Te quise hasta que mi dignidad dijo: "no es para tanto"

Valeria Sabater·
18 Agosto, 2020
En todas las relaciones que mantengamos, sean o no sentimentales, debemos tener claro que merecemos el respeto de los demás.

La dignidad es esa frontera personal y emocional que ejerce de protector psicológico. Dependiendo de dónde tengamos ese límite, nuestras relaciones personales y sociales gozarán de una mejor salud.

La dignidad en las relaciones afectivas no debe aceptar rebajas ni concesiones. En el momento en que empecemos a ceder y a dejar ir una renuncia tras otra, este tejido excepcional y valioso se romperá. 

Nos han educado en la idea de que si amamos a alguien debemos dar mucho a cambio de nada por esa persona. Sin embargo, a veces, resulta muy complicado ver dónde empieza la auténtica reciprocidad y dónde termina esa frontera en la cual se abre ya ese chantaje sibilino, discreto, pero voraz, donde se manipulan nuestras emociones.

Es importante tenerlo en cuenta, salvaguardar nuestra integridad personal. A continuación, te proponemos reflexionar sobre las siguientes dimensiones.

La dignidad es el respeto que te tienes a ti mismo

“Te quise hasta que mi dignidad dijo: no es para tanto”. Si has sentido esto mismo alguna vez, recordarás ese proceso interior en el cual uno se da cuenta de que el amor, a veces, tiene un límite, y se llama precisamente dignidad.

Mentiras en la pareja.

Las personas construimos nuestra autoestima a lo largo de nuestro ciclo vital. El modelo en el que somos educados tiene, sin duda, una gran importancia, pero lo creamos o no, no es determinante por muchas razones.

Todos experimentamos vivencias que, de un día para otro, pueden romper muchas de esas fortalezas interiores de las que disponíamos:

  • Una relación personal complicada.
  • Un trabajo donde se vulneran nuestros derechos.
  • Un accidente, una pérdida traumática, una decepción

Son muchas las causas que pueden fragmentar el equilibrio de nuestra autoestima. Con ello, queremos decir que, a veces, nos creemos invulnerables. En efecto, pensamos que nada puede quebrantar nuestra fortaleza, que podemos con todo.

Sin embargo, tenemos esta idea porque nos hallamos en nuestra zona de confort. No obstante, en el momento en el que factores exteriores nos hacen perder esa sensación de autocontrol, todo se viene abajo.

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La dignidad debe estar presente siempre

Hay amores a los que nos entregamos con los ojos vendados y el corazón encendido. Son saltos al vacío que hacemos libremente porque así lo queremos, porque así lo sentimos. Todo esto sería defendible, siempre y cuando no pusiéramos en juego nuestra dignidad. Hay relaciones afectivas en las que, a veces, no vemos los límites. Lo damos todo sin esperar nada. Cualquier esfuerzo es poco por hacer feliz a la pareja.

Hasta que un buen día nos damos cuenta del profundo vacío que sentimos en nuestro interior. No es que haya algo que falla, es que todo está mal: nada tiene sintonía y toda la energía se la lleva una sola persona mientras la otra se alimenta solo de las migajas. Y esa persona eres tú.

Hay momentos de la vida en los que vale la pena ser valientes y arriesgar. No obstante, ten en cuenta que hay que hacerlo teniendo varias cosas bien seguras: tu autoestima, tu dignidad y tu derecho a ser feliz. En el momento en que alguna de estas cosas fallen, deberás tomar una decisión.

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Los pensamientos dan poder

Mujer mirando por la ventana con curiosidad.

Cuando te veas en una situación compleja emocionalmente y desees dar fuerza a tu dignidad, verbaliza estas frases. Si reflexionas en estas líneas interiorizarás una serie de pensamientos capaces de encender una emoción en ti: la del coraje y la valentía. Toma nota de ellas:

  • Merezco ser amado.
  • Convivir exige saber hacer equipo.
  • Quien ama de verdad no somete ni obliga.
  • Quien te quiere se preocupa cada día por ti.
  • Nadie puede ni debe decirme cómo debo ser feliz.
  • No estoy obligado a complacer  y a gustar a todo el mundo.
  • Decir “NO” a algo no es ser egoísta: es defender la propia dignidad.
  • La buena pareja fortalece nuestra autoestima, nunca la destruye.
  • Tengo derecho a expresar mis pensamientos, a decir lo que quiero y lo que no quiero.
  • Puedo y debo controlar mi realidad. No tengo por qué someterme a lo que otros quieran o deseen.
  • El verdadero amor empieza por uno mismo. Si en estos momentos todo lo que me rodea me hace creer que no valgo nada, es que hay algo que va mal. Debo reaccionar.
  • Soy una persona hermosa, valiente y tan digna de ser feliz como cualquier otra. Nadie debe poner alambradas a mi vida y a mis deseos.
  • Defenderé por encima de todo a las personas que quiero. No obstante, también exijo que las personas que me quieran me respeten, me defiendan y me valoren como merezco.

La dignidad, esa asignatura pendiente

La dignidad personal es ese asunto pendiente al que le deberíamos prestar más atención, pero que casi siempre solemos ignorar. Nos confiere autoestima, felicidad y la entereza que merecemos y nos debemos cada día. Por eso, es importante que te cuides y te mimes por dentro, no solo por fuera. Poco a poco, notarás como te sientes mucho mejor contigo mismo y la vida adquiere un cariz mucho más luminoso.

Y recuerda, si consideras que necesitas ayuda, siempre puedes acudir al psicólogo. El profesional te brindará la orientación que necesitas para empezar a hacer los cambios que te ayudarán a crecer y encaminarte en la dirección que quieres.

  • Navet, Georges. (2018). De la dignidad en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-43602018000100153