Tratamiento apropiado para las hemorragias del tracto superior

Edith Sánchez 17 julio, 2018
Las hemorragias del tracto superior tienen diversos orígenes, pero en la mayoría de los casos son consecuencia de una o varias úlceras pépticas.

Las hemorragias del tracto superior son pérdidas de sangre ocasionadas por una lesión en el tracto gastrointestinal. Tal lesión está situada por encima del ángulo de Treitz. Este se ubica entre la primera y la segunda sección del intestino delgado.

Se estima que las hemorragias del tracto superior son una de las condiciones más frecuentes en los servicios de urgencia hospitalaria. Hay aproximadamente entre 48 y 160 casos por cada 100.000 habitantes, en el lapso de un año.

El abordaje de las hemorragias del tracto superior debe ser multidisciplinar. Se consideran una emergencia médico-quirúrgica, que debe ser atendida oportuna y coherentemente por el grupo de especialistas.

Generalidades sobre las hemorragias del tracto superior

Lo más frecuente es que las hemorragias del tracto superior se presenten en forma de hematemesis. Este término se refiere a los vómitos que incluyen sangre fresca, coágulos sanguíneos o restos de sangre.

También se habla de hematemesis cuando hay heces con melena, es decir, con presencia de sangre. Su aspecto es negro, brillante y de mal olor. Así mismo hay casos en los que se presenta hematoquecia, o expulsión de sangre roja a través del ano.

Las características de la hemorragia dependen del lugar en donde tengan origen, de su rapidez y de la velocidad del vaciamiento gástrico. Pueden ser microscópicas o macroscópicas.

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Tipos y volumen de la hemorragia

Las hemorragias del tracto superior se originan por diversas enfermedades que afectan al tracto digestivo. En términos generales obedecen a las siguientes causas:

  • Úlcera péptica. Puede ser gástrica o duodenal. Corresponde a entre el 50% y el 75% de los casos.
  • Lesiones agudas de la mucosa gástrica.
  • Várices esofágicas.
  • Hernia hiatal.
  • Cáncer gástrico.
  • Desgarro de la mucosa esofágica.
  • Lesiones vasculares.
  • Aneurismas aórticos arterioescleróticos.
  • Vasulitis.
  • Uremia.

De otro lado, según la magnitud de la hemorragia, esta puede dividirse en cuatro clases:

  • Clase I. Pérdida de menos del 15% del volumen sanguíneo.
  • Clase II. Pérdida de entre el 20-25%. El paciente puede estar sediento y ansioso.
  • Clase III. Pérdida de entre el 30-35%. Puede haber disminución en la producción de orina y confusión mental.
  • Clase IV. Pérdida del 40-50%. No hay producción de orina, se presenta letargia y a veces coma.

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Las cuatro fases del tratamiento

El tratamiento de las hemorragias del tracto superior comienza con una evaluación inicial. Esta se orienta hacia tres objetivos: 1) Confirmar que hay presencia de hemorragia; 2) Evaluar cuál es la magnitud del sangrado; y 3) Verificar si la hemorragia está o no activa. Tras esta revisión inicial se da inicio a las cuatro fases del tratamiento, según se requiera. Estas son:

  • Reanimación. Comprenden el diagnóstico y medidas básicas como: instalación precoz de una sonda nasogástrica, lavado gástrico, intubación endotraqueal si se requiere, administración de oxígeno, exámenes auxiliares, etc.
  • Endoscopia diagnóstica. Permite determinar, con alto nivel de fiabilidad, la causa de las hemorragias del tracto superior. Es fundamental para determinar los pasos a seguir.
  • Terapéutica médica y endoscópica. Comprende la administración de medicamentos o la realización de procedimientos mediante el endoscopio para detener el sangrado.
  • Tratamiento quirúrgico. Es la medida a aplicar en los casos más graves. Las cirugías más comunes son gastrectomía, vagotomía, piloroplastia, introducción de sonda de Sengstaken o de Linton, sutura y otras.

Procedimientos endoscópicos

Las intervenciones más empleadas para manejar las hemorragias del tracto superior son los procedimientos endoscópicos. Estos son básicamente de cuatro tipos: métodos sin contacto con los tejidos, inyección endoscópica, electrocoagulación y sonda térmica. Veamos cada uno de esos métodos:

  • Métodos sin contacto directo con los tejidos. Comprenden fotocoagulación con láser, electrohidrotermosonda y pulverización endoscópica.
  • Técnica de inyección endoscópica. Es la administración de agentes esclerosantes. Estos generan una reacción inflamatoria en el vaso sanguíneo e inducen un sellamiento de la lesión.
  • Electrocoagulación. En este método se hace fluir corriente a través de un electrodo que está conectado a la lesión que sangra. La corriente se transforma en calor e incide para que se produzca la coagulación.
  • Sonda térmica. Es un dispositivo que se introduce para que transmita calor al punto donde está la lesión y facilite la coagulación. Es el método más efectivo y menos lesivo.

Sea cual sea el procedimiento empleado, se consideran pacientes de alto riesgo las personas mayores de 60 años, quienes tienen enfermedades concurrentes importantes y aquellos que han recibido varias transfusiones sanguíneas.

Bibliografía

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