Claves para superar el síndrome de Wendy o la necesidad de satisfacer al otro

Valeria Sabater·
28 Abril, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña al
16 Diciembre, 2018
Algunas personas se centran tanto en cuidar a los demás que acaban olvidándose de sí mismas, por lo que acaban experimentando cierto malestar y cansancio. Se trata del síndrome de Wendy.
 

El síndrome de Wendy tiene su raíz en la psicología popular y hace referencia a la necesidad de satisfacer y colmar de deseos a otra persona. Ahora bien, a pesar de no ser un síndrome reconocido por los manuales de psicodiagnóstico, recoge ciertos aspectos que sí se traducen en dimensiones clínicas que requieren un tratamiento.

Centrar tu existencia en el cuidado ajeno provoca una paulatina autodestrucción. La bajada de la autoestima o el agotamiento físico y mental pueden derivar perfectamente en una depresión.

Síndrome de Wendy o la autorrenuncia progresiva

Mujer infeliz mirando por la ventana

La literatura clásica ha traído muy a menudo auténticos arquetipos capaces de describir comportamiento muy reales. El síndrome de Wendy; el síndrome de Peter Pan; el síndrome de Otelo o el “síndrome de Alicia en el País de las Maravillas describen trastornos, problemas y comportamientos en los que la ficción se transforma muchas veces en realidad.

 

Las influencias culturales hacen que sean las mujeres las que tienen una mayor probabilidad de padecer este problema. La educación recibida, las experiencias o las circunstancias presentes en las que se encuentra la persona pueden hacer que se derive en este comportamiento.

Por eso, lo principal es ser consciente del problema para empezar a gestionar las propias emociones. Porque darlo todo es, en apariencia, una forma excepcional de amar. Sin embargo, a veces se olvida algo: quien da también merece y debe recibir.

Es ahí donde empiezan la disonancia emocional y la tristeza. Reflexionemos sobre ello.

Características del síndrome de Wendy

A pesar de que este síndrome, como hemos señalado, está relacionado con la psicología popular, la sintomatología que presenta puede ayudar a definir el perfil de la persona que lo sufre:

  • Entiende que amar es, por encima de todo, atender al otro. Se siente bien por establecer este tipo de relaciones.
  • No le preocupa, al principio, que los demás no le atiendan de igual modo. Le basta con saber que su pareja se siente amada y que es feliz.
 
  • Se siente imprescindible e intenta asumir las responsabilidades del otro.
  • Evita los conflictos para que su pareja no se enfade ni se moleste. Lucha por el equilibrio ajeno olvidando el suyo propio.
  • Se disculpa o se siente mal cuando las cosas no salen como estaban previstas, sobre todo, en lo que respecta a su pareja.

Sin embargo, poco a poco percibe que los demás entienden cada esfuerzo y cada renuncia llevada a cabo como algo normal. Hasta el punto de volverse tiránicos y exigentes.

Si esto mismo es lo que estás experimentando en la actualidad, toma nota de ciertos aspectos que deberías cambiar.

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Entender que el amor no es sacrificio: amor es dar y recibir

La sociedad educa en la idea de que en el amor hay que renunciar a ciertas cosas para garantizar la relación. También ha hecho creer que se ha de decir “sí” cuando lo que piensa es “no”. Que querer es, por encima de todo, priorizar al otro antes que a uno mismo.

 

Si tienes integrados estos esquemas de pensamiento, empieza a derrumbarlos para albergar otros nuevos:

  • Amar no es renunciar. Si renuncias, te conviertes en una imitación de ti mismo.
  • Una relación afectiva debe ser madura y consciente. Ambos miembros deben dar, no hay duda, pero igual de importante es recibir.
  • Se trata de formar equipo, de armonizar fuerzas, intereses y necesidades.

En el síndrome de Wendy siempre hay uno que ofrece y uno que recibe. Uno que gana y otro que, poco a poco, va perdiendo.

No obstante, el auténtico problema está en que la otra persona no se da cuenta de ello. En el inicio de las relaciones uno se siente feliz cuidando, preocupándose, mirando cada detalle para ofrecer el máximo bienestar.

Sin embargo, con los meses o años, se empieza a notar que algo falla. Al final, todo lo que se hace se da por sentado, no se aprecia y, aún más, se exige. No has de caer en estos laberintos complicados e infelices.

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Mujer preocupada por su marido

Ideas para enfocar de otro modo las relaciones afectivas

Primer y esencial consejo: nunca dejes de ser tú mismo por mucho que ames a la otra persona. De lo contrario, tarde o temprano, aparecerán la frustración, el malestar y la infelicidad.

Cuida, protege, otorga y regala. Ahora bien, tu pareja también debe hacer lo mismo por ti.

  • No pidas perdón por algo que no es responsabilidad tuya.
  • El mayor miedo de las personas con síndrome de Wendy es ser abandonadas. Para evitar que esto ocurra, pueden hacer cualquier cosa. Nunca hay que llegar a este extremo.
  • Es necesario aprender a ser felices en soledad. Disfrutar de uno mismo hasta el punto de saber que si uno se queda sin pareja, el mundo no se va a terminar.
  • Aprender, a su vez, a corregir ciertos patrones de pensamiento, en especial, aquellos que provocan sufrimiento. De este modo, se crearán nuevas emociones con las que sentirse más fuerte.
 
  • Dejar de proyectar todas tus esperanzas, anhelos y energías en la otra persona. Reparte y hazlo con equidad. Tú mereces mi amor y también yo merezco tu respeto.

Recuerda, darlo todo en una relación puede desembocar en frustraciones e insatisfacción. Es importante detectar estos comportamientos para aprender a superarlos y a luchar por la integridad personal. Porque solo cuando te quieras y respetes, podrás ofrecer lo mismo a los demás.

 
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