Te pueden manipular una vez, pero a la segunda ya debes saber cómo poner límites

Te pueden manipular una vez, pero a la segunda ya debes saber cómo poner límites

Para no dejarnos manipular debemos aprender a decir “no” y no sentirnos culpables por ello. Hay quienes nos intentarán hacer cambiar de parecer, pero pensando en su propio bienestar, no en el nuestro
mujer con hilos que se deja manipular

Todos en algún momento de nuestro ciclo vital nos hemos “dejado” manipular.

Lejos de avergonzarnos o de intentar esconderlo, debemos entender, en primer lugar, que la persona manipulada no es capaz de reconocer tal dinámica, tales artificios y semejantes artimañas que, generalmente, se despliegan con sutil habilidad.

La primera vez no lo vemos venir. Quizá porque somos jóvenes, quizá porque aún no disponemos de mucha experiencia de vida para saber qué perfil tiene el manipulador.

Sin embargo, tras ese primer aprendizaje y esa experiencia temprana, deberíamos ser capaces de integrar cada dato, cada acción, palabra y gesto para identificar nuevos comportamientos y saber colocar un límite, una barrera defensiva.

A su vez, no podemos olvidar que este tipo de experiencias suceden siempre por algo: para aprender, para que así seamos capaces de sortear nuevas piedras en el camino para avanzar con mayor integridad y plenitud.

¿Por qué nos dejamos manipular una y otra vez?

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Son muchas las personas que, a diferencia de lo que hemos señalado con anterioridad, tropiezan una y otra vez con la misma piedra: se dejan manipular de forma consciente, cayendo de forma reiterada en el mismo tipo de relaciones.

¿Por qué ocurre? ¿Qué explicación psicológica puede haber detrás de estas dinámicas?

  • Las personas que se dejan manipular de forma constante están necesitadas de refuerzos positivos.
  • Los manipuladores halagan, son amables al principio, aduladores y proveedores de múltiples refuerzos positivos para conseguir lo que desean.

Algo así es algo muy atractivo para quien necesita sentirse alabado.

  • A su vez, otro aspecto que explica esta cesión voluntaria a la manipulación es el hecho de no saber realmente qué es sentirse amado o respetado de verdad.
  • En ocasiones, hay quien nunca ha tenido un vínculo fuerte y digno con ninguna persona, ni siquiera a nivel familiar.

Sienten “hambre” de afecto y de ahí, que sean capaces de aceptar cualquier “sucedáneo”, por muy temibles que sean los efectos secundarios.

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La última “gota” que debe colmar el vaso de tu paciencia

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Antes de convertirnos en tristes adictos a esas relaciones de doble filo, interesadas y falsas, debemos ser capaces de cortar uno por uno cada hilo de esa manipulación que nos mantiene unidos a determinadas personas.

Debe haber siempre una “última gota” que colme el vaso de nuestra paciencia. Es decir, cada uno de nosotros debe encontrar ese límite infranqueable que nadie debe sobrepasar.

  • Nadie debe hacerte creer que eres poco hábil, ineficaz, torpe o no merecedor de aquello que te propones.
  • Nadie debe vulnerar tus derechos personales, tu derecho a tener voz, opinión, capacidad de actuar y de decidir.
  • Nadie puede atacar o ironizar sobre tus valores, ideas o creencias.
  • Nadie debe hacerte sentir que eres inferior.
  • Nadie tiene autoridad sobre ti.
  • Nadie puede tocar un solo hilo del magnífico tejido de tu autoestima.

Reflexiona sobre cada dimensión aquí enumerada, porque cada una de ellas es una gota que colma cualquier vaso que contenga nuestra paciencia y debe animarnos a reaccionar.

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Fuimos manipulados una vez y nunca más

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El arte de manipular es muy común, pero no por común es permisible.

  • Lamentablemente, este tipo de comportamientos donde intentar influir en la forma de actuar o en las emociones de los demás en beneficio propio es habitual.

Lo podemos encontrar en las relaciones de pareja, en las amistades, en el seno de muchas familias y también en los entornos laborales.

  • Debemos ser capaces de identificar esos mecanismos y de reaccionar ante ellos.
  • Hacerlo no es ni mucho menos un acto egoísta o desmesurado, sino de bienestar físico, psíquico y emocional.

Decimos un “acto egoísta o desmesurado” porque es muy común que la persona que intenta poner límites sea vista ante los ojos del manipulador como suspicaz o desconfiada.

De ahí, que sea común que nos digan cosas como “pero si yo lo que quiero es lo mejor para ti, qué mal pensado eres, qué desconfiado o qué poco amable te muestras con todo lo que yo te aprecio”.

Un “NO” a tiempo salva vidas

Este es, sin duda, el primer principio que debemos integrar en nuestro día a día: un “no” a tiempo nos evita múltiples problemas posteriores.

  • Si algo no nos agrada o nos incomoda, hay que decirlo en voz alta para que las otras personas sepan bien dónde están nuestros límites.

Haz lo que sea justo y adecuado para ti

Jamás debemos ceder en aquello que no nos parece adecuado. No importa que sea nuestra pareja, hermano o padre quien nos pida algo que va en contra de nuestros principios o valores.

Si no nos sentimos cómodos, si no nos gusta o nos inquieta, no lo haremos.

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Ya no soy un “blanco fácil”

Es posible que durante una época de nuestra vida fuéramos lo que se conoce como “un blanco fácil”. 

  • Eramos esa persona fácilmente manipulable, que decía “sí” cuando lo que deseaba era un “no” y a la inversa.
  • Eso se ha terminado. Debemos poner firmezas en nuestra mente, valentía en el corazón y dignidad en nuestra autoestima.
  • Nadie merece ser manipulado ni alimentado con un amor de “marca blanca”, con un cariño envenenado y un interés camuflado.

Reaccionemos.