Tips para mejorar la memoria a corto plazo

Los datos concretos y las imágenes son mucho más fáciles de retener por nuestro cerebro. Facilitémosle la tarea, pues, ejercitándolo.

¿Se te olvida lo que querías decir? ¿No recuerdas para qué fuiste a la cocina o qué necesitas comprar en el mercado? ¿Pasas por alto fechas o actividades importantes? Quizás tu cerebro esté saturado de información y se esté rebelando.

Pues bien, tenemos una buena noticia para ti: Esta situación tiene solución. En este artículo, te damos consejos para mejorar la memoria a corto plazo. Un adelanto: la clave podría estar en modificar ciertos hábitos y en realizar algunos ejercicios diseñados para ejercitar la memoria a corto plazo…

Consejos para mejorar la memoria a corto plazo

Existen dos tipos de memoria: de corto y de mediano plazo. La primera se usa para almacenar datos inmediatos, como, por ejemplo, el nombre de una persona que conocimos recientemente. Su capacidad es limitada. La segunda nos sirve para tareas que requieren más concentración o esfuerzo, como un examen o algo que hacemos de forma cotidiana.

Si últimamente no recuerdas cosas que te acaban de decir, puede que necesites ejercitar la memoria a corto plazo. Si es así, deberías seguir estos consejos:

Visita este artículo: 15 sencillos ejercicios para entrenar la memoria.

1. Presta atención

Presta atención

Lo importante es evitar siempre que sea posible, hacer más de una cosa al mismo tiempo. Lejos de lo que se pudiera creer, la práctica habitual de la filosofía denominada multitasking es contraproducente. Es cierto que los humanos poseemos la capacidad de prestar atención a dos o más cosas, pero no conviene abusar de ella.

Así, en lugar de hacer varias cosas a la vez, deberíamos centrar nuestra atención en hacer una. Es un hecho que el cerebro funciona de forma óptima cuando nuestra atención se centra en la realización de una sola tarea. Es lógico que, siendo así, el resultado sea incomparablemente mejor. Por otra parte, es fácil colegir que nuestro cerebro y sistema nervioso sufrirán así, menos estrés.

2. Disfruta juegos mentales

La memoria a corto plazo puede ser estimulada de muchas maneras. El cerebro puede responder a los estímulos y a los ejercicios de la misma manera que lo hacen los músculos de los brazos. Cuando aprendes algo nuevo, el cerebro crea conexiones neuronales adicionales. Ello lo obliga a mantenerse más activo.

Pongamos un ejemplo para que se entienda mejor: Piensa en la red urbana del metro. Pues bien, imagina que cada nuevo conocimiento que adquieres, es como una línea que se añade a la maraña de rutas y puntos que estaban previamente conectados entre sí en ese mapa. De ahí que sea tan importante proporcionarle al cerebro el ejercicio que lo obligue a ponerse en marcha.

Aprovechemos la comparación que establecíamos hace un momento, entre nuestro cerebro y el funcionamiento de la red urbana de metro: A partir de los nuevos problemas que le propongamos, el cerebro será capaz de construir los rieles que conecten unos pensamientos con otros. Todo, en pos de la resolución del problema planteado.

Tal vez hayas oído hablar de los memory games. Pues bien, los juegos para ejercitar la memoria, junto a los rompecabezas o puzzles y las sopas de letras, podrían ser una forma muy amena y agradable de conseguir este objetivo.

3. Usa todos tus sentidos

Los recuerdos no solo pueden ser creados a través de lo que ven nuestros ojos. Seguramente, recuerdas aún algún aroma que olías con frecuencia en tu infancia. Tal vez recuerdes el olor del pan recién horneado por tu abuela. O bien, puedas traer a tu memoria una canción que te cantaba tu madre cuando tenías miedo.

Cosas como estas que nos ocurrían de forma espontánea en las etapas tempranas de la vida, podrías conseguir que sucedieran también en la adultez. Trata, pues, de sacarle el mayor provecho a tus sentidos. No  importa que ahora tenga que intervenir la voluntad; el resultado es el mismo e igualmente reconfortante para quien lo experimenta. 

A manera de ilustración: imaginemos que tienes problemas para recordar el nombre de una persona. Dado que el oído interviene en la formación del recuerdo, podrías repetirlo varias veces en voz alta. Si sigues este consejo, verás que consigues recordarlo.

Otro ejemplo: probar conscientemente el sabor de cierta elaboración, podría hacer que al fijarlo en tu memoria, puedas incluso recordar la receta de cocina que seguiste para prepararla. En este caso, estarías fortaleciendo el vínculo entre el cerebro y los órganos que intervienen en las funciones del gusto.

