Trastornos por consumo de opiáceos

21 julio, 2018
Los trastornos por consumo de opiáceos se caracterizan por una serie de manifestaciones clínicas que ayudan a diagnosticarlos con más facilidad. A continuación se explican las características principales de estos trastornos.

Los trastornos por consumo de opiáceos eran, hasta los años 90, las intoxicaciones de drogas de abuso más frecuentes. Su consumo es un factor de riesgo asociado a la muerte accidental por intoxicación aguda o intoxicación mixta.

Los opiáceos incluyen sustancias naturales, semisintéticas y sintéticas. Entre las naturales se encuentran el opio y la morfina, entre otras. En cuanto a las semisintéticas podemos destacar la heroína y la hidromorfina. Por último, la metadona y la meperidina las podemos clasificar como opiáceos sintéticos.

De todas estas sustancias, la heroína es la más consumida. Por ello, los consumidores de opiáceos se pueden dividir en los adictos a la heroína y los abusadores opiáceos por prescripción o “adictos médicos”. Estos últimos suelen ser pacientes con dolor o profesionales de la salud que tienen acceso a las medicaciones.

Mecanismo de toxicidad de los opiáceos

Los trastornos por consumo de opiáceos se desencadenan gracias a la capacidad que tienen estas sustancias para interaccionar con los receptores μ, δ y κ.

Sin embargo, son los efectos agonistas sobre el receptor μ el factor predominante en el desarrollo de los trastornos. Además, la sobredosis por opiáceos puede conducir a la muerte por un efecto letal. Esto se debe a su acción directa sobre el centro respiratorio, que se caracteriza por depresión respiratoria y muerte.

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Manifestaciones clínicas

Los trastornos por consumo de opiáceos se caracterizan por una serie de manifestaciones clínicas que pueden ayudar al diagnóstico. La triada característica de síntomas es:

  • Pupilas puntiformes: este síntoma en concreto permite diferenciar una intoxicación por opiáceos frente a otra sustancia.
  • Depresión respiratoria: es un trastorno respiratorio caracterizado por una respiración lenta e ineficaz.
  • Coma.

A pesar de que esos son los síntomas más característicos, también pueden aparecer efectos analgésicos, así como estreñimiento, sudor o disminución de la libido en el uso crónico de opiáceos.

Por otro lado, también se pueden dar una serie de complicaciones. La hipoxia prolongada, acidosis respiratoria, rabdomiólisis (da lugar a necrosis muscular) y la hipotermia (por la depresión central) son ejemplos de las complicaciones que pueden aparecer en los trastornos por consumo de opiáceos.

Diagnóstico y tratamiento

Un buen diagnóstico de la intoxicación por opiáceos se realiza a partir de las manifestaciones clínicas anteriormente descritas además de por una determinación analítica. Esta técnica se lleva a cabo mediante inmunoensayo o cromatografía.

Otro método de diagnóstico es el diagnóstico diferencial. Consiste en tratar a los individuos con un antídoto, la naloxona, y observar si revierte o no el cuadro de la intoxicación.

Este antídoto también sirve como tratamiento de la intoxicación por opiáceos. Es un antagonista de los receptores opioides muy potente y eficaz. Revierte los efectos de forma rápida, tarda entre 3 y 4 minutos en revertir la triada característica. Hay situaciones que requieren una administración de dosis repetida por su corta semivida.

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Trastornos por consumo de opiáceos: farmacodepencia

El consumo crónico de opiáceos produce un cuadro de farmacodependencia que se caracteriza por:

  • Compulsión a seguir tomando la droga.
  • Tolerancia: es la capacidad que tiene nuestro organismo para resistir y aceptar la administración de ciertas sustancias teniendo que aumentar la dosis de las mismas para conseguir los mismos efectos que al principio.
  • Riesgo de sobredosis asociada.
  • Patologías orgánicas asociadas (relacionadas con la vía de administración: por compartir jeringuillas, infecciones como hepatitis o SIDA).
  • Dependencia física: esta dependencia desencadena la aparición del síndrome de abstinencia que, aunque no supone un riesgo vital para el individuo, es desagradable. Puede durar desde semanas, en su fase aguda a meses en su fase tardía.

Tratamiento del síndrome de abstinencia por opiáceos

Para la desintoxicación se utiliza metadona, que es un agonista opiáceo sintético. Se puede administrar por vía oral evitando así las patologías asociadas, y presenta una semivida más larga que la morfina y la heroína. Este hecho hace que se mantengan los niveles de opiáceos en el tiempo.

En función de las dosis que el individuo estuviera tomando de droga, se le calcula la cantidad de metadona a administrar. Con el fin de evitar la sobredosis, se dan tarros diarios equivalentes a las dosis de un día. Estas dosis se van reduciendo de forma progresiva hasta su final supresión.

Después de la desintoxicación, se produce un periodo de deshabituación. En este tiempo, el riesgo de recaía es muy elevado y es cuando se pretende la reinserción social del drogadicto.

María Vijande

Estudiante de Farmacia y curiosa a tiempo completo. Lectora, música y deportista a tiempo parcial. Y ya, que definir es limitar!

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