Y tú… ¿Cómo tomas tus decisiones, con la cabeza o con el corazón?

Según nuestra forma de ser estaremos acostumbrados a tomar decisiones basadas en nuestra intuición o bien a pasar todo por un filtro minucioso antes de hacer ninguna elección

La decisión más acertada es aquella que se toma confiando en la propia intuición.

Porque, aunque no lo creamos, es ahí donde reside la propia identidad y ese “norte” sabio y acertado que no nos alejará demasiado de nuestras auténticas raíces.

Es muy posible que más de uno no esté de acuerdo con esta idea. Sin embargo, esta cuestión de la toma de decisiones basado en las intuiciones está de plena actualidad.

Libros como “Educar en intuición, el desarrollo del sexto sentido” de Robin M. Hogarth nos explican, sin duda, los secretos de por qué deberíamos dar más valor a esta dimensión.

De hecho, y si lo pensamos bien, nos daremos cuenta de algo.

Y es que en nuestro día a día lo que hacemos en todo momento es guiarnos por nuestro instinto, por esa voz interior que con mayor o menor acierto nos guía en cada instante.

Ahora bien, queda claro que en ocasiones nos equivocamos.

La vida, en realidad, no tiene dos caminos: uno bueno y otro malo, sino que tiene múltiples senderos.

Iremos escogiendo unos u otros según nuestra personalidad, nuestras experiencias previas y esa intuición que nos guía a cada instante.

Sin embargo, vayamos un poco más allá en esta ocasión.

Ahondemos en la toma de decisiones para averiguar si, en tu caso, eres de esas personas que usa más la cabeza y el razonamiento lógico, o te dejas llevar por esa voz intensa y emocional que nace desde nuestro corazón.

1. Tomar decisiones con la “cabeza”

Tomar decisiones con la cabeza

Tomar decisiones con la cabeza es poco más que una frase hecha. Todos decidimos partiendo de unos mismos mecanismos neuronales.

Sin embargo, a la hora de asumir una determinación, la persona más reflexiva y lógica hará uso de un tipo de estructuras.

Veámoslo con detalle.

La corteza prefrontal: la arquitecta de nuestras decisiones

A la hora de planificar y de tomar una opción de varias alternativas, el cerebro siempre hace uso de la corteza prefrontal.

Sin embargo, existe, a su vez, una relación con otra estructura más: con la corteza dorsolateral. Es aquí donde se produce una interacción con dos tipos de neuronas de trabajo.

  • Las primeras están vinculadas directamente con nuestra memoria emocional. Son ellas las que nos hacen recordar experiencias previas, las que, de algún modo, se vinculan más con las intuiciones.
  • Por otro lado, están también un tipo de neuronas que tienen como objetivo dejar a un lado lo emocional para procesar nuevas informaciones de forma más meticulosa.
  • Las personas con una personalidad más lógica y más razonal harán más uso de este último tipo de estructura.

Características de las personas más “meticulosas” a la hora de tomar decisiones

En primer lugar, que una persona no se deje llevar tanto por la emoción o la intuición a la hora de tomar una decisión no implica que sea indecisa.

  • Se trata solo de que necesita más tiempo, es prudente, analítica y desea valorar cada opción al detalle.
  • Esto implica más dosis de energía, más inversión. De ahí que en ocasiones acaben más cansados, sufran episodios de insomnio o incluso malhumor.

No obstante, cuando se toma finalmente una decisión concreta, la persona más racional se sentirá motivada, convencida y defenderá firmemente su elección.

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Tomar decisiones con el “corazón”

Antes de describir las características de las personas que deciden de acuerdo a motivaciones más emocionales, es importante aclarar un aspecto.

En un momento dado la mayoría de nosotros podemos decidir algo de forma más impulsiva o más analítica en función siempre del problema de partida.

Sin embargo, durante este tipo de encrucijadas vitales, nuestro cerebro social y emocional ya sabrá de antemano lo que quiere, y la intuición es la primera en salir a la luz.

Ahora bien, tras esa primera “sensación” o esa primera “respuesta”, es común que mucha gente quiera proceder a meditar o a desmenuzar más opciones de forma más lógica, más pausada.

Lee también: las carencias emocionales: falta de alimento para tu alma”

Características de quienes deciden con el corazón

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Quien decide con el corazón no lo hace de forma precipitada.

En realidad, son personas habituadas a practicar esa inteligencia emocional donde saber siempre sacar conclusiones de la propia experiencia, atender la autoestima y cultivar de forma adecuada el autoconocimiento.

  • Cuando alguien se conoce bien a sí mismo, sabe muy bien qué quiere y qué no quiere en su vida.
  • Tienen plena confianza en su intuición. Sin embargo, son conscientes de que, a veces, falla. Aun así, entienden que la vida es arriesgar, y que es peor quedarse con las ganas de haberlo intentado.
  • Son personas que no temen equivocarse, que saben que vivir es aprender, asumir errores y sacar conclusiones de ellos.

A su vez, practican esa apertura experiencial donde recibir múltiples estímulos, donde intentar siempre aprender de todo y todos para ser un poco más sabio cada día.

  • A instantes son impulsivos, pero esa impulsividad se guía siempre por una plena confianza en ellos mismos. No obstante, esto es algo que las personas que les rodean a veces no entienden.

Descubre cuatro trucos para ser más felices

Para concluir diremos que no hay que tener miedo de escuchar a la intuición. Es un modo de conectar con nuestras esencias, con el propio corazón.

Nunca está de más escucharlo como merece para, después, pasar esa decisión por el filtro de la lógica si así lo deseamos.

Al fin y al cabo no se trata de tener éxito en todas las decisiones que tomamos, se trata de tomar la decisión que nos haga más felices. 

 

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