Tipos de grasa corporal: blanca, beige y marrón

24 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el enfermero Daniel Baldó Vela
El organismo humano cuenta con células de grasa de color blanco, beige y marrón. ¿Cómo se comportan? ¿Cuál brinda beneficios y cuál resulta negativa? En este artículo lo detallamos.

¿Sabías que hay diferentes tipos de grasa corporal? Nuestro organismo tiene adipocitos (células de la grasa) de color blanco, beige y marrón. Así, en función de su color, la grasa nos beneficia o nos repercute negativamente.

Tipos de grasa corporal

Grasa corporal blanca

La grasa corporal blanca es la que todos conocemos, es decir, aquella que se acumula. Actúa como reserva energética, y su impacto metabólico es el responsable de toda la patogenia asociada a la obesidad. Lamentablemente, es el tipo de grasa más abundante en el cuerpo humano y es mayor en los sujetos obesos.

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Grasa parda

Tipos de grasa corporal

Este tipo de grasa corporal es termogénica, es decir, activa el metabolismo para obtener energía en forma de calor. De hecho, su color oscuro se debe a su alta densidad de mitocondrias (unidad energética de las células).

La activación de adipocitos marrones incrementa la oxidación de ácidos grasos (lipólisis).

Hasta hace unos años, se pensaba que este tipo de grasa corporal solo estaba presente en los recién nacidos para mantener una temperatura óptima tras su aparición en el medio externo.

Sin embargo, hoy se sabe que, aunque en menor proporción, también está presente en los adultos y que es mayor en aquellos más delgados. 

Los sujetos con obesidad tienen menor cantidad de adipocitos marrones.

En el recién nacido, se encuentra localizada en la región interescapular y puede llegar a representar el 5% del peso corporal total. En los adultos, se encuentra dispersa entre los adipocitos blancos, principalmente en: nuca, región supraclavicular, tejido peri-aórtico, región paravertebral y zona perirrenal.

Grasa corporal beige

El descubrimiento de la grasa beige es el más reciente. Se trata de adipocitos blancos que se comportan como marrones por la acción de ciertos estímulos que activan la secreción de irisina. Cuando se elimina el estímulo, los adipocitos blancos recuperan su comportamiento original.

La irisina es una hormona que provoca el pardeamiento de la grasa blanca. 

De acuerdo a lo anterior, se hace evidente qué tipos de grasa corporal son los más saludables. El objetivo sería aumentar la cantidad de adipocitos marrones y maximizar la conversión de grasa blanca en beige.

Estímulos que favorecen el pardeamiento de la grasa blanca

Mujer con sobrepeso haciendo ejercicio

El frío (<20ºC) y el ejercicio físico son los dos únicos estímulos capaces de activar la grasa parda y hacer que la blanca se comporte como tal momentáneamente. Esto sería clave en el manejo de la obesidad y sus complicaciones.

La investigación actual no deja de buscar formas de pardear la grasa blanca y/o maximizar el efecto de la parda.

Esto es especialmente importante en los casos de obesidad hiperplásica por existir un aumento del número de adipocitos. Actualmente, las diferentes formas de abordar el sobrepeso y la obesidad únicamente permiten reducir el tamaño de los adipocitos y no su número.

Así, las personas cuya obesidad fue adquirida en la infancia (obesidad hiperplásica), siempre mantendrán una tendencia obesogénica mayor que la de aquellos que se hicieron obesos posteriormente (hipertrófica). Aquí, puesto que no podemos eliminar los adipocitos, es clave hacer que se comporten diferente.

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Frío contra la obesidad

Hasta el momento, la exposición al frío supone el estímulo más potente y efectivo para activar la grasa parda y hacer que los adipocitos blancos se comporten como marrones. Sin embargo, todavía no se conocen estrategias de exposición que sean efectivas sin ser perjudiciales para el sujeto.

Los investigadores siguen buscando estrategias efectivas que no supongan exposiciones al frío prolongadas.

Impacto del ejercicio físico sobre la grasa corporal

Lo mencionado constituye una evidencia más de que los beneficios del ejercicio físico van más allá del gasto calórico que supone su práctica. Sabemos que es capaz de estimular el tejido pardo y hacer que el blanco se comporte como él de forma momentánea. Además, tal y como hemos desarrollado en publicaciones anteriores, es capaz de modificar la epigenética obesogénica.