Tipos de sal, ¿cuál es la más saludable?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la pedagoga en educación física y nutricionista Elisa Morales Lupayante el 20 mayo, 2019
Aunque la sal es un ingrediente muy común, es importante moderar su consumo a diario, tal y como lo indican los expertos de la Organización Mundial de la Salud.

En el mundo gastronómico existen varios tipos de sal y cada uno de ellos se destina a la elaboración de distintas recetas. Por ejemplo, la sal fina se suele emplear para preparar salsas para pasta, mientras que la sal gruesa se utiliza para recetas de comida a la plancha o al grill, mariscos y carnes.

Indudablemente, la sal es el condimento más utilizado en todo el mundo a la hora de cocinar. Y si bien puede contribuir mucho con la potenciación de los sabores, es necesario aprender a utilizarla con moderación, ya que su consumo excesivo resulta perjudicial para la salud.

Los expertos de la Organización Mundial de la Salud recomiendan reducir la ingesta de sodio para reducir la tensión arterial y el riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y cardiopatía coronaria en adultos.

Tipos de sal 

Dado que saber usar cada tipo de sal puede ayudarnos a resaltar mejor el sabor de los alimentos y a obtener platillos mucho más gustosos, a continuación repasaremos cuáles son los tipos de sal y cuál de ello se considera que es el más saludable.

Aunque todos los tipos de sal contienen sodio, esta sustancia no siempre está presente en la misma medida. Así pues, no todas las sales contienen la misma cantidad de sodio y otros minerales.

1. Sal de mesa común

Sal de mesa común

La sal fina o «sal de mesa» es el tipo de sal más utilizada en el día a día. Contiene un 95 % de cloruro de sodio y en el proceso de elaboración se le añaden otros minerales, como el yodo y el flúor, así como otros aditivos y conservantes.

Si al momento de preparar los alimentos se busca un equilibrio en el sabor, es decir, sazonar las comidas, la sal común (o «de mesa») es el tipo de sal más propicia para ello.

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2. Sal marina sin refinar

Sal marina sin refinar

La sal marina es la que se obtiene al evaporar agua de mar. Se compone de cloro, sodio, yodo, flúor, entre otros aditivos. Entre estos componentes, el cloruro sódico es fundamental.

A diferencia de la sal común contiene gran cantidad de minerales como: el azufre, boro, carbono, magnesio, potasio, sodio, flúor, fósforo, hierro, zinc, yodo, entre otros

Posee un color grisáceo y otorga un sabor más intenso a las comidas que la sal común.

Este tipo de sal es mucho más saludable, para las preparaciones de las recetas, que la sal común.

Tiene un costo en el mercado mayor a la sal común, ya que no se consigue con la misma frecuencia.

Más allá de saber cuál es más saludable entre ambas, lo que realmente importa es la administración correcta de las proporciones en las recetas.

3. Flor de sal

Flor de sal

Este tipo de sal se adquiere de las superficies de las salinas marinas de forma artesanal por medio de técnicas tradicionales en el atlántico y el mediterráneo.

La flor de sal es la utilizada, por excelencia, por los gourmets gracias a sus propiedades gastronómicas.

Es hipotónica, lo que indica que al ser consumidas no causan retención hídrica. Si se compara con los otros tipos de sal, es baja en cloruro sódico (solo 92.9 %) y en sodio (15 %).

En cuanto al sabor, es menos intenso que las demás sales, ya que se disuelve fácilmente en el paladar.

4. Sal del Himalaya

Sal del Himalaya

Este es un tipo de sal originaria principalmente de Pakistán, América latina y no del Himalaya, como se suele creer en vista de su nombre.

Ha alcanzado mucha popularidad en los últimos años porque se le ha atribuido un gran valor nutricional. Se dice que tiene alrededor de 84 minerales y oligoelementos y que por ello puede contribuir con el correcto funcionamiento del organismo. Otro de los elementos que ha contribuido a su masiva difusión es su color rosado que la hace más llamativa a la vista.

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¿Cuál es la sal más saludable?

Cada tipo de sal, por estrategia de marketing, cuenta con mensajes que señalan que son las más saludables, naturales y puras. Sin embargo, no todo lo que se afirma viene a ser cierto y, en muchos casos, se realizan muchas exageraciones.

Para hacer el proceso de selección más práctico, te compartimos algunas recomendaciones:

  • Todos los tipos de sal contienen cloruro sódico como elemento esencial y, por este motivo, debe consumirse con moderación.
  • El sodio se puede obtener de muchos alimentos, por eso, se piensa que la ingesta de sal puede ser innecesaria. Según el doctor Mario Virgolini, coordinador del Plan Argentina Saludable de la cartera sanitaria, cerca del 50 % de los excesos de sal viene de los alimentos procesados, como el pan y los enlatados.
  • La sal es utilizada primordialmente por el sabor que aporta a las comidas, no por los efectos saludables que pueda tener.
  • Las estrategias publicitarias no son justas en el momento de ofertar las sales por los costos elevados. Por esta razón, resulta complicado discernir si efectivamente un producto natural vale su precio o simplemente se trata de puro marketing.

Reducir el consumo

En conclusión, el problema no es la sal sino la forma de consumirla y la cantidad que se usa en cada comida.

Su consumo exagerado ocasiona afecciones cardiovasculares, insuficiencia renal, trastornos gástricos, osteoporosis, etc.

Un estudio publicado en la British Medical Journal arrojó que los pacientes que redujeron la sal mejoraron su función renal, ya que los riñones tenían dificultad para procesar el exceso de sodio.

El mismo estudio descubrió que el sodio reduce la elasticidad de las paredes de los vasos sanguíneos y las células cardíacas.

Otro estudio de la Escuela de Medicina de Harvard indica que una dieta baja en sal reduce la presión sanguínea y por lo tanto los riesgos de accidentes cardiovasculares.

Varios especialistas dan las siguientes recomendaciones para bajar el consumo de sal:

  • Eliminar los saleros de la mesa para evitar el extra de sal que agrega el comensal.
  • Eliminar el consumo de conservas y platos precocidos.
  • Reducir el consumo de quesos, embutidos y encurtidos.
  • Reducir o eliminar el consumo de comidas ahumadas.
  • Evitar snacks salados, como patatas fritas, frutos secos, etc.
  • Usar menos salsa de soya, kétchup, sales sazonadas.

Hay que recordar que las especias y las hierbas aromáticas pueden ser una excelente alternativa para la sal.