Trastorno por excoriación: todo lo que debes saber

15 julio, 2018
El trastorno por excoriación genera la necesidad irrefrenable de rascarse la piel, hasta llegar a hacerse llamativas heridas, como forma de descargar el estrés y la ansiedad.

El trastorno por excoriación se caracteriza porque la persona que lo padece tiene la necesidad incontrolable de rascarse o pellizcarse la piel, provocándose lesiones en ella.

En qué consiste el trastorno por excoriación

El trastorno por excoriación, también llamado dermatilomanía, es un padecimiento crónico, englobado dentro de la categoría del trastorno obsesivo-compulsivo. Se caracteriza por una necesidad irrefrenable de rascar, frotar, apretar, excavar o morder la piel, produciéndose lesiones en ella de menor o mayor gravedad.

En ocasiones se pellizcan o se rascan lesiones cutáneas ya existentes y en otras se ataca a la piel sana. Este tipo de trastorno afecta más a mujeres que a hombres y suele aparecer en la adolescencia.

Normalmente, la persona que padece este tipo de trastorno no es consciente de cuando se rasca ya que lo hace de forma automática. Sin embargo, en otros casos la persona puede tener más consciencia de la actividad, pero aun así no poder evitar hacerlo.

Como ya se ha mencionado, este tipo de trastorno suele ser crónico, pero pueden darse etapas en las que es más acusado y otras en las que se disminuye la sintomatología. Así mismo, algunos sujetos localizan las lesiones en un área del cuerpo concreta y otras lo hacen de forma más generalizada.

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Causas

El trastorno por excoriación está íntimamente relacionado con problemas psicológicos y situaciones de estrés o ansiedad, en las que este tipo de conducta produce cierta sensación de relajación o satisfacción.

Persona con mucho estrés.

A diferencia de otros tipos de trastornos, este no está vinculado a obsesiones o inseguridades con la propia apariencia, que hacen que la persona se lesione la piel de manera deliberada. También presenta diferencias con el trastorno obsesivo compulsivo, en el que también se pueden producir lesiones de este tipo, pero están motivadas por la creencia de contaminación en la piel.

En el caso del trastorno por excoriación lo que se busca es la sensación de placer. Diversos estudios han demostrado el efecto ansiolítico de esta conducta de rascarse compulsivamente la piel. Uno de los fenómenos que explican este comportamiento es la liberación de dopamina cuando se lleva a cabo la actividad, activándose los centros de recompensa del cerebro.

Criterios diagnósticos

Aunque el efecto físico de la patología es evidente, al aparecer daños evidentes en la piel de mayor o menor grado. Existen ciertos criterios que ayudan al diagnóstico, a fin de descartar otro tipo de afecciones. Dichos criterios son:

  • Dañarse la piel de forma recurrente, produciéndose lesiones evidentes
  • Intentos repetidos de dejar dicho habito, sin éxito en la mayoría de los casos
  • Trasladar las lesiones a otras áreas del cuerpo, dándole tiempo a sanar a la zona afectada
  • El hábito causa problemas en el ámbito social o laboral de la persona afectada
  • Los pacientes suelen sentir vergüenza y remordimientos y evitan que nadie vea sus lesiones
  • Se descartan otro tipo de patologías que podrían explicar la sintomatología, como sarna o dermatitis
  • Se descartan otros trastornos mentales que puedan explicar dicho comportamiento (enfermedades mentales, adiciones a drogas…)

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 Tratamiento

Al tratarse de un trastorno psicológico, el tratamiento que se emplea consiste fundamentalmente en psicoterapia a fin de corregir o tratar las causas que provoquen la ansiedad que lleva al individuo a tomar el hábito de excoriarse la piel.

Terapia para superar la ruptura.

Por su puesto, uno de los primeros pasos del tratamiento pasará por acudir a un dermatólogo que evalué y trate las lesiones cutáneas formadas. Dependiendo de la gravedad del cuadro, pueden existir pústulas o infecciones que han de ser curadas. A continuación, la terapia que se aplicará será de tipo psicológico, aquí, algunos de los tratamientos que pueden llevarse a cabo son:

  • Terapia psicológica que ayude a cambiar los pensamientos y emociones de la persona afectada, aprendiendo a cambiar de comportamientos.
  • Aprender y adoptar técnicas que ayuden a manejar el estrés.
  • Terapia cognitivo-conductual, que enseñará al sujeto a controlar sus emociones y llevan un mayor autocontrol sobre su conducta.
  • Tratamientos farmacológicos con ansiolíticos, antidepresivos o antipsicóticos, que dependiendo de la persona afectada pueden ayudar en mayor o menor medida.
  • En ocasiones, puede ser de utilidad el uso de guantes, al menos como medida inicial para controlar el trastorno, hasta que la persona aprenda a controlar el hábito.

No obstante, en la actualidad no está completamente estudiado este tipo de trastorno, existiendo muchas incógnitas sobre él, como el porcentaje de personas a las que afecta o el factor genético implicado en su aparición.

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