Trabaja para vivir, no vivas para trabajar

Este artículo fue redactado y avalado por Valeria Sabater
· 24 diciembre, 2018
Se dice que si tenemos un trabajo que nos gusta no tenemos que trabajar nunca. Aprende más sobre cómo afecta tu salud el trabajo que haces cada día.

A menudo, suele decirse aquello de que deberíamos encontrar un trabajo que nos guste de verdad, porque solo entonces, no tendríamos que trabajar ni un solo día.

Sabemos que algo así no es precisamente fácil, puesto que, para poder vivir, en ocasiones, muchas personas se ven obligadas a tener que llevar a cabo un trabajo que no se ajusta a sus gustos o a sus valores.

No obstante, esto no debería ser así. Si hemos de pasar gran parte de nuestras vidas en un entorno que nos es hostil y que vulnera nuestros principios, tarde o temprano acabará afectando a nuestra salud emocional y, en consecuencia, también a la física. La vida es demasiado corta para tener el trabajo equivocado.

Por ello, en la medida que nos fuera posible, deberíamos poder desempeñar una actividad que, más o menos, se ajustara a nuestro talento y, ante todo, a esa satisfacción que uno encuentra haciendo algo por lo que se siente útil, por lo que se siente bien. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Tiempo para trabajar y tiempo para vivir

Tiempo para trabajar y tiempo para vivir

Si conoces «la teoría de los tres ochos» ya sabrás, sin duda, que lo ideal sería disponer de una jornada de trabajo de 8 horas que nos permitiera, a su vez, disponer de 8 horas de ocio y 8 horas para descansar o dormir.

También sabemos que esta proporción no siempre se cumple. Que están las horas extra y, cómo no, el tiempo que perdemos en desplazamientos o en esas jornadas partidas que nos hacen perder, en ocasiones, unas horas valiosas.

Los expertos en psicología del trabajo suelen distinguir 3 tipos de perfiles a la hora de afrontar el trabajo y los complejos contextos que nos envuelven. Serían los siguientes.

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1. Los que odian su trabajo

Si odias trabajar, puedes sufrir de estrés

En este primera dimensión están aquellas personas que, por las circunstancias que sean, han llegado a un punto en que odian su trabajo.

Esto puede ocurrir cuando aparecen factores como una mala dirección que no valora a los trabajadores y que los «explota». También, en ocasiones, determinados entornos donde la competitividad o la presión de determinados compañeros provocan que vayamos al trabajo con disgusto, estrés e incomodidad.

2. Los que cumplen con su trabajo

En esta parte está, sin duda, la gran mayoría de la población. Trabajar es, al fin y al cabo, una necesidad y una obligación. Por tanto, intentamos hacerlo lo mejor posible.

No obstante, caemos en cierta resignación donde no se deja nunca de soñar con conseguir una vida mejor o que nos toque la lotería. Sin existir un malestar incisivo y casi destructivo como en el caso anterior, en ocasiones, debido a la rutina o incluso en la falta de una alta motivación, las personas van perdiendo su energía vital.

Poco a poco caemos en la deriva de la apatía y en una rutina tan asfixiante. Allí puede aparecer el estrés y la ansiedad porque no hay satisfacción personal. Porque hay una disonancia interna.

El trabajo llega a ser al final un trámite. No es algo que nos define y que nos hace sentirnos útiles u orgullosos de nosotros mismos. A pesar de que existen muchas diferencias interindividuales, mucha gente puede acabar sufriendo depresiones por estas causas.

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3. Los que aman lo que hacen

Trabajar amando lo que haces

En este colectivo están quienes han hallado un propósito vital que les define y que les identifica. Para ellos, trabajar no es una obligación sino su sentido personal.

Con su labor no solo promueven su propia satisfacción sino que también mejoran la calidad de vida de los demás. Las personas que trabajan en aquello que aman. Han tenido, ante todo, la suerte de encontrar un medio o un contexto que valore sus capacidades, trabajan por vocación.

La palabra vocación procede del latín y significa «una llamada que viene desde nuestro interior para poner nuestra voz en acción». Esta dimensión es un aspecto que todos deberíamos descubrir y encontrar los medios para poder llevarlo a cabo.

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Los knowmads, los trabajadores del futuro

En esta sociedad cambiante y cada vez más compleja, ha surgido un nuevo perfil laboral tan interesante como útil. Se les conoce como knowmads y reúnen las siguientes características:

  • El knowmad puede ser una persona joven o madura. Esta sabe que tiene unas habilidades que pueden ser de utilidad a los demás y desea transmitirlas.
  • Entiende que su trabajo debe ser su pasión, pero lo lleva a cabo de forma independiente, sin tener un estamento o una dirección encima de él.
  • Le gusta la gente y «conectar» con ella, ya sea personalmente o a través de las nuevas tecnologías. En este medio suele ser idóneo para desarrollar su trabajo.
  • El knowmad valora su libertad, transforma la información en conocimiento y es versátil. Aprende continuamente, es inquieto y no teme al fracaso, porque lo considera también un modo de aprendizaje.

Un enfoque interesante que nos enseña, ante todo, a buscar nuevas posibilidades de empleo. Debemos trabajar en un contexto complejo donde lo que se pretende es, ante todo, trabajar para ser felices.