Descubre la técnica japonesa para reparar la cerámica rota que te hará reflexionar

Más allá de ser una forma de reparar la cerámica rota, esta técnica japonesa no oculta las cicatrices, sino que las hace el centro de atención y las torna más bellas

La cerámica rota se parece mucho a los fragmentos desplazados de nuestras vidas. Ahora bien, esa pieza fragmentada puede volver a recuperar su hermosura si lo hacemos del modo adecuado. La mayoría de nosotros repararíamos este tazón aplicando el clásico pegamento rápido.

Sin embargo, los japoneses llevan mucho tiempo practicando un arte que, más que una técnica para salvar la cerámica, es toda una filosofía de la cual, aprender.

Hablamos del Kintsukuroi o reparación en oro, una estrategia maravillosa mediante la cual, crear un nuevo objeto, más hermoso, fuerte y reflejo de una dimensión psicológica que todos conocemos: la resiliencia.

Para crear ese nuevo objeto más fuerte y hermoso, utilizan polvo de oro mezclado con un material resistente para unir y rellenar las grietas del objeto dañado. De esta forma, en lugar de ocultar la grieta, la embellecen y acentúan.

Pero como dijimos anteriormente, este método es toda una filosofía en sí misma, ya que es posible aplicar el Kintsukuroi como una forma de superar heridas emocionales, dándole valor a la experiencia como un momento de fortaleza y superación personal.

El arte de reparar la cerámica rota

Reparar la cerámica rota

La rotura de un objeto cuenta una historia.

  • Tal vez ese plato se nos cayó al suelo por un descuido, por tener nuestra mente en otro sitio, lejos de nuestra realidad.
  • Puede que esa pieza de nuestro juego de té se rompiera en una reunión con amigos, mientras nos reíamos, mientras compartíamos un buen instante de felicidad.
  • Cada muesca en la porcelana hace referencia a un momento de nuestra vida. Echarla a la basura es, sin duda, algo innecesario.

Todos ellos son razonamientos que encajan en esa filosofía nipona del kintsukuroi.

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Origen del kintsukuroi

Para comprender esta técnica tan especial debemos viajar a finales del siglo XV.

  • Ashikaga Yoshimasa fue el sogún que inició esta tradición milenaria. Después de que sus tazones favoritos dese rompieran, decidió enviarlos a China para que los repararan.
  • Al poco, los tazones le fueron devueltos con unas grapas muy llamativas de metal que restaban toda belleza a las dos piezas de cerámica.
  • El sogún quedó muy molesto por el resultado, y pidió a sus artesanos que pusieran remedio a aquello.
  • Lo hicieron, sellaron las piezas rotas con una pasta de oro para crear así un objeto diferente, más bello y poderoso. El sogún, entonces, quedó encantado.
kintsukuroi para unir cerámica rota

Cómo llevar a cabo el kintsukuroi con nuestra porcelana rota

Estamos seguros de que, llegado este punto, ya habrás quedado cautivado por la técnica del kintsukuroi. La técnica es en realidad más sencilla de lo que parece.

Qué necesito

  • Masilla para cerámica
  • Polvo de oro sintético (puedes usar incluso purpurina dorada)
  • La pieza rota de cerámica
  • Un punzón
  • Una espátula

Cómo lo hago

Empezaremos mezclando la masilla para cerámica con el polvo de oro sintético. Puedes hacerlo sobre una lámina de cartón, o sobre un cuenco específico.

  • La cantidad dependerá siempre de las piezas que debamos reparar y unir.
  • Con ayuda de un palillo o la espátula, aplicamos esta combinación en los bordes de las piezas rotas. A continuación, júntalas y presiona durante unos instantes.
  • Al momento, verás cómo la línea en oro ribetea esa cicatriz, esa herida que ahora conforma un objeto mucho más bello a la vez que único.
  • Por último, solo tendrás que dejarlo secar unas horas y lo tendrás listo.

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Aprende a reparar cerámica rota

La belleza está en la historia que cuenta el objeto, no en el objeto en sí

El kintsukuroi puede aplicarse a la perfección a nuestra propia vida. La resiliencia es ese tendón psíquico que actúa casi como esa masilla dorada que une nuestras piezas rotas, que nos empuja a sellar las heridas y a su vez, aprender de ellas.

Lejos de avergonzarnos por los errores cometidos, los fracasos o los sueños que se han desvanecido, hemos de ser capaces de ver la belleza en esa línea de la vida que, de algún modo, nos ha ayudado a ser lo que somos ahora: criaturas más sabias que han aprendido de la adversidad para “brillar”.

La cerámica rota que ha sido reparada mediante el kitsukuroi tiene más fuerza, y las tazas y platos ya no se rompen con tanta facilidad.

Asimismo, las personas que son sabias en resiliencia y que también han sellado sus heridas en oro, ya no son tan débiles como antes. Es algo que, sin duda, todos aprendemos con el tiempo.