Trasplante de médula ósea

El objetivo del trasplante de médula ósea es sustituir los progenitores hematopoyéticos malignos del paciente por unos nuevos, deteniendo de este modo la enfermedad que estuviesen ocasionando.

El trasplante de médula ósea es un tratamiento utilizado en pacientes con algunas enfermedades hematológicas. Es un tratamiento agresivo pero es eficaz para combatir enfermedades malignas como las leucemias.

Consiste en trasplantar las células de la médula ósea (células madre) de un paciente sano a un paciente con las células sanguíneas alteradas. De esta forma, las células madre del donante pueden dar lugar a células sanguíneas sanas en el enfermo.

 ¿Qué es el trasplante de médula ósea?

Aunque coloquialmente se habla de trasplante de médula ósea, en realidad lo que se trasplanta son las células madre que se encuentran en ella. La médula ósea es un tejido esponjoso localizado en el interior de los huesos planos, como el esternón o los huesos del cráneo.

En ella se encuentran las células madre a partir de las cuales se sintetizan todas las células sanguíneas mediante un proceso conocido como hematopoyesis. Estas células madre también se llaman progenitores hematopoyéticos. Por eso, el nombre técnico para llamar al trasplante de médula ósea es trasplante de progenitores hematopoyéticos (TPH).

La hematopoyesis consta de distintas fases. Cuando alguna de estas se altera debido a una mutación o a cualquier otra causa, las células sanguíneas serán anómalas y pueden no desarrollar bien su función. Algunos ejemplos de estas enfermedades son las leucemias, los linfomas y algunos tipos de anemias.

También puede haber alguna alteración de la médula ósea, como es el caso de la mielofibrosis, en la que el tejido hematopoyético es sustituido por tejido fibroso; o en la aplasia medular.

Ver también: Cómo prevenir problemas óseos

Tipos de trasplante de médula ósea

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En función del donante distinguimos tres tipos de trasplante:

  • Singénico: el donante es un gemelo univitelino del paciente, con material genético idéntico. Es el preferible, pero sólo una minoría de pacientes tienen esta opción.
  • Alogénico: los progenitores hematopoyéticos proceden de otra persona que puede estar emparentada o no con el receptor. Es preferible un donante emparentado, ya que es más probable que sean compatibles. Aun así, la probabilidad de ser compatible con un hermano para un trasplante de médula ósea es del 25%.
  • Autólogo: en este caso los progenitores son del mismo paciente. El problema de esta técnica es que no es posible en todos los pacientes, ya que la enfermedad puede afectar a toda la médula ósea.

Procedimiento

El trasplante de médula ósea es un procedimiento complejo y hay que tener en cuenta muchos factores. Para empezar, hay que elegir a un donante que sea compatible para evitar rechazos.

Además, antes de proceder al trasplante hay que destruir los progenitores hematopoyéticos del receptor, ya que son la causa de la enfermedad que padece. Esta fase se llama acondicionamiento y debilita mucho las defensas, ya que además de las células de la sangre, en la hematopoyesis también se sintetizan las células del sistema inmune.

Elección del donante

Elección del donante

Al igual que para las transfusiones de sangre hay que tener en cuenta el grupo sanguíneo, en el trasplante de médula ósea hay que comprobar que el donante y el receptor sean compatibles. En este caso no se mira el grupo sanguíneo sino el sistema HLA.

Las moléculas HLA son unas proteínas de membrana presentes en todas nuestras células. Estas proteínas permiten que el sistema inmune reconozca las células del cuerpo y no las destruya. El trasplante de médula ósea permite que el receptor sintetice de forma correcta las células sanguíneas e inmunes, con las características que tenían en el donante.

Por eso, si el sistema HLA es distinto, las células inmunes nuevas no reconocerán las células del receptor y pueden atacarlas. Esta complicación es la causa más característica de mortalidad en este tratamiento, se denomina Enfermedad de Injerto contra Huésped (EICH). 

Otra posibilidad es que las células del donante no lleguen a asentarse en la médula ósea al no haber compatibilidad, en este caso se habla de fallo del injerto.

Por esta razón, la primera elección es el trasplante singénico siempre que sea posible.El siguiente paso es el trasplante autólogo, aunque ya hemos dicho que en muchos pacientes no se puede realizar. Cuando se han descartado estas dos posibilidades o ha habido una recaída, se utiliza el trasplante alogénico.

Lee también: Qué son realmente las células madre y para qué sirven

Acondicionamiento

El acondicionamiento es un procedimiento en el que se destruye el sistema hematopoyético del receptor para eliminar el clon maligno que está produciendo la enfermedad. 

Esta fase es una quimioterapia, se utilizan medicamentos que destruyen las células madre de la médula ósea. Puede asociarse a radioterapia (aplicar radiación para destruir las células).

Esta fase debilita mucho al paciente, ya que destruye las células del sistema inmune. Por ello, una de las complicaciones de este tratamiento son las infecciones que sufren este tipo de pacientes. Entre las más comunes se encuentran la aspergilosisla candidiasis y la infección por citomegalovirus.

Extracción de células madre y trasplante de médula ósea

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Para obtener los progenitores hematopoyéticos se seguirán distintos procedimientos:

Extracción de la médula ósea

Es el método más conocido. Se realiza una punción a nivel lumbar para extraer las células de las crestas ilíacas posteriores. Es un procedimiento que debe llevarse a cabo en quirófano y con anestesia general.

Cabe decir que el objetivo es retirar la práctica totalidad de las células madre hematopoyéticas de este tejido, siendo un procedimiento completamente distinto al que generalmente se sigue cuando donamos médula, donde no se requiere anestesia al ser completamente indoloro.

Obtención de progenitores hematopoyéticos de la sangre periférica

Hemos dicho que las células madre hematopoyéticas se encuentran en el interior de los huesos planos, por lo que primero tenemos que hacer que salgan a la sangre. Esto se consigue administrando factores que estimulan la hematopoyesis, para que esta aumente y las células salgan a la sangre.

El factor que se utiliza es el factor estimulante granulopoyético o G-CSF. Una vez administrado, las células se extraen mediante aféresis. Este proceso consiste en tomar una vía venosa en el donante, de forma que se extrae la sangre y se filtra en una máquina de recolección.

Esta máquina selecciona las células progenitoras que necesitamos para el trasplante y el resto vuelven a infundirse al donante. Es un procedimiento sencillo y poco peligroso, por eso es preferible al resto de métodos.

El problema es que al estimular la hematopoyesis aumenta la producción de linfocitos (células inmunes), por lo que aumenta las probabilidades de desarrollar una enfermedad de injerto contra el huésped.

Obtención de células del cordón umbilical

Es una buena opción ya que estas células son inmaduras y no expresan todas las moléculas HLA, lo que disminuye la posibilidad de incompatibilidad. La principal limitación de esta técnica es que en el cordón umbilical las células son escasas.

Alicia

Estudiante de Medicina. La cultura es aquello que queda cuando todo lo demás se va, así que vamos a cultivarla.

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