Trastornos somatomorfos: todo lo que debes saber

Los trastornos somatomorfos son sumamente frecuentes. Entre el 25% y el 75% de las personas que acuden al médico no están enfermas orgánicamente.

Con el nombre de trastornos somatomorfos se conoce a un grupo de enfermedades cuya principal característica es la ausencia de lesiones o disfunciones físicas. En otras palabras, el paciente se percibe como enfermo, pero no hay evidencias biológicas de que lo esté.

La denominación de trastornos somatomorfos es relativamente nueva. Antes se consideraban por separado las afecciones que respondían a estas características. No ha sido fácil clasificar todo en un solo grupo, dada la dificultad de llegar a un diagnóstico.

Los trastornos somatomorfos son bastante frecuentes. No es posible determinarlo con exactitud, pero se estima que entre un 25% y un 75% de las consultas médicas se deben a estos. Sin embargo, solo un 5% logran ser diagnosticados con este trastorno.

Qué son los trastornos somatomorfos

La característica principal de los trastornos somatomorfos es que quienes los padecen experimentan una serie de síntomas físicos, que serían indicativos de una enfermedad. Sin embargo, desde el punto de vista orgánico, tal enfermedad no existe.

Los síntomas físicos están acompañados por un enorme caudal de angustia. Al paciente le preocupa su estado de salud y dedica gran cantidad de su tiempo y su atención a esta. Todo este cuadro afecta el funcionamiento normal de la persona.

Las personas aquejadas por los trastornos somatomorfos no simulan, ni pretenden engañar a los demás de forma intencional. No son conscientes de que su problema es de tipo mental y por eso su angustia frente a la posibilidad de estar enfermos es real.

A veces en verdad los trastornos somatomorfos están acompañados por una enfermedad. Sin embargo, el enfermo sobredimensiona la gravedad de la misma, o continúa preocupado después de la recuperación. Es frecuente que culpen a los médicos de una mala atención.

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Tipos

La diferencia entre los trastornos somatomorfos y las enfermedades psicosomáticas está en que en los primeros no existe una enfermedad física real. En los segundos, en cambio, sí hay un daño orgánico, que obedece a causas psicológicas. Los principales trastornos somatomorfos son:

  • Trastorno dismórfico corporal. Es la presunción errónea de que se tiene un defecto en el aspecto físico. Antes se le llamaba dismorfofobia.
  • Trastorno por somatización. Hay una serie de síntomas físicos que se mantienen en el tiempo y que corresponden a una enfermedad, pero no hay evidencia orgánica de la misma. Usualmente esto comienza antes de los 30 años de edad.
  • Hipocondría. Se interpretan las sensaciones físicas como síntomas de una enfermedad. Los signos orgánicos se exageran y no se atiende a los resultados de pruebas o exámenes médicos.
  • Trastorno de conversión. Hay síntomas o déficits motores o sensoriales que llevan a pensar en la existencia de una enfermedad. Antes se le llamaba neurosis histérica de conversión.
  • Trastorno de dolor. Es la presencia de un dolor intenso que lleva a buscar ayuda médica, sin que se encuentre una causa orgánica para dicho dolor.

Causas y síntomas

El rasgo distintivo de quienes padecen trastornos somatomorfos es la excesiva preocupación por su salud. Convierten a la supuesta enfermedad en el centro de atención y esta absorbe gran parte de su tiempo.

La mayoría de los que padecen este tipo de problemas tienen múltiples síntomas. Sin embargo, algunos presentan solo un síntoma, generalmente muy intenso. Esto se acompaña de pensamientos catastróficos. Crean fantasías que siempre desembocan en tragedias o consecuencias irreparables.

Es usual que los pacientes con trastornos somatomorfos se depriman y se vuelvan dependientes de los demás. Esperan que se les preste gran atención y cuidados. Se enojan si esto no sucede y suelen manifestar inconformidad con el tratamiento que se les da.

Es factible que todo este cuadro sea el resultado de un fuerte deseo de ser cuidado y protegido. Así mismo, la adopción de un papel de “enfermos crónicos” les ayuda a evadir responsabilidades y se convierte en una forma de autocastigo por sentimientos de inferioridad y culpa.

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Diagnóstico y pronóstico

No es nada fácil diagnosticar los trastornos somatomorfos. En general, los médicos toman muchas precauciones antes de determinar que un paciente que dice estar enfermo, en realidad padece un trastorno mental.

Los médicos pueden pensar que las pruebas clínicas no han sido las adecuadas o que los resultados arrojaron unos indicadores erróneos. Así mismo, la presión del paciente y la referencia a la intensidad de los síntomas suelen operar como una cortina de humo que dificulta el diagnóstico.

Lo habitual es que solo se llegue al diagnóstico después de un largo tiempo en el que se formulan y se derriban hipótesis alrededor de enfermedades orgánicas. También es frecuente que el paciente no acepte el diagnóstico y busque otras opiniones médicas.

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