Si tienes que pedir ayuda, no dudes - Mejor con Salud

Si tienes que pedir ayuda, no dudes

¿Por qué no dudamos en ofrecer ayuda a los que nos rodean pero, cuando se trata de pedirla, nos callamos? Debemos aprender a cuidarnos más
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¿Alguna vez has sentido que necesitabas pedir ayuda y te has echado para atrás? No estás acostumbrado a hacerlo.

Por tu mente pasan excusas como “no quiero molestar”, “la verdad es que es una tontería”, “puedo salir de esto solo”.

Pensamientos que te abordan y que te sumergen en una espiral de sufrimiento. Pero, si necesitas pedir ayuda, no dudes, pídela ya.

Pedir ayuda ¿me convierte en débil?

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Quizás uno de los motivos por los que siempre te niegas a pedir ayuda es porque tienes la falsa creencia de que esto es sinónimo de debilidad.

Sin embargo, ponte en la cara opuesta: piensa que eres tu mejor amigo, tu hijo o uno de tus padres.

¿Verdad que alguna vez les has dicho que si necesitan algo que te lo pidan sin dudar? ¿Que, si necesitan ayuda, ahí estarás?

Si tanto te ofreces a los demás para lo que necesiten, ¿por qué tú te reprimes tanto?

No estás siempre solicitando que los demás apaguen tus fuegos. No obstante, cuando así lo sientas de verdad, cuando notes lo bien que te haría una mano amiga, no te avergüences.

Lamentablemente, todos tendemos a darnos mucho por los demás, pero no a darlo todo por nosotros mismos. Es como si nos desmereciésemos, como si la importancia de lo que nos ocurre fuese mucho menor.

Cuando nos damos el sitio que merecemos, entonces nos surge algo que la sociedad se ha cansado de repetirnos hasta la saciedad: somos egoístas.

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No obstante, el egoísmo es algo que debería replantearse. Y es que siempre estamos pendientes del otro y, mientras, nos dejamos a nosotros en un segundo lugar.

¿El resultado? Dependencias, felicidad que dejamos en manos de que otros estén bien o no en las nuestras y otra serie de situaciones que nos juegan en contra.

Cuando ir al psicólogo cuesta

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En ocasiones, pedir ayuda va mucho más allá de solicitarle auxilio a un familiar o a un amigo. A veces, sabemos que nos haría mucho bien acceder y hablar con alguien con una experiencia profesional.

Son muchas las personas que aún creen que para ir al psicólogo tienes que estar loco o que, si vas, es porque tienes un trastorno grave.

Sin embargo, esto tan solo demuestra un escaso conocimiento sobre lo que implica acceder a estos profesionales que nos pueden liberar de una pesada carga que podía estar entorpeciendo nuestra vida.

Además, el psicólogo puede alertarnos sobre una posible baja autoestima, una dependencia emocional de una pareja o un posible indicio de que sufrimos depresión.

Esto no implica que estemos excesivamente mal, es decir, no es necesario estar ya sumidos en una depresión profunda para necesitar ayuda.

De lo que se trata es de mejorar la vida. Porque todos lidiamos con estrés, ansiedad, relaciones un poco disfuncionales…

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Nadie nos enseña a vivir, casi todo es a base de prueba y error.

Un psicólogo puede ayudarnos dándonos determinadas herramientas para ser mucho más felices y no preocuparnos tanto por esas tonterías a las que les estábamos dando tanta importancia.

Un cambio de perspectiva mejora las cosas, porque siempre hay ámbitos en nuestra vida donde nuestra visión negativa cobra una especial relevancia.

No estás solo

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Lo importante, si necesitas pedir ayuda, es que sepas que no estás solo. Todos tenemos amigos a nuestro alrededor, personas que nos quieren, familiares…

Si creemos que necesitamos una ayuda más profesional, entonces tenemos a los psicólogos. Por todos lados hay oportunidades para solucionar aquello por lo que estemos padeciendo.

No dudemos, no nos dejemos llevar por esas creencias erróneas de que pedir ayuda es de débiles, de fracasados, de personas que necesitan siempre que los demás los saquen de los problemas…

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Nadie nos ha enseñado a pedir ayuda, pero sí a darla. Nunca nadie nos ha dicho que hay que priorizarnos, que eso no es egoísmo, y que después de nosotros vienen los demás.

Empecemos a darnos el valor que merecemos y a solicitar ayuda si así lo sentimos. La intuición nunca falla.

Empecemos a escucharnos y a hacer aquello que nuestro interior grita, pero que nosotros intentamos acallar.