos que los demás perciben cada esfuerzo y cada renuncia llevada a cabo como “algo normal”. Hasta el punto de volverse tiránicos y exigentes.

Si esto mismo es lo que estás experimentando en la actualidad, toma nota de ciertos aspectos que deberías cambiar.

Síndrome de Wendy

Entiende que amor no es sacrificio: amor es dar y RECIBIR

A muchos nos han educado en la idea de que en el amor hay que renunciar a ciertas cosas para garantizar la relación. Si quieres a alguien, “tienes que callar” muchas cosas.

También nos han hecho creer que hemos de decir “sí” cuando lo que pensamos es “no”. Que querer es, por encima de todo, priorizar al otro antes que a nosotros mismos.

Si también tú tienes integrados estos esquemas de pensamiento, empieza a derrumbarlos para albergar otros nuevos:

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  • Amar no es renunciar. Si renuncias te conviertes en un sucedáneo de ti misma.
  • Una relación afectiva debe ser madura y consciente. Ambos miembros deben dar, no hay duda, pero igual de importante es recibir.+
  • Se trata de formar equipo, de armonizar fuerzas, intereses y necesidades.
  • En el síndrome de Wendy siempre hay uno que ofrece y uno que recibe. Uno que gana y otro que, poco a poco, va perdiendo.
  • No obstante, el auténtico problema está en que la otra persona no se da cuenta de ello. En el inicio de las relaciones uno se siente feliz cuidando, preocupándose, mirando cada detalle para ofrecer el máximo bienestar.
  • Sin embargo, con los meses o años, notamos “que algo falla”. Al final todo lo que hacemos se da por sentado, no se aprecia y, aún más, se exige.

No hemos de caer en estos laberintos tan complicados e infelices.

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Ideas para enfocar de otro modo las relaciones afectivas

Primer y esencial consejo: nunca dejarás de ser tú mismo por mucho que ames a la otra persona. De lo contrario, tarde o temprano, aparecerá la frustración, el malestar, la infelicidad.

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Cuida, protege, otorga, regala, renuncia… Ahora bien, tu pareja también debe cuidarte, otorgarte, regalarte y llevar a cabo alguna renuncia por ti. No obstante, puntualicemos: haremos renuncias siempre que sean por el bien común.

  • No pidas perdón por algo que no es responsabilidad tuya.
  • El mayor miedo de las personas con síndrome de Wendy es ser abandonadas. Para evitar que esto ocurra pueden hacer cualquier cosa (nunca deberíamos llegar a este extremo).
  • Es necesario que aprendamos a ser felices en soledad. Disfrutar de nosotros mismos hasta el punto de saber que si nos quedamos sin pareja el mundo no se va a terminar.
  • Aprende a su vez a corregir tus patrones de pensamiento, en especial, aquellos que te traen sufrimiento. De este modo crearás nuevas emociones con las que ser más fuerte.
  • Rompe ideas como “si lo cuido mejor me querrá más”, “es mejor que renuncie a esto y así se dará cuenta de cómo lo quiero”.
  • Deja de proyectar todas tus esperanzas, anhelos y energías en la otra persona. Reparte y hazlo con equidad. Tú mereces mi amor y también yo merezco tu respeto.

Recuerda, en el amor merecemos dignidad. No aceptes rebajas: aprende a recibir y lucha por tu integridad personal.

 

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