Tos ferina: causas, síntomas y tratamiento

Daniela Castro 23 diciembre, 2017
Los síntomas iniciales de la tos ferina son similares a los de un resfriado común. Sin embargo, a las pocas semanas empeoran llamativamente, por lo que si no se trata puede correr peligro la vida del paciente.

La tos ferina, también conocida como tos convulsiva o coqueluche, es una enfermedad contagiosa grave de las vías respiratorias altas producida por la bacteria gramnegativa Bordetella pertussis.

Su síntoma principal es una tos violenta e incontrolable con sensación de asfixia que,  a su vez, se acompaña con un sonido convulsivo profundo cuando el enfermo intenta respirar. Algunas veces, cuando la crisis de tos es demasiado fuerte, el paciente puede vomitar por el esfuerzo realizado. La afección es común en lactantes y niños que no han completado su esquema de vacunación, aunque también afecta a adolescentes y adultos que no han sido vacunados o que perdieron la inmunidad.

Causas de la tos ferina

Causas de la tos ferina

La causa de la tos ferina es Bordetella pertussis, bacteria que puede ingresar al organismo por el contacto con aerosoles nasofaríngeos (pequeñas gotas de saliva que se expulsan al hablar, estornudar o toser) de una persona infectada.

Las probabilidades de contagio al estar cerca de una persona enferma superan el 90%. Una vez se produce la infección, puede permanecer por 6 e incluso 10 meses en el huésped. 

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Factores de riesgo

Aunque la tos ferina afecta a todas las personas, los bebés y niños son los principales afectados. Para obtener inmunidad frente a este microorganismo hemos de haber recibido por lo menos tres dosis de vacuna.

Los adolescentes y adultos tienen altas probabilidades de contraer la enfermedad cuando están en contacto con otra persona infectada. Si bien la vacuna que se recibe en la infancia brinda cierto nivel de inmunidad, su efecto se pierde con el paso del tiempo.

Síntomas de la tos ferina

mujer con gripe

Los síntomas de la tos ferina comienzan a presentarse de 7 a 10 días después de la exposición a la bacteria. En sus etapas iniciales son leves y pueden confundirse con un resfriado común. Estos incluyen:

  • Congestión nasal
  • Ojos llorosos y rojos
  • Producción excesiva de flemas o moqueo
  • Tos (inicialmente nocturna, pero se va extendiendo a lo largo del día)
  • Fiebre moderada

Pasadas una o dos semanas, los síntomas comienzan a ser más severos. La mucosidad espesa se acumula en las vías respiratorias y produce una tos fuerte e incontrolable que se caracteriza por generar una respiración forzada. En esta fase de la infección, el paciente puede manifestar:

  • Vómitos (debido al esfuerzo que se hace al toser)
  • Cara enrojecida o azulada
  • Sensación de fatiga crónica
  • Un sonido silbante y chillón agudo al respirar

Cabe mencionar que no todos los pacientes presentan el sonido característico con que se distingue esta enfermedad. A veces, la tos seca persistente es el único signo.

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Diagnóstico

El diagnóstico inicial de la tos ferina está basado en el análisis de los síntomas. Sin embargo, cuando las manifestaciones no son evidentes, el médico se ve en la obligación de realizar otro tipo de pruebas. 

Para confirmar la infección, el profesional toma una muestra de secreciones nasales o de la garganta para hacer un análisis microbiológico llamado PCR (reacción en cadena de la polimerasa). El tratamiento se suele iniciar antes de que se confirme la enfermedad.

En algunos pacientes se realiza un conteo sanguíneo completo que muestra grandes cantidades de linfocitos. Además, se puede sugerir una radiografía de tórax para determinar si existe una neumonía asociada.

Tratamiento

Controla el uso prolongado de antibióticos

La tos ferina es una infección bacteriana y, por ende, el tratamiento con antibióticos es una de las primeras medidas para controlarlo. No obstante, estos funcionan de forma eficaz solo en las etapas iniciales, si la infección está muy avanzada no serán tan efectivos. Los más utilizados son los del grupo de los macrólidos. Destacan:

  • Azitromicina
  • Claritromicina
  • Eritromicina.

Adicionalmente, se pueden requerir ciertas medidas para facilitar la función respiratoria del paciente mientras el antibiótico comienza a ejercer su acción. En estos se incluye:

  • Tratamiento con oxígeno
  • Líquidos por vía intravenosa (en caso que la tos sea un impedimento para que la persona beba lo suficiente)
  • Sedantes (recomendados para los niños)

No se recomienda el uso de remedios convencionales como los jarabes para la tos, expectorantes o  antitusivos porque, en estos casos, no sirven de nada.

Posibles complicaciones

  • Neumonía
  • Convulsiones
  • Trastorno convulsivo (permanente)
  • Hemorragia nasal
  • Infecciones del oído
  • Daño cerebral por falta de oxígeno
  • Hernias abdominales
  • Vasos sanguíneos rotos en la piel
  • Discapacidad intelectual
  • Detención de la respiración o respiración lenta (apnea)
  • Muerte

Cualquier manifestación de la enfermedad debe ser analizada por el médico. Si tiene sospechas, consulte cuanto antes sin automedicarse.

Bibliografía

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