Con el tiempo descubres que hay batallas que ya no merecen la pena

No te dejes la piel por aquello que no merece la pena. Solo hay que librar aquellas batallas que nos puedan traer felicidad, no las que nos impongan los demás

Con el paso del tiempo nos damos cuenta de que hay batallas que ya no merecen la pena. Damos por perdidas muchas conversaciones, sueños de juventud e incluso a ciertas personas.

Lejos de asumir estos hechos como pérdidas reales hemos de verlo como lo que son. Aspectos sobre los que una vez pusimos ilusiones para darnos cuenta de que, efectivamente, no valían tanto nuestras preocupaciones ni nuestros anhelos.

Crecer, madurar y avanzar con el tiempo es como ir colocando las piezas de un rompecabezas más o menos perfecto. Durante una época nos aferramos a encajar fragmentos imposibles en los lugares equivocados.

Solo el tiempo y nuestra visión más sabia nos ha hecho ver por fin la verdad: que hay cosas y personas que encajan en otros mapas ajenos al nuestro.

A continuación, te proponemos reflexionar sobre ello.

Las batallas nos enseñan que, a veces, perder es necesario

Durante la juventud son muchas las cosas que llegan hasta nosotros casi sin que las podamos elegir. Es como dejarse llevar corriente abajo por un río revoltoso, nervioso y lleno de vida.

Nos enamoramos de la primera persona que llega y nos deslumbra. Creamos amistades solo porque están cerca. Porque son compañeros de clase, amigos de amigos… Los aceptamos como quien se come a la fuerza un plato que no termina de agradarle.

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Durante esta primera etapa de la vida aceptamos todo esto porque solo tenemos un propósito: integrarnos. Encajar.

Esto mismo es lo que ansía el adolescente y ese joven que da sus primeros pasos en la vida validándose a sí mismo con respecto a lo que dicen y hacen los demás.

Sin embargo, a medida que vamos avanzando, las cosas cambian. Llega un día en que nos volvemos selectos, muy selectos. Sabemos muy bien lo que queremos y a quién no queremos en nuestra vida.

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Menos gente pero mejores personas

Al final, efectivamente, llega ese día. Uno echa la mirada atrás mientras hace una lectura emocional. Da un vistazo a su corazón para darse cuenta de algunas cosas.

  • Descubrimos por fin que hay aspectos a los que antes dábamos importancia y que, ahora, han caducado.
  • Si antes valorabas el éxito social y tener muchas amistades, ahora aprecias más la calma de los pequeños grupos.
  • Si antes llenabas tu cabeza de revoltosos proyectos ahora fijas tu horizonte en un solo propósito.
  • Incluso es posible que antes libraras batallas que te dejaron serias heridas. Esperabas ser amado por esa persona. Ser reconocido por tu familia. Demostrar a los demás todo lo que valías…
  • Sin embargo, ahora, esas batallas las das por perdidas. Porque tu corazón ya es más sabio y en él, habita ese conocimiento que se niega a seguir librando guerras que te alejan de ti mismo.

La única persona a quien tienes que demostrar lo que vales eres tú. Si no te quieren, sabes que lo último que debe hacerse es mendigar amor.

Madurar es crecer por dentro siguiendo el camino que uno desea

Hay batallas que son completamente inútiles. Es como ir a contracorriente. Como intentar que ciertas personas cambien de opinión o sean como nosotros esperamos.

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  • Madurar es crecer por dentro para darnos cuenta de que hay caminos que no deben tomarse. En especial, aquellos que nos marcan los demás y que van en contra de nuestras esencias.
  • Crecer es por fin actuar con valentía para decir qué queremos y qué no. Sin miedo a lo que otros puedan pensar o decir.
  • Optar por el camino que uno quiere requiere también cortar ciertos lazos, ciertos vínculos. Esos que nos trajeron tantas lágrimas y tantas luchas que ahora, también damos por perdidas.

Sin embargo, las damos por perdidas para ganar algo más importante: dignidad.

Este tipo de pasos personales no son fáciles de dar. Tanto es así que son muchas las personas que continúan librando batallas imposibles con las que se destruyen a sí mismas. Con las que pierden su autoestima.

Cómo dejar de luchar en batallas que solo nos traen lágrimas

No es fácil. Salir de esos campos personales de batalla donde muchos estamos ahora supone muchas cosas.

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A veces, pensamos que es digno seguir luchando por esa relación imposible. Por esos amigos a los que queremos pero que nos traicionan de vez en cuando.

  • Nos decimos a nosotros que, como buenos hijos, sobrinos o primos, debemos darlo todo por la familia.
  • Sin embargo, muchas de estas batallas hace tiempo que están perdidas. Porque solo nos traen dolor y porque, aunque no lo creamos, esas personas nunca van a cambiar.
  • Aunque duela, a veces es mejor cortar ciertos hilos personales y salir de esos “entornos bélicos” donde se “bombardea” nuestra autoestima. Ten en cuenta que quien te hace daño, sencillamente, no te quiere.
mujer-con-flores feliz por haber ganado sus batallas

Recuerda que valiente no es quien lo da todo a cambio de nada. Valiente es quien es capaz de luchar por lo que de verdad merece la pena en esta vida: la propia felicidad y la de nuestros seres amados.