Toracostomía con tubo: preparación del paciente

La toracostomía con tubo es una técnica médica empleada para drenar el contenido de la cavidad pleural. Puede aspirarse líquido pleural, aire o sangre.

Por norma general, la toracostomía es un término médico que se refiere a un procedimiento que puede llegar a salvar la vida de un paciente. En ella, se drena aire, sangre u otros fluidos que se encuentren en la cavidad pleural del individuo.

Asimismo, la pleura es un conjunto de capas que envuelven y protegen a los pulmones. También posee un líquido lubricante que reduce la fricción entre las capas en los movimientos de expansión y compresión de estos órganos.

De cualquier manera, existen numerosas condiciones médicas en las que este espacio puede almacenar de manera anormal aire u otros compuestos. Así, se alteran las funciones habituales que realiza el sistema respiratorio.

En este caso, el procedimiento se basa en la utilización de un tubo o sonda pleural para drenar la cavidad. Sin embargo, existen otras técnicas de toracostomía que implican el uso de una aguja para liberar el espacio torácico.

¿En qué condiciones se realiza?

Actualmente, el equipo médico ha sido capaz de identificar una serie de afecciones que pueden resolverse empleando esta técnica. Entre ellas podríamos destacar:

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¿Se necesita una preparación previa?

Operación quirúrgica.

Al igual que en otras intervenciones, se deberá informar al equipo médico de las enfermedades que padezca el paciente. Asimismo, se deberán comentar los medicamentos que toma con regularidad y cualquier dato que pueda ser de gran importancia médica. Por ejemplo, si el sujeto piensa que podría estar embarazada, si se encuentra en el periodo de lactancia etc.

También es importante comunicar a los especialistas cualquier alergia. Tanto de un medicamento como de un material puesto que puede formar parte del instrumental quirúrgico a usar.

Normalmente, se identifica la localización de la afección con ayuda de métodos de obtención de imágenes internas. Es el caso de las radiografías, las ecografías o los TAC (Tomografía Axial Computarizada) de la región torácica.

De manera usual, los pacientes suelen permanecer despiertos durante la toracostomía con sonda pleural. Sin embargo, existen casos clínicos en los que la técnica se lleva a cabo junto a otros procedimientos a tórax abiertos. En estas condiciones, el paciente se encuentra anestesiado para evitar las fuertes molestias.

Si el paciente es un niño o un joven, es posible que el equipo médico recomiende el uso de un sedante suave para minimizar los dolores. De esta manera, los individuos sienten una ligera somnolencia durante el proceso.

Como en otras ocasiones, los especialistas desinfectarán la zona donde se lleve a cabo el procedimiento. También inyectarán un anestésico local con ayuda de una aguja.

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Después de la intervención

Tras realizar la toracostomía con éxito, los expertos mantendrán sujeta la sonda pleural con ayuda de una costura y una gasa esterilizada. El paciente suele permanecer de costado durante toda la cirugía.

Más tarde, el sujeto debe ser supervisado en todo momento dentro de un centro especializado como un hospital. De esta manera, se pueden comprobar las constantes vitales del paciente y revisar la evolución del mismo. Por norma general, el individuo podrá ventilar con más facilidad a partir de la introducción de la sonda pleural.

Por otra parte, los especialistas podrán revisar la presencia de complicaciones derivadas de la técnica. La entrada de aire en la cavidad pleural o neumotórax ,por ejemplo, u otras alteraciones del sistema respiratorio. También podrán comprobar la firmeza o la sujeción del tubo al tórax del sujeto.

Es posible que después de la intervención se presenten molestias que dificulten la respiración normal. Sin embargo, el equipo médico podrá administrar medicamentos si es necesario y le comunicará cuándo puede variar la posición.

Finalmente, el médico correspondiente decidirá en qué momento se debe extraer la sonda pleural. En este momento, se le indicará al paciente cómo debe respirar para sacar el tubo con facilidad. Normalmente, el proceso no conlleva molestias y no se suelen necesitar calmantes en este paso.

Tras retirar por completo la sonda se colocará una venda limpia sobre la incisión. Por otra parte, se le informará al paciente sobre cómo debe cambiarse la venda y con cuánta frecuencia. El resultado final suele ser una cicatriz de tamaño reducido sobre el área del corte.