4. Apóyate en los recursos mnemotécnicos

Esta técnica de asociación de palabras, imágenes o frases podría ser de gran ayuda cuando de mejorar la memoria a corto plazo se trata. La memorización de textos rimados e, incluso, de poemas, es un recurso de gran utilidad. Por ejemplo, para acordarse de cuáles son los meses que tienen 30 días, muchas personas traen a su memoria: “30 días tiene septiembre, con abril, junio y noviembre”.

Inclusive, puedes usar reglas propias basándote en información personal fácil de recordar. Nos referimos, por ejemplo, a las iniciales de nombres de familiares o de otras personas importantes para ti. Usa las fórmulas que más cómodas te sean para llevar a cabo este sencillo ejercicio de repetición.

5. Segmenta la información y organízala

Segmenta y organiza

Muchas veces, se nos hace complicado recordar un número de teléfono de 10 dígitos si tratamos de recordarlo como un conjunto. Sin embargo, cuando lo separamos en secuencias de tres, cuatro o dos números, la misma tarea se hace incomparablemente más sencilla.

Recordar los números telefónicos que más usamos podría ser un magnífico y útil ejercicio para entrenar la memoria. Sobre todo, en aquellas ocasiones en que dejamos olvidado el móvil en casa. El ejercicio consiste en repetir esos bloques de dígitos varias veces hasta que consigas fijar en tu memoria el número de teléfono en cuestión.

El principio de la segmentación puede ser aplicado a infinitas situaciones que requieran que te organices. Seguramente, mientras estudiabas, elaboraste un cuadro sinóptico donde resumías las ideas principales de un texto. Esta podría ser, pues, un magnífica práctica. Anímate y haz esquemas con información que necesites recordar. 

Recuerda que los datos concretos y las imágenes son mucho más fáciles de retener por nuestro cerebro. Facilitémosle la tarea, pues, ejercitándolo.

6. Come mejor

Por supuesto que hay relación entre la dieta diaria y la actividad cerebral. Una alimentación rica en ácidos grasos omega-3 evita el envejecimiento prematuro. También, las enfermedades mentales o cognitivas como el mal de Alzheimer. Recuerda que el salmón, las nueces y el aguacate son alimentos ricos en omega-3.

Asimismo, la proteína vegetal que aportan las frutas y las verduras son esenciales para que tengan lugar los procesos físico-químicos que permiten al cerebro crear nuevas conexiones.

En este enlace, podrías ampliar información acerca de tipos de demencia que no son el Alzheimer.

7. Duerme bien

Duerme bien

Debes haber observado que es más difícil recordar alguna información cuando la jornada está llegando a su fin. Lo más probable es que a ti también te suceda que no te acuerdas de algo simple, después de haber dormido solo 3 horas o 4 horas.

Es normal. Son las señales lógicas del agotamiento. Necesitamos dormir tanto como comer. Para nadie es un secreto que el cerebro necesita descansar para rendir.

Así las cosas, parece impostergable sanear nuestros hábitos de sueño. Pero, ¿qué se entiende por una rutina saludable de sueño? Tan sencillo como dormir entre 7  horas y 8 horas diarias. Lo óptimo es que te acuestes y te levantes alrededor de la misma hora cada día. Ideal sería que incluyeras, además, una pequeña siesta de 20 minutos tras la comida o almuerzo. Suelen ser sumamente reparadoras.

No por sabido, es menos importante recordar que se debe evitar ver televisión en la cama después de cenar. Ten en cuenta, por otro lado, que cenar copiosamente podría provocar insomnio.

8. Practica ejercicios físicos

mejorar la memoria a corto plazo es otro de los muchísimos beneficios que nos aporta la práctica habitual de ejercicios físicos. Al ejercitarse, el cuerpo se oxigena; no solo los pulmones, sino el cerebro también. De esta manera, aumentará también la capacidad de nuestro órgano rector por excelencia para mantener activas aquellas zonas involucradas en la memorización.

Particularmente beneficiosos, en este sentido, es montar en bicicleta, correr o caminar rápido. Son los que se conocen en la jerga deportiva, como aeróbicos o ejercicios cardio.

  • Engelhardt, H.; Buber, I.; Skirbekk, V., and Prskawetz, A. (2010). "Social involvement, behavioral risk and cognitive functioningg among older people", Ageing & Society, 30 (5): 779-809.
  • Mendoza, V. M. (2018). "Envejecimiento activo, mejor vida en la tercera edad", en Salud y Medicina. Zaragoza (México): UNAM.
  • Salthouse, T. A. (2010). Major issues in cognitive aging. London: Oxford UP.