Todo lo que debes saber sobre el angioma hepático

Elena Vuelta 23 marzo, 2018
El angioma hepático es un tumor benigno localizado en el hígado. Su tamaño suele oscilar entre 2 y 5 centímetros, sin embargo, en ocasiones puede ser de mayor tamaño, en cuyo caso, se habla de un angioma hepático gigante.

El angioma hepático es una masa tumoral benigna (no cancerígena) surgida en el hígado, formada por una acumulación de vasos sanguíneos en la zona.

El angioma hepático

El angioma hepático, también denominado hemangioma hepático o hemangioma cavernoso, es el más común de los tumores benignos hepáticos, con una incidencia de hasta el 20 %.

Se trata de un tumor, normalmente pequeño (menor de 5 centímetros) formado por una proliferación de células endoteliales vasculares, es decir, las células que forman los vasos sanguíneos.

Las causas de aparición del angioma hepático no están del todo claras. En muchos casos, se trata de una anomalía congénita, lo que implica que se nace con ella y en un 10 % de casos el angioma puede ser múltiple.}

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Síntomas

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En la mayoría de los casos, los angiomas hepáticos son asintomáticos. Su detección suele ocurrir durante un examen médico destinado a detectar otro tipo de afección.

Aunque el angioma hepático se puede diagnosticar a cualquier edad, lo más común es que se detecte entre los 30 y 50 años y se suele diagnosticar más en mujeres que en hombres.

En raras ocasiones, los hemangiomas pueden producir sangrados o interferir con el correcto funcionamiento del hígado. Esto suele ocurrir en un bajo porcentaje de casos, en los que el angioma hepático se rompe.

Cuando el angioma tiene un tamaño mayor de 5 centímetros, se suele hablar de angioma gigante. En este tipo de afecciones, es más común presentar algún tipo de síntoma, debido en parte al tamaño del tumor, que puede comprimir a los órganos adyacentes.

Algunos síntomas que se pueden observar son:

  • Náuseas
  • Vómitos
  • Dolor en la parte superior del abdomen
  • Hinchazón abdominal
  • Sensación de saciedad precoz

Diagnóstico

El método de diagnóstico de los angiomas hepáticos suele implicar análisis de imagen. La asintomatología de esta afección hace que se diagnostique en un contexto destinado a detectar otro tipo de patología.

Algunos de los análisis de imagen en los que se puede revelar la presencia de un angioma hepático son:

Complicaciones

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Aunque en la gran mayoría de casos, el angioma hepático no suele conllevar problemas y las personas que lo padecen pueden vivir con el tumor sin presentar ningún tipo de síntoma, existen casos puntuales en los que la afección se puede complicar.

Nuevamente, estas complicaciones suelen presentarse en los casos en los que el angioma supera los 5 centímetros (angiomas gigantes). La complicación más grave ocurre cuando existe una ruptura espontánea del angioma.

Solo en un 1% de los casos ocurre una ruptura espontánea de angioma, sin embargo, esta complicación puede ser muy grave y requiere un tratamiento rápido pues provoca una gran pérdida de sangre y puede causar un shock hipovolémico.

Otro aspecto a tener en cuenta, es que sustancias como los estrógenos pueden causar el crecimiento del tumor. Esta es la razón por la que existe mayor prevalencia en mujeres que en hombres.

Concretamente, en el caso de mujeres con angiomas hepáticos que se quedan embarazadas, el aumento de la cantidad de estrógenos en su organismo puede causar un mayor crecimiento del tumor.

Otros factores, como las píldoras anticonceptivas o las terapias de reemplazo hormonal pueden tener relación con el crecimiento del angioma. Sin embargo, existe una gran controversia ante esta afirmación, lo que hace que sea necesaria una valoración individualizada para cada caso.

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Síndrome de Kassabach-Merritt

Este síndrome, muy poco frecuente, y que afecta a niños principalmente, se caracteriza por la formación de angiomas hepáticos gigantes y la aparición de coagulopatías.

La existencia de una coagulopatía implica que la sangre no coagula de forma normal. La razón que explica esta alteración es que las plaquetas, células implicadas en coagulación, se quedan atrapadas en el tumor y se destruyen.

Los pacientes afectados por este síndrome sufren hemorragias continuas y graves. Se piensa que este tipo de afección, se trata en realidad de una variedad diferente del angioma hepático, aunque con ciertas características comunes.

Tratamiento

Cirugía y radioterapia

El tratamiento del angioma hepático implica cirugía. Mediante una intervención quirúrgica en la que el tumor se resecciona (se elimina).

Sin embargo, la gran mayoría de los angiomas hepáticos no requieren de esta intervención, pues su presencia no supone un riesgo para la persona que lo padece.

Así, la cirugía se reserva para los casos en los que el angioma produce cuadros de dolor en el paciente o complicaciones que afecten al correcto funcionamiento de los órganos, algo que ocurre con mayor probabilidad en los casos de angioma hepático gigante.

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